
El otro día, en la presentación del balance económico anual del audiovisual español que hace EGEDA cada año, uno de los responsables de nuestro cine se quejaba públicamente de que en España se hiciera más drama que comedia, ya que –según él– la causa podía estar "en nuestro pasado judeocristiano que nos atormenta con la conciencia de culpa". Antológico. Pero la estupidez del comentario tiene un inconsciente punto de verdad. El cristianismo es el hecho histórico que más pone de manifiesto la verdadera naturaleza del drama humano. Un drama que es previo a la conciencia de culpa que le preocupa a nuestro amigo.
Pues la cosa es que este director mejicano, y que como mejicano supongo que arrastrará también el yugo judeocristiano, ayudado de su guionista Guillermo Arriaga, mejicano judeocristiano también, han firmado ya tres películas espectaculares (Amores perros, 21 gramos y ahora Babel), y Arriaga, por su parte, escribió el libreto de Los tres entierros de Melquíades Estrada, otro peliculón que, cómo no, trata de la culpa y la redención.
Babel es sencillamente descomunal. Tres historias paralelas que se relacionan gracias a un guión espectacular. Un matrimonio americano viaja para olvidar la muerte súbita de su bebé, el menor de tres hermanos; unos chavales que pastorean cabras en Zagreb juegan con un rifle que les ha dado su padre y disparan sin querer a una mujer; una adolescente japonesa que está fatal tras el suicidio de su madre y la indolencia de su padre busca desesperadamente el calor humano, aunque sea recurriendo a la seducción sexual. Soledades, dolor, mucho dolor, y deseo, mucho deseo. El gran tema es la universalidad de la herida humana. No importa el lugar (Tokio, un desierto africano o la frontera mexicana), ni el estrato sociocultural (pastores, turistas norteamericanos o adolescente urbana japonesa). No importa la edad. La condición humana es la misma. El sentimiento de orfandad y de abandono es idéntico. La necesidad de perdón es igual. Los abrazos del film son el signo de una acogida urgente y necesaria. En Babel no hay ambigüedad, ni concesiones. No hay sentimentalismo ni corrección política. Todo es pertinente y preciso.
Al talento cinematográfico de Iñárritu se añade una dirección de actores soberbia. Excelentemente rodada, esta película multirracial habla de la transversalidad del misterio humano, del misterio y drama del dolor, del mal... de la culpa. Y del abrazo redentor. Todo muy judeocristiano, claro. Lo que quería decir este empresario del cine es que Isi y Disi o El otro lado de la cama son más auténticos porque dan más dinero. Pero el cine, ¿no era también un arte?