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CUENTOS CHINOS

El fracaso latinoamericano

Entre La guerra de guerrillas del Che y Las venas abiertas de América Latina de Galeano, toda una generación de españoles y latinoamericanos asumió una visión rousseauniana de lo que acontecía al otro lado del Charco. Bajo este prisma, se creía que aquellas tierras se habían echado literalmente a perder desde que fueron conquistadas por los españoles. El indígena, que vivía en paz, fue colonizado y despojado de su cultura.

Entre La guerra de guerrillas del Che y Las venas abiertas de América Latina de Galeano, toda una generación de españoles y latinoamericanos asumió una visión rousseauniana de lo que acontecía al otro lado del Charco. Bajo este prisma, se creía que aquellas tierras se habían echado literalmente a perder desde que fueron conquistadas por los españoles. El indígena, que vivía en paz, fue colonizado y despojado de su cultura.
A día de hoy, son muchos, muchísimos, los latinoamericanos que –hayan leído o no al guerrillero y al millonario uruguayo– siguen pensando que la culpa de sus males la tienen los otros.
 
En Cuentos chinos, el periodista sudamericano más influyente, el argentino Andrés Oppenheimer, describe con certeza la mentalidad que impide a países como el suyo salir de la pobreza y convertirse en naciones con democracias sólidas en las que, por ejemplo, la libertad de prensa y los derechos humanos se hagan valer.
 
Como paradigma de esa mentalidad, el autor relata cómo Kirchner demostró en una de sus visitas a España, ante un nutrido grupo de empresarios, que era capaz de justificar el atropello a empresas extranjeras arguyendo que ya habían ganado demasiado dinero en su país. Y, en un diario argentino, incluso llegó a añadir lo que sigue: "Los empresarios españoles van a tener que respetar las reglas de juego". Vamos, que los equiparó con una panda de bucaneros. Si, además, consideramos los desplantes con que ha tratado a mandatarios como Bush o Putin, se comprende la estupefacción e indignación del periodista del Miami Herald.
 
El millonario Galeano ha escrito que "no hay riqueza que no resulte, por lo menos, sospechosa". Galeano es poco menos que un gurú en Argentina. Y Argentina tiene un presidente que ve con malos ojos a las empresas que ganan dinero. Así las cosas, parece poco menos que imposible que la República Austral salga del atolladero moral y económico en que se encuentra.
 
Y quien habla de Argentina habla de ese manojo de países de Latinoamérica que ha decidido emprender la vía suicida al desarrollo. De Venezuela en primer lugar, claro.
 
Aunque Oppenheimer ofrece una disección interesante de lo que sucede en los países más representativos del continente, es una lástima que no sea capaz de desentrañar el alma de los iberoamericanos, como hiciera el venezolano Carlos Rangel en su célebre Del buen salvaje al buen revolucionario. En gran medida, nos decía Rangel, la tragedia de Latinoamérica se debe a la mezcla de irresponsabilidad y envidia que genera el socialismo.
 
Oppenheimer no presenta un ensayo que sirva como palanca para un cambio de mentalidad entre los políticos y líderes de opinión, pero demuestra, al comparar a América Latina con Irlanda, los países de la antigua Europa comunista o China, que cuando un país tiene claras sus aspiraciones y procura abrirse a la inversión extranjera, reducir los impuestos y contar con una mano de obra preparada, puede alcanzar, incluso superar, la renta media de Alemania y Gran Bretaña, como ha sido el caso de Irlanda. Por desgracia, América Latina, con un 43% de la población en la miseria, sigue empeñada en ese ayuntamiento con el populismo que tanto daño le está haciendo.
 
Es una lástima que Oppenheimer pierda el tiempo criticando a las Administraciones Bush y Clinton por no haber apoyado más a los países del Cono Sur, porque esa no es la verdadera clave del progreso. Para acabar con el drama de la pobreza no basta con derramar dinero sobre Iberoamérica: la única solución pasa por globalizar las mentes y arrojar al vertedero el neomarxismo, la teoría del subdesarrollo y las campañas del 0,7%.
 
Salvo por el capítulo dedicado a las falacias de Bush –que, como hemos dicho, no acaba de resultar convincente– y algún otro detalle adicional, Cuentos chinos es un libro-reportaje que convendría que nuestros progresistas patrios y, en especial Rodríguez Zapatero, leyeran detenidamente.
 
El modelo latinoamericano es un desastre, se mire como se mire. Asumirlo sería tanto como cortarse las venas.
 
 
ANDRÉS OPPENHEIMER: CUENTOS CHINOS. Debate (Barcelona), 2006, 397 páginas.
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