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THE WOMEN, DE T. C. BOYLE

La casa vacía de Frank Lloyd Wright

Muy probablemente Frank Lloyd Wright (1867-1959) habría estado encantado con la más reciente novela del escritor norteamericano T. C. Boyle.

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En The women, Boyle relata la turbulenta vida amorosa de este genio, cuyos diseños revolucionaron los conceptos arquitectónicos del siglo XX, desde la perspectiva de las cuatro mujeres que en algún momento fueron sus esposas o amantes.

Todo indica –y T. C. Boyle, por medio de Sato Tadashi, un discípulo ficticio del arquitecto convertido en el hilo narrador de la historia, lo enfatiza– que Wright amaba la notoriedad tanto como a las mujeres. Ahora, en el cincuenta aniversario de su muerte, ocurrida el 9 de abril de 1959, el creador, entre otras grandes obras, del museo Guggenheim de Manhattan se sentiría más que satisfecho al comprobar que sus líos románticos han inspirado numerosos libros (Amar a Frank, por ejemplo), tal vez porque no deja de asombrar que desplegara semejante creatividad mientras estaba inmerso en complicadísimas e incluso trágicas historias de amor.

No es extraño que T. C. Boyle, uno de los más reputados valores literarios de la literatura americana contemporánea, se asomara a la vida del precursor de la arquitectura orgánica. A Boyle le interesan los visionarios con vocación mesiánica, que han abundado en el tejido social de los Estados Unidos. En dos obras anteriores, The road to Wellville (1993) y The inner circle (2004), se ocupó de novelar las vidas de John Harvey Kellogg y Alfred Kinsey, respectivamente. Kellogg estableció un sanatorio en una localidad de Michigan en el que los enemas diarios y la ingestión de cereales eran obligatorios. Por fortuna para los americanos, sólo la segunda de sus obsesiones se popularizó, con los productos Kellogg's. El sexólogo Kinsey, por su parte, canalizó sus propios demonios interiores y sus particulares pulsiones sexuales en una comuna de científicos donde compiló el exhaustivo Informe Kinsey. A Boyle le apasiona el estudio de quienes, desde un plano superior y con vocación de gurús, someten a los demás a sus caprichos y deseos. Era inevitable que tarde o temprano se topara con el encantador y manipulador arquitecto, cuyo espíritu acabó, tal vez, por poseerlo también a él, pues Boyle vive en una casa en Santa Barbara (California) diseñada por aquél.

Frank Lloyd Wright.Narrada en un orden cronológico en sentido contrario, The women comienza con la tercera y última esposa de Wright, Olgivanna, una bailarina mucho más joven que él, alumna de otro iluminado, el místico Gurdeijev. Antes había estado casado brevemente con una socialité, Miriam, cuya explosiva personalidad y adicción a la morfina no contribuyeron a la estabilidad matrimonial. De hecho, Miriam irrumpe en el horizonte del arquitecto para consolarlo de la pérdida de su amante, Mamah, quien murió calcinada junto a sus dos hijos en un incendio provocado por un sirviente contrariado. El siniestro ocurrió en Taliesin, el santuario que Wright diseñó en las colinas de Wisconsin para refugiarse intermitentemente con las mujeres que entraban y salían de su vida con el vértigo de una puerta giratoria. Pero antes que Mamah, en la génesis de su trayectoria sentimental, había reinado Kitty, su primera mujer, una abnegada madre de familia que le dio seis hijos, algunos de los cuales llegaron a ser notables arquitectos.

A estas mujeres, observadas desde la sombra por el ficticio aprendiz japonés que forma parte de los becarios que trabajaban para Wright casi en calidad de criados, las une el sometimiento, incluso la anulación de su personalidad, frente al maestro, a quien siempre había que atender para propiciar e impulsar su obra. En sus casas, bellas por fuera pero aquejadas de falta de calefacción, goteras y un pésimo sistema eléctrico, estaban prohibidas las cortinas, los cuadros y otros objetos hogareños que no fuesen las obras de arte japonesas que coleccionaba. En el impresionante cascarón que era Taliesin, armónicamente mezclado con la naturaleza, imperaba el sentido estético del artista sobre las necesidades de una familia de carne y hueso. Ferozmente narcisista, Wright, después de embriagar a sus amantes con un primer saque a golpe de charme, las transformaba en amas de llaves, estrictas gobernantas de la villa, celadoras de la vida de los otros.

En este fallido relato, que es más un docudrama o una biografía novelada, desfilan las mujeres del insigne arquitecto en una convulsa historia con tufo a melodrama, a novelón de matiné, en el que se arrebatan el trono unas a otras en situaciones que a veces rayan el vodevil francés. Hay divorcios truculentos, infidelidades hirientes, señoras casadas, como fue el caso de Mamah, dispuestas a dejar atrás a sus hijos por huir a Europa con Wright. Pero al final de esta voluminosa novela en la que sobran diálogos de culebrón poco o casi nada sabemos de la psiquis de unos seres dispuestos dejarse cosificar por el fascinante personaje que pasa del enamoramiento a la indiferencia helada con la ligereza de quien sólo se quiere a sí mismo. A lo largo de esta mala educación sentimental tampoco conseguimos conocer a fondo a Frank Lloyd Wright, más allá de su puntilloso empeño por mantener Taliesin (su Brigadoon arquitectónico) como un estéril museo para su gloria y admiración de los visitantes. Boyle fracasa en el intento de profundizar en los motivos que impulsaban a su protagonista a hacer de su vida afectiva un enredo tan monumental como sus diseños arquitectónicos.

Una vez más, lo que sí queda claro es que en el carácter del genio indiscutible, del artista reverenciado, del intelectual comprometido, puede habitar sin remordimiento la esencia cruel y destructora del egoísta consumado. El gran Frank Lloyd Wright tocó la gloria, pero apenas rozó el amor.


T. C. BOYLE: THE WOMEN. Viking Penguin (2009), 464 páginas.
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