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DE LAS UNIVERSIDADES A LA JAE

Iglesia Católica y el desarrollo de la ciencia

Se cumplen cien años de la fundación de la Junta para Ampliación de Estudios e investigaciones científicas (JAE), en pleno Año de la Ciencia. Es un buen momento para examinar la dificultad que tiene entender la historia de la ciencia española sin la intervención, por activa o por pasiva, de la Iglesia Católica, tan difícil al menos como separar la levadura de la masa de pan fermentada.

Alfonso V. Carrascosa
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En el Real Decreto de su fundación, llevada a cabo bajo el reinado de Alfonso XIII, en plena monarquía parlamentaria, se recogía el interés por la puesta en marcha de la JAE, y por lo que inspiraba la misma:

Y sin embargo, no falta entre nosotros gloriosa tradición en esta materia. La comunicación con moros y judíos y la mantenida en plena Edad Media con Francia, Italia y Oriente; la venida de los monjes de Cluny; la visita a las Universidades de Bolonia, París, Montpellier y Tolosa; los premios y estímulos ofrecidos a los clérigos por los Cabildos para ir a estudiar al extranjero, y la fundación del Colegio de San Clemente en Bolonia, son testimonio de la relación que en tiempos remotos mantuvimos con la cultura universal. La labor intelectual de los reinados de Carlos III y Carlos IV, que produjo la mayor parte de nuestros actuales centros de cultura, tuvo como punto de partida la terminación del aislamiento en que antes habíamos caído, olvidando nuestra tradición envidiable, y restableció la comunicación con la ciencia europea que, interrumpida luego por diversas causas, no conserva ahora sino manifestaciones aisladas, como las pensiones para viajes concedidas a los becarios de Salamanca y el Colegio de Bolonia. (Gaceta de Madrid Año CCXLVI Num. 15, Martes 15 de enero de 1907, Tomo I.- Pág. 165-167)

Dado que explicar el origen y evolución de todas las instituciones mencionadas en dicho decreto constitucional sería demasiado prolijo, me limitaré a comentar brevemente algo sobre los cabildos, que originaron las universidades modernas, fundadas por la Iglesia Católica, y sobre el Colegio San Clemente en Bolonia.

Los cabildos eran instituciones católicas, compuestas por presbíteros en torno al obispo, físicamente localizadas en las catedrales. Además de litúrgicas, tenían tareas docentes y benéficas, dando formación académica a los sacerdotes y a quien no tenía medios económicos. Se practicaba el envío al extranjero de estudiantes para ampliar conocimientos e idiomas, o la invitación de profesores foráneos, mediante un sistema de pensiones económicas.

Universidad de BoloniaA partir de los cabildos se originaron en el siglo XIII los Studium generale, abiertos a alumnos de cualquier comarca o nacionalidad. Éstos, poco a poco, pasaron a denominarse Universidad, siendo desarrolladas y amparadas por la Iglesia católica. Las primeras fueron la Universidad de Bolonia (1158), la de París (1200), la de Oxford (1214), la de Cambridge (1318)... En total, a lo largo de los siglos XIII y XIV los papas fundaron 29 universidades.

La progresiva apertura e incorporación de las ciencias al ámbito docente universitario corrió de la mano también de católicos, pertenecientes a órdenes religiosas creadas en el siglo XII. Así por ejemplo, los franciscanos nutrieron y desarrollaron la enseñanza de las ciencias en la Universidad de Oxford, mientras que los dominicos lo hicieron en la de París.

En la Universidad de Bolonia dio clase la que sería primera profesora universitaria de la historia de la humanidad, y a lo que se ve nada discriminada en el ámbito universitario católico, Laura Bassi, que compaginó las tareas docentes y científicas con el cuidado de sus doce hijos, de los cuales ocho fueron bautizados y cinco llegaron a la edad adulta, siendo tres de ellos canónigos y uno profesor del Instituto de las Ciencias de Bolonia.

En España son un ejemplo de la actividad fundacional de universidades por parte de la Iglesia Católica las de Palencia (1221) y Salamanca (1255), dándose la circunstancia típicamente española de que, a partir del siglo XIII, se generó un carácter altruista y caritativo, que cristalizó en los Colegios Mayores, que tenían como fin dar acceso al estudio a los pobres.

Además, la Iglesia Católica española pasó a fundar las universidades americanas, según fueron llegando a ellas como catedráticos gentes formadas en las Universidades peninsulares. En el mundo hispano los Reyes, bajo la sugerencia de la Iglesia, crearon inmediatamente universidades, incluso en Filipinas (la Universidad de Santo Tomás de Manila), a diferencia de lo que sucedió en el Brasil portugués o en la América anglosajona o francesa, donde a lo sumo se fundaron colegios universitarios. Creadas en una época en que las sociedades eran orgánicas, las universidades eran un órgano más, independientes del poder temporal, con estatutos y patrimonio propio.

En cuanto al Colegio de San Clemente, al que hace referencia el Real Decreto de la fundación de la JAE, fue fundado en 1364 en Bolonia por el cardenal don Gil de Albornoz, para que jóvenes españoles pudieran formarse en la Universidad de Bolonia, y sigue funcionando todavía.

Estatua de Marcelino Menéndez-Pelayo en la Biblioteca NacionalLa JAE incorporó además instituciones precedentes tales como el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, el Real Jardín Botánico, o el Museo Nacional de Ciencias Naturales, pero sobre todo contó entre sus filas para el gobierno de sus actividades con católicos fervientes tales como el destacado intelectual del momento, don Marcelino Menéndez-Pelayo o el ingeniero y científico don Leonardo Torres Quevedo. El no menos famoso don Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de medicina en 1906, presidió la JAE hasta su fallecimiento en 1934, y aunque no era católico practicante, sí creía en Dios creador y en el alma inmortal. ¡Para que luego digan, e incluso algunos católicos estén convencidos, que Iglesia y ciencia, o razón y fe, se oponen!

Dicho sea de paso, don Santiago nunca fue presidente del CSIC (fundado en 1939), aunque en nuestra página web figure como tal, dato este de ningún rigor científico que lógicamente debilita la credibilidad de dicha institución.

Decía Menéndez-Pelayo, refiriéndose a la valoración que los españoles hacemos de nuestros logros científicos, que "fuerte cosa es que los españoles seamos tan despreciadores de lo propio". A lo largo del análisis que realiza al respecto en su obra La ciencia española: polémicas, indicaciones y proyectos, llega explícitamente a afirmar que "desprecian a los antiguos sabios porque fueron católicos y escribieron bajo un gobierno de unidad religiosa y monárquica". Como católico y científico, creo que algo de verdad hay en tal afirmación, y también mucha actualidad.

Puesto que "la fe y la razón son como dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad" y "la historia es el lugar donde podemos constatar la acción de Dios a favor de la humanidad" (Fides et Ratio, Introducción), seamos conscientes de la contribución del catolicismo a la ciencia, en plena España del siglo XX.

Alfonso V. Carrascosa es doctor en Ciencias Biológicas y científico del CSIC.

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