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John Stossel

¿A quién le importa?

No necesitamos leyes contra la discriminación, sino un mercado libre y competitivo. La competición es mejor a la hora de castigar a los sexistas, los racistas y a los que discriminan.

John Stossel
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"Stossel es un cerdo". "A ver cómo reaccionará cuando [sea] despedido de ABC News sin motivo, solo por ser más viejo que un elefante".

Montones de espectadores de mi programa 20/20 detestan lo que dije acerca de las leyes de discriminación por edad en televisión. La gran mayoría afirma que las leyes antidiscriminación son positivas, especialmente cuando protegen a los trabajadores mayores. Pero no lo son.

Este año, los DJs de Kansas City Max Floyd y Tanna Guthrie demandaron a su emisora de radio por despido improcedente: "El motivo del despido fue [que] están cambiando de formato, pero eso no es cierto", me contaba Max Floyd para mi segmento No me tome el pelo. "¿Por qué no nos iban a conservar?", pregunta Tanna Guthrie. "Hemos permanecido allí, leales a la empresa, y no cambiaron mucho de música".

Las demandas por discriminación como la suya son frecuentes hoy en día. Generan consecuencias desagradables e imprevistas: trabajadores de más edad para los que es más difícil ser contratados, puesto que las empresas son reticentes a llenar ciertos puestos con personas que podrían convertirse en bombas de demandas por discriminación. Me informan de que algunas compañías reservan 100.000 dólares para hacer frente a las costas legales y a los acuerdos extrajudiciales que tendrán que cubirir por por cada trabajador de edad que no está haciendo un buen trabajo. ¡Qué desperdicio!

El abogado Murray Schwartz ha ganado millones demandando a compañías por discriminación por edad. Me decía que "una empresa no debería poder decir que un tipo de 36 años haría mejor su trabajo que otro de 52".

–¿Simplemente no se les debería permitir?
–Nunca. Y eso es lo que dice la ley.

La ley sí. Pero la ley puede ser un fastidio, y la americana se contradice a sí misma. Los agentes del FBI tienen que jubilarse a los 57 años, los pilotos comerciales a los 65. ¿Pero es ilegal que la cadena ABC me despida si mi jefe piensa que soy demasiado mayor? Bruce Morrow ha sido una estrella de la radio durante décadas. Cuando los Beatles vinieron a América, Cousin Brucie, como era conocido entonces, los presentó. Hace tres años fue despedido de forma repentina. Estaba furioso, pero como ha sido propietario de de emisoras de radio posee una perspectiva diferente:

He despedido a bastantes disc jockeys. Estamos en el negocio del cambio. Mucha gente de la emisora que ha trabajado allí 15 ó 20 años ya no encaja más. Puede que no suene, en el sentido de la edad, adecuado. Hay problemas de ética. Pero [después] está la realidad.

Las leyes laborales americanas están en conflicto con la realidad. El Estado incluso intentó una vez obligar a Hooters, una cadena de restaurantes famosa por sus camareras insinuantes, a contratar a hombres para servir las mesas. Sólo después de que la empresa ridiculizase al Gobierno difundiendo anuncios retratando a un peludo chico de Hooters vestido con un exiguo uniforme de camarera, los abogados de la Comisión para la Equiparación de las Oportunidades Laborales abandonaron el caso.

Proteger a los trabajadores de más edad interfiere en la "destrucción creativa" del mercado, el proceso dinámico que permite a las empresas crecer a través del cambio constante. Ese crecimiento genera nuevas oportunidades para otros trabajadores, incluidos los de más edad.

Roger Pilon, del libertario Cato Institute afirma que los trabajadores deberían dejar de pensar que son titulares de sus puestos de trabajo: "La libertad permite la desigualdad, y el libre mercado en ocasiones la estimula; pero ¿cuál es la alternativa? Puesto que las categorías en las que la discriminación podría estar prohibida son en principio infinitas, al final nos encontramos con la muerte de la libertad individual".

Pilon plantea la pregunta básica: "¿a quién le interesa? Suponga que es usted un restaurador italiano y que quiere tener exclusivamente varones italianos como camareros porque ese es el entorno que usted desea. ¿No debería poder hacerlo?". Diría que sí, pero las leyes americanas dicen que no.

No necesitamos leyes contra la discriminación, sino un mercado libre y competitivo. La competición es mejor a la hora de castigar a los sexistas, los racistas y a los que discriminan por la edad que las leyes torpes. Si un jefe discriminase, digamos, a las mujeres, sería arrasado por un competidor que obtuviera mejores trabajadoras contratando a las mujeres que rechazó el primero. Si un grupo entero de directivos rechaza a las mujeres, los salarios de los hombres crecerían por encima de los de las mujeres, y un nuevo competidor barrería a los que discriminan contratando en exclusiva a mujeres.

Schwartz me preguntaba con indignación: "¿quién tiene derecho a decidir que debes dejar de trabajar cuando tienes 50, 52 ó 53 años? ¿El jefe?". Yo diría que sí, el tipo que paga tendría que poder decidir. "No", decía. "Usted es titular de su puesto de trabajo mientras lo desarrolle con eficacia". Esa es la postura de las leyes laborales parásitas de hoy día: usted es "titular" de su puesto de trabajo. Esta actitud se está imponiendo en la opinión pública. Nunca había recibido correos electrónicos tan obstinadamente hostiles:

"Espero que sea usted despedido". "¿Piensa usted que 50 y tantos son demasiado para tener un puesto de trabajo?". "¡No me tome el pelo! A menos que planee mantenerme durante los 10 próximos años, sugiero que revise su segmento".

Denme un respiro. Yo no dije que los trabajadores tuvieran que ser despedidos. Demonios, yo tengo 61 años. La audiencia está tan enfrascada en los "derechos" laborales que pasa por alto las nociones de libertad de asociación, propiedad privada, derecho del patrón a controlar una empresa que creó, etc. Las buenas intenciones son irrelevantes. Las políticas públicas siempre tienen nefastas consecuencias imprevistas. Un motivo de que Francia sufra desagradables disturbios a causa de la elevada tasa de paro son sus leyes laborales restrictivas. Los patronos franceses piensan, "no quiero contratar a alguien a quien no voy a poder despedir nunca".

Schwartz afirma que derogar las leyes de protección del trabajador sería "un desastre". No, las demandas y las leyes encaminadas a sofocar la innovación son el desastre.
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