
Pocas semanas antes de iniciar sus exámenes para entrar a la universidad, Réda, un joven de origen marroquí que vive en el sur de Francia, es obligado por su padre a llevarle a La Meca, a cumplir la peregrinación que todo buen musulmán debe intentar realizar. A regañadientes y enojado, interrumpiendo estudios y noviazgo, Réda comienza el viaje, que promete ser difícil, ya que él y su padre no tienen nada en común. Pero los 5.000 kilómetros que tienen por delante y los múltiples avatares del viaje van a mejorar sustancialmente la relación entre padre e hijo.
Vuelve el cine que busca lavar la cara del Islam en Occidente. Y la verdad es que aciertos no faltan en esta delicada cinta, tan emotiva como sincera. El film aborda el conflicto generacional entre un musulmán de la vieja escuela y su hijo, un joven occidentalizado que incluso sale con una chica no musulmana. Dos lógicas aparentemente irreconciliables. El reencuentro entre ambos supone crecer en un respeto mutuo y en un afecto que va más allá de los condicionantes culturales. No obstante, El largo viaje parece en exceso complaciente con los rígidos esquemas del padre, y da la impresión de que quien debe acercar posiciones es el hijo, cuando el sentido común aconseja lo contrario.
Para el espectador occidental,esta película supone una aproximación casi documental al fenómeno de la peregrinación a La Meca. Todo está filmado en escenarios naturales, incluso la afluencia de peregrinos a La Meca es rodada en cine por primera vez en la historia. También nos muestra las redes de solidaridad entre los peregrinos, así como la escasa flexibilidad de ciertos planteamientos religiosos excesivamente formalistas. El largo viaje también obtuvo el premio a la mejor película y al mejor actor en el Festival de Mar de Plata.