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José García Domínguez

La nueva desamortización

De sobra sé que proponerse un análisis de la obra de Z como estadista es lo más parecido a redactar la biografía de una pompa de jabón.

De sobra sé que proponerse un análisis de la obra de Z como estadista es lo más parecido a redactar la biografía de una pompa de jabón. No obstante, y contra lo que muchos creen, el zapaterismo, en tanto que doctrina de Gobierno, no se deja encerrar en aquella frasecita de Heidegger: "La nada nadea". Muy al contrario, en estos cuatro interminables años de horror vacui también hemos asistido a un silencioso proceso de catarsis ideológica en el PSOE que, al cabo, terminará por destruir sus señas de identidad. Y es que poco, muy poco, se ha reparado en que la arribada al poder de esa nueva generación de dirigentes ha supuesto una mutación radical de los fines últimos que marcan la acción del partido. Así, el intervencionismo económico, viejo impulso motriz de la socialdemocracia hispana desde los tiempos de Pablo Iglesias hasta la hégira Felipe González, ha hecho mutis discretamente por el foro.

Tenía que dejar paso a una nueva praxis que mina los principios igualitarios que dieron sentido al propio nacimiento de sus siglas. Porque, hoy, si algo significa en España la palabra "socialismo" es, precisamente, desigualdad. Muerto y enterrado el secular jacobinismo del viejo PSOE; alegremente obviada la contradicción entre el discurso sobre la igualdad de las personas y el de la disparidad entre los territorios; la esencia del zapaterismo se concreta en la promoción de desigualdades selectivas gracias a los usos privatizados de cada vez más parcelas del Estado. Desigualdad exigen de él –y obtienen– los micronacionalistas con tal de que sus encomendados soporten dispar cobertura de prestaciones públicas, en función de cuál sea el feudo que los aloje.

Desigualdad defienden las muy mimadas minorías morales, sexuales y religiosas en su connivencia con el poder en pos de elevar prácticas marginales a canónicas ortodoxias estatales. Y gustoso se la otorga. Por la desigualdad clama esa infinita constelación de grupos sectoriales, lobbies, sindicatos, entramados corporativos y oenegés embarcados en una doble cruzada. Por un lado, la de extender a todos los frentes el asalto a los recursos del Erario. Por otro, la de imponer una legitimación institucional del descontrol absoluto en el goce privado de esos mismos recursos. Bien, pues repasar la colección del BOE durante esta legislatura es leer el cantar de gesta que certifica su victoria total, absoluta, sin paliativos. Al cabo, la almendra del zapaterismo se esconde en la historia de la primera mitad siglo XIX español: es la desamortización al revés.

Y así, hasta que el propio Estado se desvanezca igual que una pompa de jabón.

Tertuliano de La Noche de Dieter.

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