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HÉROES IMAGINARIOS

El deseo incercenable de felicidad

Una película difícil de torear, no exenta de defectos, pero que pone sobre el tapete la cuestión del por qué y del para qué de la vida. Partiendo de la realidad cruda y dura de unos personajes que sucumben a la frustración, al desencanto y al dolor sordo, el film abre una puerta cuando deja que el corazón tenga su última oportunidad de ser humano.

Una película difícil de torear, no exenta de defectos, pero que pone sobre el tapete la cuestión del por qué y del para qué de la vida. Partiendo de la realidad cruda y dura de unos personajes que sucumben a la frustración, al desencanto y al dolor sordo, el film abre una puerta cuando deja que el corazón tenga su última oportunidad de ser humano.
Fotograma de Héroes imaginarios

El polifacético director Dan Harris, co-autor del guión de X-men 2 y del inminente Superman, escribe y dirige Héroes imaginarios, un drama existencial más cercano a la tragedia griega que a las aventuras de la Marvel. La película recorre la vida de una familia de alto nivel adquisitivo que ya hace tiempo que vive de las apariencias y en la que reina la soledad y la incomunicación. El punto de vista dominante es el de Tim, el hijo adolescente que parece rechazado por todos, especialmente por su padre y su hermano. Este último es un gran nadador profesional que compite sólo por contentar a su padre, pero que en el fondo está profundamente amargado. La madre es ya una cínica indolente que se consuela fumando porros, mientras su marido vive en un pequeño mundo de aislamiento conformista. Un acontecimiento trágico pondrá a la familia en condiciones de replantearse toda su forma de vivir.

El personaje de la madre es el que sale peor parado, por su patetismo, muy bien interpretado por Sigourney Weaver. Su nihilismo es compartido por el marido, que encarna con comedimiento Jeff Daniels. La película es dura en su desarrollo, y marcadamente desasosegadora, incluso innecesariamente enfática, pero ofrece un final de redención que resitúa el valor de la familia. "¿Quién responde a la vida?", se pregunta un personaje envuelto en tantas circunstancias desoladoras. Está presente la pregunta por el sentido de la vida y por la responsabilidad ante las propias acciones. A lo largo del argumento vemos que tanta nada y tanto cinismo tienen su origen en culpabilidades afrontadas sin perdón, en pecados remotos sobre los que no ha habido una mirada misericordiosa. Al final, un abrazo gratuito, físico, fuera de toda lógica, pero rabiosamente humano es lo que pone a los personajes en un camino de redención. En fin, un final positivo para una senda ardua de recorrer. Como la vida misma.
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