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TODO EL CINE DE SAN SEBASTIÁN

Un grito atronador

Eso es lo que han sido las películas del 53 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Un gran grito humano, el alarido de un corazón herido, la constatación de la mendicidad del hombre. La Sección Oficial ha estado repleta de películas cuyos personajes luchan por una vida feliz en medio de circunstancias a menudo desgraciadas. El diario El País, en su edición del día de clausura del certamen afirmaba: “concluye un festival dominado por la tristeza”. Más que tristeza podría considerarse “nostalgia”. La nostalgia de una vida cumplida.

Eso es lo que han sido las películas del 53 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Un gran grito humano, el alarido de un corazón herido, la constatación de la mendicidad del hombre. La Sección Oficial ha estado repleta de películas cuyos personajes luchan por una vida feliz en medio de circunstancias a menudo desgraciadas. El diario El País, en su edición del día de clausura del certamen afirmaba: “concluye un festival dominado por la tristeza”. Más que tristeza podría considerarse “nostalgia”. La nostalgia de una vida cumplida.
Stesti, la película ganadora

La inexplicablemente ganadora Stesti (Algo como la felicidad), de Bohdan Sláma, recorre la vida de un grupo de vecinos que habitan en un barrio obrero de Chequia. Se trata de una película con conflictos fuertes y personajes sólidos. La puesta en escena también es vigorosa, aunque es muy confusa en la presentación de los protagonistas. La resolución de las tramas tiende a ser excesivamente pesimista y agobiante. A veces parece que los personajes no tienen salida. Sin embargo, ahí están, de una pieza, luchando por la vida, algunos incluso con gran dignidad y mucho amor, como Monika.

Sud ExpressEl premio del Jurado católico SIGNIS fue para Sud express, de Chema de la Peña y Gabriel Velázquez. Se trata de seis historias construidas en torno al tren que une París con Lisboa en un trayecto que hace escala en Irún: un taxista francés xenófobo y putero, su mujer portuguesa que dejó atrás un gran amor; un africano que malvive vendiendo relojes; una pareja de jóvenes que recogen firmas para exigir el cambio en el trazado de las vías del tren; dos hermanos ancianos portugueses que no se hablan...

Esta película multiracial y plurilingüe nos habla del universal deseo de una vida más plena, coronada por el amor, la amistad, el trabajo y el éxito humano. Nos muestra cómo ese deseo no conoce fronteras culturales ni económicas, y cómo la vida se hace de alegría y dolor a partes iguales. La soledad –y el desamor- es el implacable enemigo de cada uno de los protagonistas. El film no va más allá, ni aspira a hablar de respuestas o a ofrecer recetas morales, sino que su honestidad reside en la autenticidad de sus personajes y en la ternura con la que son tratados por los cineastas. También hay alguna referencia de religiosidad llena de simpatía.

Verano en BerlínOtra película galardonada con una Concha a la mejor actriz fue Verano en Berlín del joven, prolífico y conocido director alemán Andreas Dresen. El que algunos llaman “cronista de la Nueva Alemania Oriental” nos ofrece una mirada cómica a la vez que dramática sobre un Berlín oriental tan deprimido como esperanzado. Katrin y Nike son dos mujeres jóvenes, amigas y vecinas, que no llevan una vida fácil. Katrin (Inka Friedrich) está divorciada, es madre de un niño y tiene problemas con el alcohol; Nike (Nadja Uhl) es una soltera atractiva que cuida ancianos para sobrevivir y que busca al hombre de su vida. Una vez más es la soledad el carácter definitorio de los personajes. Aunque las dos mujeres se acompañan como buenas amigas, ello no basta para sanar unos corazones bastante heridos –sobre todo el de Katrin–. Su comportamiento ante el amor es, sin duda, inmaduro, expresión de un deseo incontenible de no estar solas. Cuando a ambas se les caiga la venda de los ojos se darán cuenta de que vuelven a estar juntas, aparentemente contentas, pero solas. De fondo, Dresen nos muestra también el drama del desempleo, de las familias rotas, y de la situación de riesgo en que vive a menudo una mujer sola. Finalmente sólo constata una mendicidad existencial.

Tremendamente singular es Bang bang Orangutang, del danés Simon Staho. Åke Jönsson es un exitoso hombre de negocios orgulloso de sí mismo, de su carrera profesional y de su cochazo... Hasta que un fatídico día, por un trágico accidente, su vida se viene abajo y pierde el amor de su mujer y su trabajo. Se da cuenta entonces de que se había olvidado de querer a su familia. Åke decide cambiar su jerarquía de valores.

Esta película, del director de Día y noche, nos lleva de la mano de su personaje a una reflexión muy verdadera: hay que amar los dones de la vida antes de que nuestro egoísmo los arruine, a veces irreparablemente. Cuando uno pierde todo, se da cuenta de qué cosas son las importantes, y entre ellas destaca el amor: “Tengo miedo de no tener a nadie a quien amar”, afirma el protagonista. Él, que sólo se había amado a sí mismo, se convierte en un “buscador” de alguien a quien amar, cuidar, alguien por quien dar la vida. Pero eso no está en sus manos, es otro don que no se puede planear. Por eso, la redención final vendrá de escuchar un “Te amo” agridulce, poco consolador, pero tremendamente real. El film es también un hermoso canto a los lazos paterno-filiales, tan poderosos como llenos de límite y contradicción.

Yo no estoy aqui para que me quieranEl premio del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) fue para Yo no estoy aquí para que me quieran del realizador francés Stéphane Brizé, un film intimista que aborda precisamente el asunto del título. Jean-Claude (Patrick Chesnais) es secretario judicial, encargado de entregar notificaciones y comunicar embargos. Está divorciado, tiene a su anciano padre recluido en una residencia y planea para su hijo el mismo porvenir mediocre. Ante la recomendación de su médico de hacer ejercicio, se apunta a una escuela de tango que hay justo en frente de su oficina. Allí conoce a Françoise (Anne Cosigny) que enseguida muestra por él una inesperada preferencia. El protagonista es un hombre instalado en el desamor –el de su padre, el de su ex-mujer, el de su hijo,…– hasta que una mirada nueva y gratuita le rescata de su infierno. A pesar de que el film es una historia de redención por el amor, deja cabos sueltos, en ocasiones resulta poco creíble y se echa de menos un mayor calado en la profundización de los conflictos.

Malas temporadasDe menos envergadura es Malas temporadas, del que dirigiera con acierto La flaqueza del bolchevique, Manuel Martín Cuenca. Se trata de una película coral, bien intencionada, en la que a través de distintas tramas nos muestra cómo las malas rachas de la vida pueden abrir puertas a la esperanza. Ana (Natalie Poza) trabaja en una oficina de ayuda al refugiado y no sabe cómo manejar la decisión de su hijo Gonzalo de encerrarse en su dormitorio; Mikel (Javier Cámara) es un ex-recluso obsesionado con el ajedrez trata de reanudar la relación sentimental que tuvo en la cárcel con su compañero Pascual (Pere Arquillué); Carlos (Eman Xor Oña) es un cubano que vive del contrabando y mantiene relaciones con Laura (Leonor Watling), la mujer de su mejor cliente, Fabré (Fernando Echevarría).

La película tiene muchos valores, como presentar temas interesantes (la problemática de la inmigración, la creciente ludopatía “autista” de muchos adolescentes, las consecuencias personales de la estancia carcelaria,…) desde una perspectiva dramática; la interpretación de actores, con la revelación de Eman Xor Oña y Fernando Echevarría y la enésima confirmación del talento de Javier Cámara. Correcto es el trabajo de Leonor Watling, que hace de mujer paralítica, interiormente crispada, y que huye hacia delante sin parar –y con la que parece que los directores disfrutan poniendo sus pechos a tomar el aire–. Música sentimental, buena fotografía, y alguna escena muy bien rodada. Sin embargo, al guión le falta una vuelta de tuerca en lo que a ideas se refiere, quedándose en un planteamiento más superficial e ingenuo de lo que debiera.

En Zabaltegui hemos encontrado películas sobresalientes como La cueva del perro amarillo, de Byambasuren Davaa; El arco de Kim Ki-duk; Match Point, de Woody Allen; Paradise now, de Hany Abu-Assad; Flores rotas, de Jim Jarmusch; Nueve vidas, de Rodrigo García o Holy Lola, de Bertrand Tavernier. Como todas tienen distribución es España, ya iremos comentándolas en el momento de su estreno.
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