La injusta eliminación de España en el Mundial ante la selección de Corea del Sur y los resultados de la Cumbre de Sevilla son los temas más destacados en las portadas de la prensa de hoy.
Los principales diarios de ámbito nacional dedican comentarios editoriales al partido que enfrentó a España y Corea en cuartos de final. Las opiniones oscilan entre la responsabilidad arbitral por la injusta eliminación de España y el demérito —real o supuesto— de nuestra selección ante un rival que, sobre el papel, era notablemente inferior.
Para El País, cualquier ocasión es buena con tal de atizar el complejo de inferioridad y el exagerado instinto autocrítico —que a veces roza la autoflagelación gratuita— de los españoles. “Ahora vendrán los patriotas deportivos a contarnos que fue culpa del árbitro, que la fortuna nos dio la espalda y que merecíamos mucho más (...) España, por envergadura de fútbol, salarios de jugadores y repercusión mediático-deportiva de su Liga, tiene que salir a vencer con tal convicción que ni 43.194 gargantas enfervorizadas, 11 coreanos poseídos de frenesí atlético-futbolístico, la calidad de su entrenador, Guus Hiddink, o el ojo torpe de los árbitros puedan impedirlo”. No es una cuestión de “patriotas deportivos” —actitud completamente legítima y respetable aunque les disguste a Arzalluz o a Pujol, para quienes el único “patriotismo” respetable es la exaltación aldeana de las peculiaridades de sus respectivas patrias chicas—, ni tampoco de demagogias rastreras en torno a los salarios de nuestros futbolistas —quizá más justificadas en otras ocasiones—. Esta vez se trata de hacer justicia a la luz de los hechos, y, si bien es verdad que nuestra selección no estuvo al cien por cien de su capacidad, no es menos cierto que minimizar el protagonismo del trío arbitral en la eliminación de España es una actitud rastrera y mezquina, muy propia —por otra parte— de la conducta de quienes se creen obligados a pedir perdón —no se sabe muy bien a quién ni por qué— por ser españoles.
Más ecuánime y equilibrado en su juicio, ABC cede la principal cuota de responsabilidad por la eliminación de España al exótico trío arbitral, aunque señala que “España ha vuelto a carecer de esos gramos extra que otorgan peso a las selecciones punteras, y no ha sido capaz de imponer sobre el terreno de juego la enorme diferencia de calidad que existe entre nuestros jugadores y los coreanos”. De nuevo, es cierto que la selección no ha sacado todo el fútbol que potencialmente lleva dentro... pero lo que sacó a relucir (dos goles legales anulados y varios fueras de juego que no existían más que en la imaginación de los exóticos linieres) era más que suficiente para batir a Corea... si el trío arbitral hubiera sido moderadamente neutral en sus “errores”. No obstante, ABC destaca acertadamente el hecho de que España ha estado presente en todas las fases finales de los últimos veinticuatro años, “algo de lo que muy pocos equipos pueden presumir”.
Para El Mundo, el resultado fue “una combinación de injusticia, mala suerte y desacierto”. Según este diario, “todo indica que la presión del país organizador, los intereses de la FIFA y un cúmulo de circunstancias influyeron para que, como le sucedió a Italia, el árbitro le echara una mano a Corea. Tampoco se entiende la designación para un partido de este nivel de un linier de Trinidad-Tobago, un país sin tradición futbolística”. Muy atinada la referencia a los intereses de la FIFA, en absoluto ajenos a las ventajas de las que ha gozado Corea en la fase final de este campeonato. Sin embargo, El Mundo cede a la tentación del autoflagelamiento, uno de los vicios nacionales por excelencia: “sería un error hacer recaer todas las culpas sobre el árbitro sin reconocer que nuestros jugadores, superprofesionales curtidos en los mejores equipos del mundo, fallaron de nuevo a la hora de la verdad”. Pero nadie se acuerda de que los coreanos llevan dos meses preparándose intensivamente para la competición y que no llevaban tantos partidos encima como los integrantes de nuestra selección. Son “superprofesionales” pero no superhéroes, sobre todo si se tiene en cuenta que jugaron contra un equipo de 14 jugadores.
La Razón titula “Escándalo arbitral” e incide en lo inexplicable de la elección de un trío arbitral procedente de países donde el fútbol mueve tantos espectadores como en España lo puede hacer el ping-pong. “La FIFA quiere hacer llegar su mensaje a todos los rincones del planeta y su presidente, Joseph Blatter, sustentado por numerosos votos del Tercer Mundo y defendido a capa y espada por Ángel María Villar, ha llevado hasta tal extremo su agradecimiento que a quienes no ha podido contentar con la competición, como es el caso de los coreanos, les ha regalado la inconcebible elección del equipo arbitral, de cuyo Comité de Designación Villar es presidente”. Ahí le duele. José Luis Garci, en ABC cree que “el guionista de la FIFA que ha escrito este Mundial, les ha pasado, a Gamal y a otros, una separata especificando lo mucho que el ‘Vaticano’ de Blatter valora no perder el mercado asiático, nuevo paraíso del consumo futbolístico”. Puede que aquí esté la explicación del atraco que sufrieron, además de España, Italia, Portugal y EEUU. Ricardo Gallego, también en ABC, afirma que “los verdaderos responsables no dan la cara, son cobardes y vividores —en el peor sentido—, prefieren engordar sus ya voluminosas barrigas (conozco a varios que no entran en un ascensor) y manda a la guerra a pobres infelices que cumplen órdenes sin rechistar”, en relación al trío arbitral. Puede que alguno haya solucionado su vida en las dos horas que duró el partido.
Cumbre de Sevilla
Valoración positiva de la prensa española —con excepción del El País del acto que pone fin a la presidencia española de la UE. Las materias abordadas —inmigración ilegal y próximas ampliaciones— inspiran comentarios editoriales en los principales diarios de ámbito nacional.
ABC destaca el hecho de que los atentados de Eta no pudieron empañar los logros de la Cumbre: “tras cinco atentados en 48 horas, los jefes de Gobierno de la UE se van sabiendo que se trata de un conflicto yermo de contenido político y que se circunscribe a una siembra indiscriminada del terror, de norte a sur. Y se marchan además con la sensación de que no sólo se trata de un problema español, pues tras el 11-S ya ha sido metabolizado como un problema europeo”. Y en otro orden de cosas, señala que “se están haciendo visibles algunas dudas en el proyecto europeísta por los miedos y actitudes egoístas que maniatan a ciertos líderes, que condicionan su compromiso europeo a los problemas domésticos”, en referencia a la negativa de Alemania y Francia a ajustar sus presupuestos en 2004, que ABC califica con razón de “agravio comparativo” para países como España, que “se han apretado el cinturón durante años hasta alcanzar el déficit cero”. La fijación de un calendario para aprobar una política común en materia de inmigración y la expulsión masiva de inmigrantes ilegales a finales de año y revisión de los visados, habida cuenta de la lentitud exasperante con la que se suele mover la Unión Europea, es un éxito de la presidencia española —como reconocen El Mundo y La Razón que ha conseguido convertir en prioridad un asunto que, a la vista de los resultados en las últimas elecciones celebradas en Francia y Holanda, preocupa seriamente a los ciudadanos europeos.
Sin embargo, el principal escollo en el progreso de la Unión sigue siendo la disparidad de criterios e intereses en torno a la ampliación. La política agraria común es la manzana de la discordia. Comprensiblemente, los alemanes ya tienen bastante con pagar la subvención a sus vecinos franceses y daneses y no quieren ver cómo la factura agrícola se incrementa con la entrada de nuevos candidatos. El compromiso de resolver antes de 2003 depende en gran medida —como señala El Mundo haciéndose eco de las palabras de Chirac— del resultado de las elecciones alemanas.
En esta ocasión, no cabe culpar a los alemanes de “egoísmo”; y se echa de menos en los líderes europeos y en la prensa un análisis de la relación que tiene el cierre del mercado agropecuario europeo a los productos de los países en desarrollo con los flujos de inmigración ilegal que la Unión —con toda legitimidad, por otra parte— pretende combatir.

Atraco a las tres en Corea
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