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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

"Un fatto di moda"

Cuando, hace más de treinta años, mi mujer y su amiga y patrona quisieron entrar en la Capilla Sixtina, el guardia suizo que vigilaba la entrada les prohibió el paso porque vestían pantalones. La amiga y patrona de Nina, Maimé Arnaudin, se enfureció: "¡Nos prohíbe la entrada porque llevamos pantalones, pero deja pasar a todas esas chavalas en minifalda! ¡No me irá a decir que los pantalones son más escandalosos que las minifaldas, ¿verdad?!". El guardia suizo, todo pachorra pero testarudo, se encogió de hombros y explicó que se aceptaban las minifaldas porque eran "un fatto di moda".

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La calvinista de Maimé llevaba razón: las minifaldas son, en principio, más obscenas que los pantalones –pero, claro, todo depende de las piernas que dejen al descubierto las minifaldas, y de lo bien o mal ceñidos que vayan los culos en los pantalones–; sin embargo, no es eso lo que me interesa ahora: lo que me interesa es resaltar lo que subyace a la genial respuesta de aquel guardia suizo; y decir que Zapatero, y tantos políticos, escritores, periodistas, hombres de poder y de negocios, no hacen sino obedecer a la moda, contra toda lógica, tradición o revolución.
 
Quedémonos con Zapatero, porque jamás, en ningún país, un presidente de Gobierno ha tenido más en cuenta que él las minifaldas, o sea la moda, el fatto di moda.
 
Elegido a causa de un repugnante reflejo de miedo de los españoles inmediatamente después de los atentados criminales de Atocha, Zapatero gobierna siguiendo la moda. El islam radical constituye un peligro que asusta y él se inventa la alianza de civilizaciones, que pretende negar toda relación entre el terrorismo y el islam, lo cual está muy de moda. Como los homosexuales también están de moda, se saca de la manga el matrimonio gay. El taifismo está de moda en ciertas provincias, y a él no se le ocurre otra cosa que sacar adelante los nuevos estatutos, que rompen España. Los impuestos, lógicamente, no están de moda; pues propone suprimirlos para los ricos.
 
Toda su política, si a eso puede llamarse política, se resume en la búsqueda permanente del fatto di moda para complacer al máximo y seguir en el poder. Pero, claro, ocurre que la moda es caprichosa, y que la política, en el sentido noble y a la vez realista del término, no depende de las modas, sino que las supera y, cuando es acertada, las impone.
 
Tenemos un ejemplo reciente y concreto. Después del asesinato de los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero en el sur de Francia, el Gobierno y el PSOE organizaron una manifestación unitaria contra ETA. Pero no acudió nadie, ni siquiera Zapatero. Estuvieron tres minutos Oblomov-Rajoy y algunos políticos más, pero no estaban los ciudadanos, que sin embargo acuden, por centenares de miles, a las manifestaciones que convoca la AVT, incluso a la más reciente, pese a los dimes y diretes de Rajoy.
 
Ese rotundo fracaso es sintomático de varias cosas. Por ejemplo, de que eso que unos llaman "crispación" y yo "cabreo" es una realidad: la mayoría de los manifestantes anti ETA no quisieron manifestarse junto al PSOE; y se entiende perfectamente, debido a la política de rendición de ese partido y del Gobierno ante la banda terrorista. Los califas sociatas deberían preguntarse, preocupados, por qué no han logrado movilizar a nadie.
 
Bien sabido es que, en términos electorales, que son los que a fin de cuentas deciden, PSOE y PP cosechan cada uno en torno al 40% de los votos, lo cual no es moco de pavo; y cuando uno de ellos gana es porque ha logrado convencer a los indecisos, a ese 10 ó 15% que duda antes de votar y, por tanto, no vota sistemáticamente al mismo partido. Pero que el potente PSOE, que tiene en sus manos el Gobierno central y numerosas autonomías, que controla la mayoría de los medios –y se queja porque no controla todos–, y el resto que todos sabemos, sea incapaz de movilizar a más de 300 personas (el resto eran guardaespaldas) para protestar en la Puerta de Alcalá contra este nuevo crimen de ETA es espeluznante.
 
Se supone, claro, que los sociatas tampoco han querido manifestarse junto a los "fascistas" del PP, y, sobre todo, que no han querido manifestarse contra ETA, porque prefieren la ETA al PP. Sea como fuere, queda el hecho de que el PSOE no ha logrado movilizar ni a sus militantes-funcionarios.
 
Esto es espeluznante; para ellos, claro. Y cuando El País y su menestral Pradera acusan a la COPE y a la AVT de que esa manifestación fue un aborto, es para desternillarse de risa. ¿Quién se va a creer que los militantes y simpatizantes del PSOE siguen las consignas de Federico Jiménez Losantos y Francisco José Alcaraz, a quienes el humanismo manifaldero de los sociatas tacha de fascistas?
 
El caso es que, cuando es la AVT quien convoca, las manifestaciones contra ETA son multitudinarias. Ahora bien, que eso no nos lleve a un optimismo exagerado: la calle y las urnas no son lo mismo, y si el Gobierno ha perdido rotundamente la batalla de la calle, aún no es seguro que vaya a perder la de las urnas.
 
Por otro lado, la policía francesa ha demostrado una vez más su eficacia, y  rápidamente: ya han caído dos de los tres asesinos de Capbreton. Está visto que París se toma en serio las reivindicaciones etarras sobre parte del territorio francés, y que está dispuesta a impedir como sea la emergencia del terror. En cuanto a nuestros sociatas, fingen estar muy satisfechos, y hasta se aplauden a sí mismos por su éxito. Entre tanto, la tesis oficial del encuentro "fortuito", del accidente, se desmorona.
 
PS: Cuando uno se equivoca, debe reconocerlo. Yo afirmé que si a Chávez le faltaran votos en la consulta del día 2, "los pondría de su bolsillo". Me equivoqué rotundamente. Chávez perdió. Es, desde luego, una magnífica noticia; pero, evidentemente, se trata sólo de un parón: el candidato a tirano no va a detener su marcha triunfal por unos miserables votos y las protestas de unos estudiantes "hijos de papá". Venezuela sigue en peligro, y nosotros también; aunque menos.
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