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Leandro Fleischer

¿Qué hizo mal, presidente? Yo le explico

Hágase y háganos un favor: termine su mandato con algo de dignidad, aunque sea para que cuando finalice su presidencia se recuerde de usted algún aspecto positivo.

Hágase y háganos un favor: termine su mandato con algo de dignidad, aunque sea para que cuando finalice su presidencia se recuerde de usted algún aspecto positivo.
Alberto Fernández y Cristina Kirchner. | Europa Press

Señor presidente Alberto Fernández: ¿cómo le va? ¿Ya está más tranquilo? Espero que sí.

Desde hace un tiempo lo noto perdido, dubitativo, nervioso; dice tonterías, participa en varios escándalos y es alcanzado por fuego amigo una y otra vez. Una parte de mí lo entiende, señor presidente: después de todo, tener que gobernar con gente a la que odia y que lo odia no es sencillo. Ha tenido que unirse a ellos solo por poder. Eso lo lleva a estar confundido. Pero bueno, ¿cualquier cosa vale para ser presidente? He aquí su primer error.

Tras la estrepitosa derrota del Gobierno que supuestamente encabeza (usted, todo el país y buena parte del mundo sabe que no es así), dijo: "Algo habremos hecho mal". Tras escuchar su declaración, uno tendería a pensar que no sabe cuáles fueron los errores (por decirlo de un modo elegante) que cometió. Permítame ayudarlo, presidente, con una explicación de las cosas que llevó a mucha gente a darle la espalda al oficialismo en las urnas.

Empecemos por el principio, es decir, incluso antes de las elecciones de 2019. El primer error fue aliarse con Cristina Fernández de Kirchner solo por motivos electorales, tras haber sido una de las personas más críticas con el kirchnerismo, al que acusó de corrupto, inepto y autoritario. Recuerdo sus peleas interminables contra los militantes de esa corriente del peronismo en las redes sociales. Sus intercambios de opiniones incluyeron insultos y hasta comentarios sexistas de su parte. Sí, ahora se hace el progresista, igual que su vice (énfasis en las cursivas), pero bueno, sabemos que por poder son capaces de cualquier cosa. Si hay que decir "argentinos, argentinas y argentines" para captar el voto progre, pues lo harán. Los conozco, y cada vez más personas los conocen, y es ahí donde tienen un grave problema, ya que cuanto más los conocen, menos les creen. A propósito del progresismo: el ultraconservador y ultraderechista Google Documents, en el que estoy volcando estas palabras, me marca el término argentines como error.

Cristina lo necesitaba, señor Fernández, porque con su núcleo duro de sectarios y sumisos no le alcanzaba, por lo que precisaba de alguien con una imagen más moderada, como la que usted tenía (sí, en tiempo pasado). Lo puso como candidato a presidente y ella se presentó como vice para dirigir el país a través suyo, no por nada lo bautizaron Albertítere. Ganaron la elección, que fue considerada un voto de castigo al expresidente Mauricio Macri. A partir de allí, el mandato se convirtió en un circo que ha hecho mucho daño debido a la cantidad de políticas desastrosas que han llevado a cabo, los llamados "errores".

Es cierto que el Gobierno ha tenido que lidiar con la pandemia casi desde el principio, pero pocas sociedades en el mundo tuvieron que enfrentar las restricciones que sufrimos. Argentina tuvo la cuarentena más larga del mundo, siendo un país con un gran porcentaje de pobreza y altísimos índices de inflación, solo superado en la región por Venezuela, donde gobierna la dictadura cavernícola de Nicolás Maduro, a la que, claro, ha defendido contra su voluntad por el mandato de su jefa vice.

Los comercios comenzaron a cerrar, las empresas extranjeras a irse y la pobreza a aumentar, pero usted se mantuvo firme diciendo que prefería tener "un 10% más de pobres a 100 mil muertos por coronavirus". Al final pasaron ambas cosas. En realidad, fue peor que eso. ¿Lo asesoraron mal o no permitió que lo asesoraran y sólo respondía a la jefa?

Recuerdo sus declaraciones calificando de "idiotas" a aquellos que incumplían alguna de sus duras restricciones para tomar sol, pasear al perro o ganarse la vida. Cualquier reunión era tildada de "fiesta clandestina" y en una entrevista expresó que "se terminó el país de los vivos". Sin embargo, después se filtraron fotos y videos de la fiesta de cumpleaños de su esposa Fabiola en la Quinta de Olivos (la residencia presidencial) celebrada en julio del 2020. Mientras la población estaba encerrada y usted la amenazaba con prepotencia, ustedes llevaban a cabo un evento festivo con varios invitados sin cumplir ninguna de las restricciones por usted decretadas, ya que ni siquiera usaban tapaboca o mantenían distancia social. No solo eso, sino que además mintió durante un año, ya que antes de la fiestita y después de que los medios revelaran que a la Quinta de Olivos habían ingresado varias personas, usted dijo que era "personal esencial" que había podido acceder a la residencia por motivos laborales. La gente se sintió humillada. Se hizo más que evidente que ustedes se sienten parte de una casta superior que tiene derecho a hacer lo que les plazca y que los civiles, sobre todo los que menos tienen, son solo peones de ajedrez usados para mantenerse en el poder, por eso mantienen una pobreza estructural eterna, ya que no hay mejor forma de convertir a los necesitados en dependientes de la autoridad.

Los comercios cerraban, las empresas se iban y la desocupación y la pobreza aumentaban, pero usted decidió seguir cobrando los altísimos impuestos como si nada estuviera sucediendo y mantener el enorme tamaño del Estado y los jugosos salarios de los funcionarios. ¿Qué esperaba? ¿Un agradecimiento?

Después tuvo que defenderse por la "fiesta clandestina" en la residencia presidencial, señor Fernández. Y no se le ocurrió mejor manera que culpar a su mujer. Otra actitud sexista de un hombre que se dice progresista. Luego dijo que no dijo lo que dijo, y que se hacía responsable de sus actos, pero cual presa acorralada empezó a gritar descontroladamente acusando a Macri de todos los males del país. El famoso "pero Macri" usado por el kirchnerismo cuando le echan en cara los desastres que hacen. Resulta que el "pero Macri" se convirtió en "pero Alberto", como ya veremos a continuación. Hubiera sido mejor pedir disculpas y callar, presidente.

Este no fue el único escándalo del que fue partícipe, señor Fernández. Tal vez quiera olvidarlo, pero ¿recuerda que durante la visita del presidente del Gobierno de España afirmó que "los mexicanos salieron de los indios, los brasileños de la selva y los argentinos de los barcos"? Entiendo que cuando uno tiene que formar parte de una alianza con gente tan distinta, que además lo odia y le da órdenes, uno puede confundirse y marearse. Pero me pregunto cómo fue que aprendió historia o quién lo asesoró para decir semejante genialidad que nos dejó tan bien parados en el mundo.

¿Qué decir de la forma en que el Gobierno se expresó durante el conflicto entre Hamás e Israel en mayo, después de que la organización terrorista islámica lanzara una andanada de misiles hacia Jerusalén, cuando casi que culpó al Estado judío por el conflicto? Siempre del lado correcto de la Historia, claro, como cuando se puso del lado de las dictaduras cubana y venezolana con frases insólitas como "No conozco exactamente la dimensión del problema en Cuba" o "El problema de los derechos humanos en Venezuela fue desapareciendo".

Pero, más allá de su diplomacia desastrosa, la gente estaba harta del engaño, la mentira y la crisis económica. Nadie se olvida que prometió "poner a la Argentina de pie", "carne" y "llenar heladeras". Al final, la Argentina se puso de pie para repudiarlo, obtuvo polenta en vez de carne y las neveras comenzaron a estar cada vez más vacías porque el valor de la moneda cayó por un precipicio infinito.

Aliarse con el kirchnerismo no es gratuito. Equivale a ingresar a un pantano para alimentar a los cocodrilos. Cuando se queda sin carne, el alimento es usted. Y lo están devorando, presidente. Después de la derrota electoral, le intentaron hacer un golpe de palacio con una ola de renuncias; se filtró un audio de la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos insultándolo a usted y a todos los funcionarios que responden a usted, afirmando que están en sus cargos solo por Cristina y que deben "allanarse" más a los mandatos de la jefa; y la misma Cristina escribió una carta tomando distancia de usted, ya que señaló que éste era "su" Gobierno (sí, solo suyo, señor) y, palabras más palabras menos, sostuvo lo mismo que Vallejos pero sin los agravios insólitos de la diputada. Pero eso sí, el próximo 17 de octubre, como cada año, se celebrará el Día de la Lealtad Peronista. Con leales así, ¿quién quiere enemigos? Se dejó llevar por los aplausos de las focas kirchneristas y por la cobertura amistosa de los medios adictos, pero, como cualquier peronista leal, sus aliados lo desechan como una botella vacía en cuanto no les sirve para sus ambiciones de poder, que al fin y al cabo es lo único que les interesa. Bueno, usted sabe de eso.

Tras la guerra interna, se llevaron a cabo algunos cambios en el Gabinete, se anunciaron más repartijas de dinero y las autoridades kirchneristas de algunas localidades del Gran Buenos Aires comenzaron a regalar refrigeradores (tal vez se llenen esta vez), bicicletas y garrafas de gas. Además, de pronto, parece que la pandemia en el país se ha terminado y las restricciones se están eliminando de la noche a la mañana. Populismo de manual.

Sin embargo, como señalé anteriormente, la gente se está cansando de ser esclava y muchos se están dando cuenta de cuál es objetivo oculto detrás de las dádivas del Gobierno, sobre todo cuando las autoridades están desesperadas y tirando manotazos de ahogado. Ya está, la mentira está quedando al descubierto, el rey está desnudo, y la reina también, por más que intente tomar distancia tras el revés en las urnas.

La mayoría de las personas pueden defender una ideología hasta que la nevera empieza a quedar vacía, hasta que las mentiras empiezan a descubrirse por la idiotez de sus líderes. Porque convengamos, señor Fernández, que, más allá de nuestras diferencias, lo creía una persona más capaz, pero, por todo lo mencionado anteriormente y mucho más, queda a las claras que usted emite una flatulencia para disimular que movió una silla. Uno puede ser hipócrita, malvado, cínico y oportunista sin dejar se ser inteligente. Eso lo puede aprender de su jefa.

El desprecio que la casta kirchnerista siente por la gente se pudo observar en la frase del exministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires y candidato a diputado kirchnerista Daniel Gollán, quien afirmó que "con un poco más de platita en el bolsillo, la foto en Olivos no hubiese molestado tanto". Sin olvidarnos del vacunatorio VIP, claro, cuando funcionarios y militantes kirchneristas recibieron la inyección cuando no debían hacerlo, ya que no tenían enfermedades subyacentes ni la edad para ser vacunados contra el covid-19.

A ver si se entiende, señor Fernández, el aparato de adoctrinamiento estatal suele crear gente ingenua y dependiente, pero a esa misma gente no le gusta enterarse que lo es; cuando lo hacen, está perdido. ¿Comprende? Y las promesas absurdas empiezan a ser solo palabras en el aire, porque ustedes ya no saben qué ofrecer por un voto, llegando al punto de que durante la campaña previa a las primarias la candidata a diputada Victoria Tolosa Paz propuso incluso relaciones sexuales frecuentes, porque, tal como expresó durante una entrevista, "en el peronismo se garcha". Sí, es evidente, señora, y todavía nos duele.

Los fanáticos kirchneristas ahora van a ir para donde indique la jefa, tal como lo señaló una de estas militantes en Twitter: "Cristina, como siempre a tu lado. Yo te sigo incondicionalmente hasta donde sea. Y a Alberto, hasta donde me digas". Usted sigue por el camino del populismo rancio apretando el acelerador, pero se va a estrellar contra un árbol. Y si Cristina cree que ella no está manejando ese automóvil, se equivoca. Usted acelera, pero ella le ordena hacerlo bajo amenaza.

La situación ha llevado a que incluso el liberalismo haya dejado de ser una mala palabra en Argentina y políticos de ideología profundamente liberal, como Javier Milei, Ricardo López Murphy o José Luis Espert, entre otros, hayan empezado a cobrar una fuerza impensada en el país.

Señor presidente: deje de demostrar con sus medidas y gritos que está acorralado. Ahora resulta que su mujer está embarazada, lo felicito, pero ya no podrá sacar rédito político de este tipo de situaciones, no podrá borrar todo lo que hizo. Tal vez sólo pueda decir que Tolosa Paz tenía razón. Es todo. La gente, aparentemente, está cambiando. Hágase y háganos un favor: termine su mandato con algo de dignidad, aunque sea para que cuando finalice su presidencia se recuerde de usted algún aspecto positivo. Aléjese de la jefa, no tema, tome aunque sea una decisión pensando solo en la gente y no en la reacción de Cristina, su entorno o algún sindicalista mafioso. Demuestre que estamos equivocados, que usted no es idiota, inepto, cínico, hipócrita e indigno , sino un simple cobarde y sumiso. Los cobardes pueden tener un ataque de dignidad, los indignos nunca.

Saludos.

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