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UNA VISIÓN CRÍTICA SOBRE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL

Historiografía de derecha

Seguramente la mayoría de los estudiantes y aficionados a la historia tiene una imagen pésima de la historiografía de derecha. Esa imagen no procede sólo de la ignorancia, sino de la sistemática y eficiente descalificación de ella por los intelectuales de izquierda, hegemónicos en la universidad y en los medios y cuya única virtud consiste en saber posar de progresistas o marxistas –ahora no tanto–, con una apabullante falta de sentido crítico.

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El método utilizado es el silenciamiento o, si el autor consigue hacerse oír, la frase despectiva y como de pasada, como si estuviera de sobra leer al así aludido; o bien campañas de desprestigio personal de un estilo también muy marxista. Esto lo hacen tanto ciertos historiadores "profesionales", usurpando la representación del gremio, como otros supuestos enterados. Así, Fernando Fernán Gómez ha escrito una tercera en ABC sobre la "Retrohistoria" (¡toma castaña con el palabro! Como si pudiera historiarse el futuro), lo que otros llaman "revisionismo". El buen Fernán se escandaliza de que los "retrohistoriadores" señalen el comienzo de la Guerra Civil en 1934, asegura que no se les debe tomar en serio y termina exponiendo su enfoque, simple de toda simpleza, con una tosca anécdota sobre pobres y ricos, que él parece creer muy ingeniosa.
 
Fernán, director y actor de cine bastante bueno, ignora aquí casi todo sobre lo que habla. Pero se comprende: el actor sufrió bajo el franquismo una persecución implacable a base de premios y oportunidades profesionales, y, lógicamente, está resentido. Tanto más cuanto que él, hombre de humilde posición, se alinea con los pobres, y ya se sabe que Franco y la Iglesia estaban con los ricos. Él se ha proclamado anarquista de salón, entiende el terrorismo ácrata al modo como Gibson la matanza de Paracuellos, ha aceptado integrarse en la libertaria Real Academia y escribe en el ácrata diario ABC… En fin, seguimos inmersos en la farsa.
 
Para estos intelectuales no cuenta la verdad, sino tan sólo unos imaginarios "intereses de clase" defendidos por ellos, nos informan. Por consiguiente, su actitud ante las tesis contrarias no tiene que ver con la crítica intelectual, buscando más bien identificar al adversario con los "intereses de los explotadores", o con el franquismo, y enterrarlo en el "basurero de la historia". En otro tiempo lo explicaban los partidos comunistas: "Nuestros camaradas y los miembros de las organizaciones amigas deben continuamente avergonzar, desacreditar y degradar a nuestros críticos. Cuando los obstruccionistas se vuelvan demasiado irritantes hay que etiquetarlos como fascistas o nazis. Esta asociación de ideas, después de las suficientes repeticiones, acabará siendo una realidad en la conciencia de la gente".
 
Ramón Salas Larrazábal.En otros artículos he expuesto ejemplos del empleo de este tipo de "crítica" con autores como Ricardo de la Cierva, Arrarás, los hermanos Salas Larrazábal, Martínez Bande y otros. Y debe reconocerse que han usado el truco con tanta destreza como buenos resultados, aunque últimamente les está fallando bastante. A resultas de su esterilizante labor, gran cantidad de obras de primer orden permanecen ignoradas y, lo que es peor, despreciadas por la mayoría de los estudiantes e historiadores jóvenes. Ni siquiera suelen citarse, como si no existieran, libros tan básicos y no superados, salvo en detalles, como Historia política de las dos Españas, de García Escudero, absolutamente superior a las divagaciones de Santos Juliá sobre el mismo tema; o la Historia del Ejército Popular de la República, de Ramón Salas, también muy superior al estudio de Alpert, o Guerra aérea, 1936-39, de Jesús Salas; o se despacha con algún comentario superficial una obra tan brillante como la de Bolloten sobre la revolución durante la guerra, o las magníficas monografías de Martínez Bande, etc.
 
Un rasgo de esta historiografía –por seguir la convención, vamos a calificarla de derechista, aunque habría que llamarla "historiografía veraz", en contraste con la más habitual en estos años– es su atención a las fuentes primarias. Su minuciosidad y precisión vuelven esos estudios muy voluminosos y poco manejables, pero también los convierten en obras de referencia fundamentales para quien quiera huir de las "pestíferamente correctas" historias habituales.
 
Una muestra más reciente de este tipo de trabajos es La guerra silenciosa y silenciada, de los vicealmirantes Fernando y Vicente Salvador Moreno (tenemos en España un buen número de militares excelentes historiadores), publicada en 1998 sin que haya alcanzado ni remotamente el eco que merece. Consta de cinco gruesos volúmenes, fruto de doce años de investigación en los archivos de los Servicios Históricos de la Armada y del Ejército, y con aportación de numerosos testimonios personales. Trata de la Guerra Civil en el mar, tradicionalmente preterida en los estudios pero que, sin embargo, tuvo la mayor importancia.
 
Vista parcial del cruceo ISLAS CANARIAS, empleado por las fuerzas franquistas.El Frente Popular, como es sabido, se quedó con la mayor parte de la Armada y de la aviación, y este hecho, por sí solo, pudo haber decidido la contienda en los primeros días, y más tarde haber obstaculizado de forma quizá decisiva el esfuerzo bélico de los nacionales. Sin embargo, los revolucionarios fueron incapaces de tomar la iniciativa. Esto se ha achacado, y en parte es cierto, a la pérdida, en el primer momento, de una alta proporción de oficiales. Sin embargo, la pasividad esencial de la flota continuó el resto de la guerra, a pesar del asesoramiento soviético y del tiempo suficiente para formar nuevos mandos. El hundimiento del crucero nacional Baleares demostró lo que podrían haber hecho con una dirección más acometiva, pero ésta no existió, dedicándose los barcos fundamentalmente a la protección de convoyes en el Mediterráneo, tras haber perdido totalmente el dominio del Atlántico y el Estrecho.
 
Por contraste, los nacionales, mandados sobre todo por el almirante Moreno, desplegaron una intensa actividad pese a su inferioridad material, logrando hundir numerosos barcos adversarios y perjudicar seriamente sus suministros marítimos, paralizándolos a veces. Un hecho muy poco conocido fue la guerra de corso realizada secretamente por dos buques franquistas en el Mar del Norte, en condiciones meteorológicas extremas,. Con ella detuvieron buena parte del tráfico enemigo, en especial el movilizado por el PNV, obligando a sus barcos a refugiarse en los puertos escandinavos y británicos. En conjunto, Moreno demostró una pericia y agresividad excepcionales, para verse preterido injustamente por Franco después de la contienda.
 
Una nota sobre Arrarás: pocos historiadores han sido tan "machacados" como él por sus rivales de izquierda, debido sobre todo a sus invectivas contra la sacra figura de Azaña. A menudo me acusan de basarme en sus obras, lo cual me habría descalificado para los restos. La verdad, comprobable para cualquier lector, es que apenas me he basado en Arrarás, y sí, sobre todo, en fuentes de la izquierda. Pero debo señalar que su crónica de la II República, en cuatro tomos, constituye un libro de imprescindible consulta por su enorme aportación de datos veraces. Los mismos que le niegan el pan y la sal no dudan en saquear ese espléndido trabajo, es decir, en hacer uso de él sin citarlo. Otra historia muy interesante de la república, la de Josep Pla, es hoy material de bibliófilos.
 
Con este artículo concluyo la serie de los introductorios, para tratar en adelante, de manera concreta, los episodios de la República y la Guerra Civil, lo que haré semanalmente y a lo largo, probablemente, de todo el año próximo y lo que queda de éste. El próximo versará sobre la "prehistoria de la tragedia", como la llama Bartolomé Bennasar.
 
 
UNA VISIÓN CRÍTICA SOBRE LA REPÚBLICA Y LA GUERRA CIVIL: La importancia actual del pasado Errores de detalle Los enfoques sentimentales – El enfoque moralista – El enfoque marxista.
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