
Ambientada en los últimos años de la República Democrática Alemana, el film nos cuenta la historia del capitán Gerd Wiesler, un oficial concienzudo de la Stasi, la todopoderosa policía secreta del régimen comunista. Cuando en 1984 le encomiendan que espíe a la pareja formada por el prestigioso dramaturgo Georg Dreyman y su novia, la popular actriz Christa-Maria Sieland, no sabe hasta qué punto esa misión va a cambiar su propia vida y su forma de pensar.
Lo más impactante de esta extensa cinta (dos horas y veinticuatro minutos) es la disección sutil e inteligente que hace de los usos y costumbres del socialismo real, de su profunda corrupción consustancial y del escaso valor de la persona en ese contexto ideológico. Con la excusa de las prácticas de vigilancia y espionaje de la Stasi (Ministerio para la Seguridad del Estado, con más de cien mil miembros), el director von Donnersmarck nos va mostrando las terribles mentiras del socialismo. Por ejemplo, constatamos cómo el miedo y la sospecha son la forma permanente de relación con la realidad: cualquier gesto, cualquier palabra mal puesta, pueden ser considerados como una amenaza al dios "socialismo" que debe ser implacablemente perseguida. También existe ese miedo entre los propios miembros del Partido, miedo a que piensen mal de uno, miedo a caer en desgracia, miedo a no hacer méritos suficientes.
Quizá el momento más trágico del film –que aquí no desvelaremos– tiene que ver con la capacidad que tiene dicho miedo de corromper a las personas, de usar su debilidad o cobardía contra ellas mismas y contra las personas a las que aman, llevándolas incluso a las puertas del suicidio.
Pero el film tiene la suficiente inteligencia como para no hacer maniqueísmo barato, y nos adentra en la profunda infelicidad y soledad en que vive el capitán Gerd, prototipo de oficial del régimen. Es decir, no sólo los "represaliados" son víctimas del inhumano sistema socialista, sino que los propios verdugos son las primeras víctimas de esa deshumanización. Es muy elocuente comprobar cómo, después de escuchar por los micrófonos como Georg y Christa mantienen relaciones íntimas, en el seno de una relación de verdadero amor, Gerd se va a su casa y contrata los favores de una prostituta. Lo hace porque lo que ve en la pareja espiada despierta en él la nostalgia de una vida verdadera, con afecto y compañía. Este tipo de episodios son los que iluminan la conciencia de Gerd y le descubren paulatinamente que su vida está hecha para otra cosa, y que el socialismo es una radical mentira.
Pero la película tiene una propuesta positiva y esperanzadora, no así El Hundimiento. El director declara que "por encima de todo, La vida de los otros es una película sobre la capacidad de los seres humanos para hacer lo correcto, sin que importe lo lejos que se hayan adentrado por el sendero equivocado".
Ulrich Mühe, que encarna al oficial Gerd, hace un trabajo de interpretación espectacular por su sobriedad y contención. También Sebastian Koch –el escritor– y la siempre excepcional Martina Gedeck –Deliciosa Martha– dan lo mejor de sí en este drama, sin asomo de sobreactuación. Un arranque impactante para un guión de hierro.