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BASURA SELECTA

Teoría del desnudo

Los reportajes fotográficos de famosillas en su esplendorosa desnudez, que empezó a popularizar la revista Playboy con la publicación de las célebres imágenes de calendario de Marilyn Monroe en 1953, siguen despertando curiosidad morbosa en nuestro país, aunque hayamos superado la fiebre del “destape”. Buena prueba de ello, son las fotografías de “desnudo artístico” de Ana Obregón, que ha publicado Interviú como plato fuerte y supuestamente afrodisíaco de la conmemoración de su 25 aniversario. Los entendidos saben que el eufemismo “desnudo artístico” es sinónimo de calidad y buen gusto, pero también de fotografías en las que la modelo enseña menos de lo que el ávido lector desea ver.

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Las estudiadas imágenes de la Obregón (con tanga dorada cubriéndose los pechos, bañada en pétalos de rosa como en la imagen promocional de “American Beauty”, envuelta en la bandera nacional e incluso con percudido bikini de guerrillera) no han despertado tanto la libido como la pulsión cotilla. ¿Cuánto habrá cobrado? ¿Cómo habrán sido las negociaciones? ¿Dónde se habrá hecho el reportaje? ¿Por qué no se ha desnudado del todo? ¿Qué zonas de su cuerpo habrán sido retocadas en las fotografías? ¿Qué pensará Lequio? Conscientes del interés público de todas estas preguntas, Interviú publicó en el número siguiente un artículo con “Toda la verdad sobre las fotos de Ana Obregón”, para disipar rumores sobre los supuestos retoques digitales de cicatrices y patas de gallos de la popular modelo y de paso aprovechar algunas imágenes de la realización del reportaje. Algo así como los “making off” que acompañan a cualquier película. De este modo, la revista consiguió explotar una semana más unos desnudos tan comentados como bien pagados. La estrategia no es nueva. Sin ser tan popular como la Obregón, la modelo Maribel Sanz fue objeto de portadas y reportajes en dos números consecutivos de la revista. En el primer número aparecieron los desnudos artísticos, tan frustrantes y recatados como los de Obregón, y en el segundo se publicó un artículo con “toda la verdad sobre las fotos robadas de Maribel Sanz”, aderezado con imágenes de la sesión fotográfica en una playa (el inevitable “making off”).

Para entender el caso de las “fotos robadas”, debería explicar antes las diversas variantes de reportajes de desnudo en exteriores. En primer lugar están las fotos que tienen como decorado natural una exótica playa en el Caribe, Canarias, la costa africana o una isla polinesia. Son reportajes fotográficos en los que la modelo posa con su consentimiento entre las olas sinuosas, los cocoteros e incluso rodeada de simpáticos aborígenes. Además de artísticas, estas fotos siempre tienen ese candoroso toque de naturalidad paradisíaca tan alejado del deliberado erotismo de las imágenes de estudio. El riesgo de los reportajes al aire libre es la posible presencia de “paparazzis” con teleobjetivos que pueden aprovecharse del trabajo ajeno para venderlo a otras publicaciones o agencias, como le sucedió a la pobre Maribel Sanz con sus polémicas fotos robadas.

También puede ocurrir que la famosa no quiera reconocer en público que ha posado desnuda para un fotógrafo. Las playas pero también las piscinas son los escenarios ideales para las celebridades que se prestan a fotografiarse como si fuesen pilladas en un descuido. Evidentemente, no pueden mirar sensualmente a la cámara ni adoptar posturas sugestivas. La estética de los “falsos desnudos desprevenidos” tiene el encanto de lo furtivo y casual. Durante la transición democrática, muchas actrices y folclóricas recurrieron a esta fórmula para salvaguardar su buen nombre sin renunciar a cobrar por sus destapes.

Por último, nos encontramos con los verdaderos desnudos furtivos de los teleobjetivos de los paparazzis. Suelen ser imágenes borrosas y cruelmente desfavorecedoras de famosas desnudas o en “top-less” sobre la cubierta de un yate o en una playa desierta. Con una vocación más documental que erótica, estas fotografías, tan habituales en verano, suelen irritar bastante a las involuntarias modelos, puesto que nunca aparecen tan guapas como las conocemos. Las más quisquillosas llegan incluso a tomarse la molestia de presentar querellas por intromisión en la intimidad contra las revistas que publican sus desnudos indiscretos. En el fondo, el disgusto de algunas también se debe a no haber tenido la oportunidad de cobrar por un trabajo que siempre está bien remunerado. Por eso, las fotos inéditas de los paparazzis también pueden ser utilizadas como arma disuasoria para convencer a una famosa de que pose desnuda en estudio. Ese fue el caso de Marta Sánchez, que accedió a realizar un desnudo integral para impedir que saliesen a la luz unas inoportunas fotografías suyas en una playa exótica. Ya con el dinero en el bolsillo y con las fotos publicadas, la Sánchez acusó a Interviú de haberla presionado a posar desnuda. Una forma un tanto hipócrita de mantener la honra sin dejar de ganarse un dinerito.

En este nuevo siglo, lo único que se ha de lamentar es la escasa disposición de las nuevas generaciones de famosas a posar completamente desnudas, como en su día hicieron casi toda las musas de la Transición. Al parecer, resulta más sugestivo y menos deshonroso insinuar el cuerpo entre gasas y tules, cubrirse los pechos con ambas manos o colocar estratégicamente una sábana para ocultar la desnudez integral. Sin duda, pueden ser imágenes muy artísticas, pero también provocan la frustración y el cabreo de los aficionados a este tipo de reportajes.
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