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FIGURAS DE PAPEL

Sergio Zavoli, una larga memoria

El caudaloso libro de artículos periodísticos de Sergio Zavoli (escritor, periodista, director del Telegiornale y presidente de la RAI) es de irresisitible lectura. Se titula “Diario di un cronista” y el subtítulo, “Lungo viaggio nella memoria”, ya nos sugiere que recorrerá tramos sustanciales del siglo que apenas ha transcurrido. Es, precisamente, lo que hace, a la manera de un simbólico diario.

Ruben Loza Aguerrebere
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En 1948 dejó su ciudad natal, Rimini (la tierra de Federico Fellini) para marcharse a Roma a ejercer el periodismo. Desde entonces, es lo que ha hecho; y este libro es testimonio rico de ello: un largo viaje en el tiempo y la memoria, con muchos hitos. Son sus temas, nada menos que el poder, la economía, el terrorismo, las ideologías, la ciencia, la bioética, la cultura, la globalización. Sin dejar de pensar, acaso soñar, con un “grandioso e inquietante futuro”.

A manera de ejemplo, y en una obra tan caudalosa como ésta (largas 600 páginas, difícil de reseñar) me permito señalar algunos capítulos. Por ejemplo, su extenso artículo “La metáfora, la ficción y el juego”, dedicado a la personalidad de Federico Fellini, quien según Zavoli dio el sentido de mayor originalidad al arte cinematográfico de su país. Y aquí lo recupera a través de una cadena de personajes, cuyo primer eslabón es Luiggi Benzi, “l’amico storico de Fellini”, con quien se conocieron en 1922, y quien narra diversos episodios que el cineasta lugareños que el cineasta incorporaría luego a su obra, destacando la constante presencia del mar, “potente, mítico, siempre recortado sobre el fondo de su obra”. Y luego prosigue con todos aquellos que tuvieron importancia en la vida del director de cine. Desde el maestro del colegio al que concurrió Federico (así nos enteramos de que Fellini era un destacado estudiante de latín y una nulidad en matemáticas), a la madre del celebrado director (quien se queja de que todo el mundo cuenta que se su hijo se iba tras los circos), hasta Giulietta Masina y el propio Fellini. Resulta evidente que Rimini fue para el creador una ciudad nutritiva: las nostalgias del pasado le proporcionaron los momentos que transfiguró en arte.

Curiosamente, cuando Fellini abandonó Rimini, no pensaba dedicarse al cine. Se fue a Roma a ejercer el periodismo, que era lo que más le interesaba. Allí conoció a Aldo Fabrizi en una entrevista; se hicieron amigos; y éste lo introdujo en el mundo del séptimo arte. Su primer trabajo lo firmó simplemente Federico. Como advirtió que ganaba más que en el periódico, decidió ir pasándose paulatinamente al cine. Digamos, finalmente, que la palabra “curiosidad” es la que mejor lo definía; lo afirma Sergio Zavoli, quien tuvo además el triste privilegio de pronunciar el discurso fúnebre cuando murió Fellini.

El terrorismo, las Brigadas Rojas y los entretelones del secuestro y asesinato de Aldo Moro, son reconstruidos magistralmente por Sergio Zavoli, dialogando directamente con quienes lo raptaron y lo mataron (cómo hablaron con él, el respeto que imponía Moro, las cartas que escribía y cómo, y hasta de qué manera le dispararon a la cabeza: cuando le apuntaron “él miró hacia otro lado”, dice quien hizo el disparo). Este capítulo constituye otro de los momentos capitales del libro.

Este “Diario di un cronista” muestra luces y contraluces de la pequeña y gran memoria de la Italia moderna, a través episodios y personajes que son figuras sustanciales en ese largo camino. Es el caudaloso testimonio ayuda a la recuperación de una memoria de acontecimientos que no deben caer en el piadoso o impadioso olvido. Creo que debemos agradecer a esta inteligencia abierta en abanico, sensible y cultivada cuanto ha hecho.

Sergio Zavoli, Diario di un cronista. Mondadori, Milan, 2002.

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