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MEMORIA HISTÓRICA

Benedicto y las noticias sobre Dios

Benedicto no ha viajado sólo a Alemania. Ha ido también a Atenas; ha visitado el corazón del areópago de la humanidad. Había oído lo que el poeta R. Mogin escribiera: "Estamos sin noticias,/ sin noticias de esperanza,/ estamos sin noticias,/ sin noticias de amor,/ estamos sin noticias,/ sin noticias de Dios".

Benedicto no ha viajado sólo a Alemania. Ha ido también a Atenas; ha visitado el corazón del areópago de la humanidad. Había oído lo que el poeta R. Mogin escribiera: "Estamos sin noticias,/ sin noticias de esperanza,/ estamos sin noticias,/ sin noticias de amor,/ estamos sin noticias,/ sin noticias de Dios".
Dos niños contemplan los preparativos en la plaza Marienplatz para la visita del papa Benedicto XVI a Múnich

Benedicto esperaba encontrarse con los nuevos atenienses, mientras su "espíritu se exasperaba" al observar que la ciudad secular, Alemania, Europa, el mundo, nuestro mundo, está lleno de ídolos. No había perdido la oportunidad, durante sus años como profesor universitario, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de hablar con los nuevos filósofos estoicos y epicúreos del momento; también había confrontado sus ideas con los nuevos gnósticos, que ofrecen libertad a cambio de experiencias.

No fueron pocos, en su Atenas, los que al enterarse de su nombramiento habían dicho: "¿Qué querrá decir este charlatán?". Propagandista de divinidades extranjeras, le llamaron. En el corazón del hombre tecnologizado, Dios había sido confinado al cuarto oscuro de la iniquidad. Ahora, la voluntad humana es la nueva fuerza capaz de hacer y deshacer según los intereses del poder, del más fuerte. Sin embargo, Benedicto estaba empeñado en que todos supieran que, para él, "el asunto fundamental es que debemos redescubrir a Dios, no a un Dios cualquiera, sino al Dios con el rostro humano, porque cuando vemos a Jesucristo vemos a Dios. Y partiendo de esto debemos encontrar los caminos para encontrarnos en la familia, entre las generaciones y también entre las culturas y los pueblos, entre los caminos de la reconciliación y la convivencia pacifica en este mundo, y los caminos que conducen hacia el futuro".

Benedicto sabía que sus amigos atenienses "no tenían tiempo para ninguna otra cosa más que para decir u oír la última novedad". Ahí comienza esta historia. Siempre la vida se inicia como novedad. Benedicto sabe que Dios, Jesucristo, la Iglesia, fascinan cuando son y se presentan como novedad. Porque lo que les pasa a los atenienses, a los alemanes, a los españoles, a los europeos, a los occidentales, es que han perdido la capacidad de encontrase con la novedad. Benedicto no ha necesitado otras palabras que las elementales; no propone otras estrategias para la Iglesia del futuro, para su supervivencia en medio de una humanidad descreída, que la de acabar con el silencio sobre lo esencial en la vida del hombre, acabar con el silencio sobre Dios.

El teólogo Hans Urs von BalthasarEl teólogo Hans Urs von Balthasar había escrito, en un preciso libro sobre la oración cristiana, que "la cuestión decisiva de la que todo depende es si Dios ha hablado a los hombres –sobre sí mismo, naturalmente, y también sobre su plan con respecto a la creación del hombre y de su mundo– o si lo absoluto, más allá de todas las palabras mundanas, sigue siendo el silencio".

Frente a quienes quieren hacer de la Iglesia del futuro la Iglesia del silencio, el Papa, en el ágora de nuestro mundo globalizado, nos está recordando que la primera y principal inversión para el cristiano y los cristianos es hablar de Dios. Sabe que si un cristiano habla, es un monologo; pero si habla la compañía de hermanos, la comunidad, es un diálogo. La fe que se vive y se comparte fecunda siempre el lenguaje del amor. Años y años los teólogos, pastoralistas y demás nomenclatura han estado preocupados y preocupándose por el problema del lenguaje. Llega Benedicto al nuevo areópago de la Atenas contemporánea y resuelve la ecuación: "El mundo necesita a Dios. Necesitamos a Dios. (…) Donde Dios es engrandecido, los hombres y mujeres no son empequeñecidos: hay demasiados hombres y mujeres que se han hecho grandes y el mundo está lleno de su luz".

El olvido o la negación de Dios se ha traducido, en la historia, en la abolición del hombre. Ya lo advirtió Dostoievski y nos lo sintetizó magistralmente De Lubac, en el drama del humanismo ateo. Cuando la ciudad se construye de espaldas a Dios, se vuelve contra el hombre. Hablar de Dios hoy es la garantía del futuro del hombre. "¿Puede un hombre culto, un europeo de nuestros días, creer aún en Dios?", podríamos leer en cualquier titular de periódico parafraseando la novela "Los demonios". Benedicto ha demostrado que sí.

El joven Karl Barth, teólogo protestante, escribió, en la Alemania de 1914: "En cuantas personas, incontables ellas, ha ido surgiendo ahora la cuestión principal de la vida: encontrar a Dios". Benedicto ha salido al encuentro de quienes se preguntan por Dios en y con su viaje a Alemania.
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