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SALE EL ESPECTRO

11-S/11-M. Bush/Zapatero

La vida está en la literatura. La meditación sobre el poder de la literatura es una de las líneas centrales de Sale el espectro, de Philip Roth. La ficción es lo único importante. La realidad de los sentimientos no es nada al lado de la creación literaria. La ficción, el trabajo duro de construcción de frases y frases, es la literatura. Punto. Empecemos otra vez a leer, a releer, y a escribir. La literatura es una necesidad para determinados seres humanos. Éstos la hacen universal. Literatura: leer y escribir.

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Abro la novela por el segundo capítulo y leo: "Después del 11-S, cerré la caja de las contradicciones. De lo contrario, me dije, te convertirás en el loco ejemplar que escribe cartas al director, el cascarrabias de pueblo, manifestando el síndrome en toda su furiosa ridiculez: despotricando y desvariando mientras lees el periódico, y por la noche, al hablar por teléfono con los amigos, clamando indignado sobre la perniciosa rentabilidad por la que el patriotismo auténtico de una nación herida estaba a punto de ser explotado por un rey imbécil". Curioso. Cambio "11-S" por "11-M" y "rey" por "presidente" y vale para España lo que está escrito para EEUU.
 
Lo dicho por los demócratas de allí, en palabras de Roth, es lo mismo que repiten los demócratas del PP de aquí: "No sé qué haría si Bush [o sea, Rodríguez Zapatero] repitiera mandato. Sería el final del camino para todo un estilo de entender la vida política. Toda la intolerancia de esa gente se centra en atacar a la sociedad liberal. Significaría que seguirían haciendo retroceder los valores del liberalismo. Sería terrible. No creo que pudiera soportarlo". ¿Quién sabe? Sospecho que lo soportarán y seguirán lamentándose: "Bush", o sea Rodríguez Zapatero, "se dirige al núcleo ignorante. Éste es un país muy atrasado, y es fácil engatusar a la gente, y él actúa exactamente como un vendedor ambulante de remedios milagrosos…".
 
Sigo leyendo y hallo paralelismos relevantes entre personajes de EEUU y de España, y algo similar me sucede con muchas de las situaciones descritas, en realidad ficciones construidas por Roth. El único que no tiene paralelo es el protagonista de esta novela, que vuelve a ser el judío Zuckerman. Gran trasunto literario del propio autor.
 
Ése es el personaje que nos falta en España. El protagonista de las novelas de Roth, el famoso Nathan Zuckerman, su célebre protagonista y alter ego, quizá no tenga muchos personajes equivalentes en la España rara y populista que desgobierna el hombre de las cejas circunflejas. Creo que sería bien recibido un hombre viejo y creíble, inteligente y escéptico como Zuckerman que pudiera mostrarnos con cierta frialdad nuestras miserias. En realidad, nuestra carencia de sentido…
 
Echo en falta a un Zuckerman, sí, a un personaje literario que me contara qué está pasando en este país. Sería una gozada que apareciese alguien, un hombre que hubiera vivido retirado en la privacidad, casi relamiéndose en su soledad e intimidad de los afectos durante de once años, y se sumergiera en lo público para retratarlo. Alguien que me dijera de verdad qué piensan sobre su país, sobre la literatura, en fin, sobre la cultura las jóvenes generaciones de escritores. Es necesario alguien que literariamente hable también con sus coetáneos para que contrasten sus concepciones, sus esperanzas y, sobre todo, sus decepciones.
 
Lucian Freud: REFLECTION (detalle).Decepciones, o mejor, la decepción –término que englobaría a otros como soledad, enfermedad, suicidio, muerte y otros cercanos a la decadencia moral y física–, es un todo literario, que habla a todos globalmente considerados y a cada uno de nosotros. Literatura de decepción que limita con el desgarramiento y la ironía satírica.
 
La decepción, sin embargo, no define esta novela, sino que es el estro de toda la literatura de Roth. También de esta última obra. Otra vez, estamos ante una novela dura. Nada que ver con pasar el ratito. Allí, todas las vidas, empezando por la del protagonista y narrador, son de novela. La realidad dolorosa está ahí para ser contada. ¿Narración terapéutica? No, no, narración dolorosa. Catártica. No hay catarsis sin sufrimiento. Gran literatura: "Amplificación literaria del dolor". Ese dolor está narrado con dureza y expresión realista, porque el judío Roth no es utópico ni contrafáctico. Sólo escribe conjeturas. Arte. Roth no hace otra cosa que no sea literatura.
 
Ni siquiera cuando pontifica sobre política tiene otro compromiso que no sea el literario. Después de una larga andanada antirrepublicana, cuando ya nadie espera otra cosa que no sea algo políticamente correcto, deshace el entuerto magistralmente.
 
Me explico:
 
Un matrimonio joven. Ella es rica y escritora y él, pobre y judío. Los padres de ella votan republicano en Houston y los de él, al Partido Demócrata en Filadelfia. El matrimonio progre y antirrepublicano está tocado, ella casi al borde de un ataque de histeria, por la victoria de Bush de 2004… No soportan a los padres ricos de Houston y sienten "ternura" por los judíos de Filadelfia. Llaman a éstos para consolarse por la derrota demócrata, pero el marido está confuso al teléfono:
Mi padre ha votado por Bush –dijo, tan sorprendido como si hubiera descubierto que su padre había atracado un banco–. Me lo ha dicho mi madre. Cuando le he preguntado por qué, ella ha respondido: "Por Israel". Le había preparado para que votara a Kerry, y cuando sale de la cabina le dice: "Lo he hecho por Israel".
La escritura de Roth no es militante. Es artística. "El militante presenta la fe, una gran creencia que cambiará el mundo, y el artista presenta un producto que no tiene cabida en este mundo, que es inútil. El artista, el escritor serio, introduce en el mundo algo que ni siquiera estaba ahí al comienzo". Su narrativa, por decirlo en palabras que él dirige a Hemingway, elude la paráfrasis y la descripción. Recurre al pensamiento. Su ficción es inviable sin pensamiento.
 
Esta novela describe, claro, pero es sólo una apariencia de algo más sutil. De un pensar literario a través de la visión. Roth es absolutamente literario. Crea a partir de sus ojos. Es un pintor de almas. Decepción, ocaso, caída, en fin, dolor y desamor, o lo contrario, plenitud y amor, no son para Roth afecciones carnales, "sentimientos" vinculados al cuerpo y cosas así… Son mucho más. Son literatura.
Pero ¿no es el cociente de dolor suficientemente espantoso sin la amplificación literaria, sin dar a las cosas una intensidad que en la vida es efímera y a menudo pasa incluso desapercibida? Para algunos no. Para unos pocos, muy pocos, esa amplificación que se desarrolla vacilante a partir de la nada constituye su única seguridad, y lo no vivido, lo conjeturado, plasmado sobre el papel, es la vida cuyo significado llega a importar más.
Pues eso, lean a Roth. Lean despacio, sin querer saber más que el autor, la que será, seguramente, la última aventura de su protagonista Zuckerman por un mundo perfectamente prescindible. Vanidoso. El mundo real. El otro, el literario, el de la ficción, permanecerá. Es eterno como la Odisea.
 
 
PHILIPH ROTH: SALE EL ESPECTRO. Mondadori (Barcelona), 2008, 256 páginas.
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