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Ganaron el miedo y la ETA

Nada es casual, los más de 270.000 sufragios a Bildu son el fruto de años de miedo e intimidación en la escuela, en la calle e incluso en la iglesia.

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Con la serenidad que le caracteriza, Feijóo no hizo alarde ni ostentación de su gran victoria en las elecciones gallegas. El presidente in pectore de la Xunta sabe que sus 41 escaños han sido ganados con el miedo del electorado a la escena que había enfrente: el nacionalismo en dos versiones rijosas y un socialismo gallego dividido que ya no da para más.

Bárbaros en la Grecia clásica eran los extranjeros porque farfullaban, es decir, tenían un lenguaje primitivo sin apenas sintaxis, que es lo que llegará ahora al Parlamento de la mano de Beiras, cuya aportación al debate electoral estuvo plagada de conceptos tan elevados contra el PP y Feijóo como "pirañas" o "criminal". En los mítines, lo que más se le oyó fueron improperios y una consigna que era el lema de campaña: "Hay que pararlos"; similar, al del Bloque ("Para hacerles frente") porque, en realidad, la esencia del nacionalismo gallego es estar unido contra el PP, a las dos facciones sólo las separan egos y personalismos insolubles. Cosecharon más de 345.00 sufragios porque todo su electorado fue a votar; algo que no pasó con los de PP y PSdG.

La abstención y los votos en blanco afectaron sobre todo a estos dos partidos. Feijóo, al que ya postulan como relevo de Rajoy, tendrá una legislatura difícil, a pesar de su mayoría, porque los retos constitucionales y la crisis son pertinaces; y su labor será mirada con lupa por su electorado, que salió a las urnas por miedo y ahora quiere hechos, como el impulso decidido a la reactivación económica, el control del gasto o la libertad lingüística y la eficiencia académica en todo el sector educativo (verdadero feudo del nacionalismo en el que nadie se atreve a entrar).

En la otra orilla cantábrica, las elecciones en el País Vasco fueron deprimentes: todos los partidos perdieron, a excepción de los proetarras de Bildu, legalizados en su día por el Constitucional, cuya presidencia estaba ocupada por Pascual Sala. En Vascongadas simple y llanamente ganaron la ETA y lo que ello significa: el triunfo del totalitarismo y la intolerancia en una tierra machacada y ahora vencida por esta banda criminal y todos sus acólitos.

Los socialistas de Pachi López hicieron estos años el trabajo pacificador (se utiliza un lenguaje... como si allí hubiese una guerra, y lo que hay son asesinos que pegan tiros en la nuca a civiles inocentes), y ahora recogen las nueces en forma de votos el PNV y el infame entorno proetarra.

Nada es casual: los más de 270.000 sufragios a Bildu son el fruto de años de miedo e intimidación en la escuela, en la calle e incluso en la iglesia por parte del nacionalismo neurótico y criminal, que no han sido contrarrestados por el constitucionalismo. Mientras el PSE pacificaba y se hacía perdonar por no ser nacionalista (lo mismo le pasa en Galicia y Cataluña), el PP se pasó la legislatura de comparsa de López, hasta que la sombra del torturador Bolinaga lo hundió hasta los 129.000 votos, cuando en 2001 con Mayor Oreja había cosechado casi 327.000 papeletas.

Ahora Rajoy tendrá que leer estos resultados en Vascongadas como un aviso de lo que se avecina en Cataluña. Al presidente del Gobierno ya no le vale la economía para ir tirando, tendrá que hacer política de una vez por todas, porque el reino borbónico de España está en desguace.

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