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ECONOMÍA

La propiedad de la tierra

La función social de la tierra no es producir sustento para su propietario, sino para la sociedad. Salvo en una economía de mera subsistencia, quien produce maíz o algodón no lo hace porque coma mucho maíz o use mucho algodón. Tampoco para crear fuentes de trabajo o ingresos fiscales.

La función social de la tierra no es producir sustento para su propietario, sino para la sociedad. Salvo en una economía de mera subsistencia, quien produce maíz o algodón no lo hace porque coma mucho maíz o use mucho algodón. Tampoco para crear fuentes de trabajo o ingresos fiscales.
Campo de trigo.
El patrón de tenencia de tierra (su distribución) es importante, pues de ello también depende su aporte al bienestar social. Es muy humano que, cuando la tierra no pertenece a nadie, su manejo y cuidado se deteriore y termine abandonada. Los ejemplos abundan.
 
El beneficio del dueño depende de lo bien que sirva a la sociedad y de si los incentivos son efectivos. Si el dueño de la tierra no es eficiente en la producción termina perdiéndola, y aquélla cambia de propietario. La quiebra es el despiadado castigo que el mercado aplica al dueño que dilapida los recursos. Si la propiedad es privada las pérdidas las sufre el patrimonio del dueño y no el social, como sucede con las empresas estatales. Si bien el incentivo de obtener utilidades de la explotación de la tierra es importante, el temor a perderla, aun cuando haya sido heredada, es quizá el más fuerte incentivo para maximizar el aporte de la tierra al bienestar social.
 
Las necesidades de la población son ordenadas según sus prioridades, porque los recursos siempre son limitados. La gente no quiere cantidades ilimitadas de maíz, por ejemplo, porque tendría que sacrificar otras cosas. Es en atención a ese ordenamiento que la gente, actuando libremente y de acuerdo con sus posibilidades y prioridades, dispone qué y cuánto de cada cosa deben incorporar los demás al proceso productivo.
 
Plantación de tulipanes en Trevelin (Patagonia argentina).A quienes no han estudiado con detenimiento los mecanismos que coordinan el mercado éste les parece caótico, porque carece de dictador y de organigrama. Pero quien manda siempre es el consumidor, y quien obedece los mandatos es el empresario, el cual, en busca del éxito personal, se esfuerza en satisfacer a aquél. De un sinfín de factores se deriva un patrón de tenencia de recursos, incluyendo la tierra.
 
La tierra que en un momento dado está en uso produce lo que la gente está dispuesta a, y puede, comprar. Si se produce más se desperdician tanto su producto como los recursos complementarios que se utilizaron. Llamar "ociosos" a recursos que no se están explotando distorsiona la perspectiva, pues están en reserva, esperando el momento económico en que convenga incorporarlos a la producción, compitiendo con otras actividades productivas por los recursos complementarios. La comparación de su rentabilidad con la de otras actividades productivas determinará su precio y, consecuentemente, el momento adecuado para incorporarlo a la producción. El orden del mercado no es caprichoso.
 
La posesión de la tierra no es gratis. Quien no vende su tierra, en efecto, está rechazando el dinero que podría recibir por su venta. Es así que el patrón de tenencia es evolutivo, tendiendo a su continua óptima distribución, como si estuviese en continua subasta. Por ello es que con el tiempo pierde importancia la forma de su distribución inicial, por injusta que se considere. La tierra en reserva tiene un costo de oportunidad que alguien tiene que absorber, y ese costo también aumenta cuando sube el precio.
 
Esa pérdida la absorbe toda la sociedad cuando no es propiedad privada. Si es privada y la eventual plusvalía no excede el costo de oportunidad de tenerla, se ofrece en el mercado. El mercado redistribuye todos los días sin requerir la intervención de la pesada mano del Estado.
 
 
© AIPE

Manuel F. Ayau Cordón, ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, ex presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

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