EL JESÚS DE NAZARET DE BENEDICTO XVI
Hermano Joseph
Hace ahora veintiocho años tomaba yo conciencia de lo que significa existencialmente pertenecer a la comunidad cristiana. Y lo hacía en una parroquia (la de San Jorge, en Madrid) en la que se manejaban alimentos tan consistentes para la formación como Meditación sobre la Iglesia de Henri de Lubac, la Antropología teológica de Flick-Alszegui, y la Introducción al cristianismo de Joseph Ratzinger. Fue mi primer contacto con el teólogo bávaro que llegaría muchos años más tarde a la Sede de Pedro, y recuerdo que quedé deslumbrado.