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REINO UNIDO

La incógnita Cameron: ¿Blair o Zapatero?

Queda poco más de un mes para que David Cameron cumpla un año como primer ministro del Reino Unido. El líder tory puso fin a 13 años de dominio laborista en la política británica con una idea tan imaginativa como arriesgada, aunque también casi forzada por las circunstancias (electorales): un Gobierno de coalición con los liberal-demócratas de Nick Clegg.

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La cohabitación de dos formaciones en el Ejecutivo es una fórmula que las Islas no veían desde hace siete décadas.

Desde aquel 10 de mayo de 2010, he hablado en varias ocasiones con personas conocedoras de la política británica sobre Cameron. Y casi todas ellas me han transmitido la misma sensación: es una incógnita. Ninguno ha querido darme un juicio categórico. Es como si no supieran a qué carta quedarse: ven apuntes interesantes en sus políticas, pero también detalles populistas. Quizá lo más curioso es que esas personas me pusieron dos buenos ejemplos que a mí me parecían contrapuestos sobre lo que podía significar la figura de Cameron.

Uno de ellos me dijo: "Va a ser el Tony Blair de los conservadores", es decir, el político sensato e inteligente capaz de construir una mayoría sólida en torno a un discurso renovado y el dominio de los medios de comunicación; y de hacerlo sin renunciar a aspectos fundamentales de su programa y aceptando lo mejor de sus predecesores en Downing Street. Así, Blair fue en muchos aspectos el mejor discípulo de Margaret Thatcher.

En cambio, mi otro interlocutor definió al primer ministro británico como "el Zapatero de los tories". Si su intuición es correcta, estaríamos ante un político sin sustancia, que tras su aspecto insulso esconde una curiosa capacidad para conectar con el electorado a base de frases huecas, a juego con sus convicciones nada sólidas, un poco de demagogia y muchísima flexibilidad, pues lo que verdaderamente le interesa es aferrarse el poder.

A intentar resolver esta incógnita se dedica, en éste su primer libro, Alfredo Crespo Alcázar, analista de la política británica. Es indudable que Crespo elegiría la primera de las dos opciones si se le plantease la pregunta que encabeza este artículo. De hecho, el subtítulo de su trabajo: "Tras la senda de Churchill y Thatcher", apunta mucho más alto, pues vincula a Cameron no con Blair sino con los dos premiers más conocidos del siglo XX, que además son dos fijos en casi todo ránking de políticos imprescindibles que se precie. Parece algo osada la comparación de Crespo, pues la de Cameron es una figura que no ha hecho sino comenzar a perfilarse.

Crespo analiza las causas de la caída y posterior ascensión del conservadurismo en los últimos lustros, explicando por qué Cameron ha triunfado allí donde fracasaron los líderes tories posteriores a Thatcher. Deja que se expliquen las personalidades que por aquí desfilan, para que sus palabras lleguen nítidas al lector. Su profundo trabajo de investigación tiene su reflejo en las más de 250 citas (la inmensa mayoría, extraídas de discursos o de entrevistas) que reproduce. Además, incluye dos anexos (en inglés) que recogen el acuerdo de gobierno entre Cameron y Clegg y un resumen del pensamiento político del primero tomando por criterio "sus propias palabras".

Con todo esta documentación, Crespo invita al lector a que saque sus propias conclusiones, si bien no oculta –reparen de nuevo en el subtítulo– que siente simpatía por el personaje. Al lector liberal le harán tilín pasajes como aquel en que Cameron pide "dar posibilidades de elección a los padres y libertad a las escuelas", o ese otro en que asegura que se unió a los conservadores porque ama la libertad, o cuando acentúa la importancia de la sociedad frente al Estado.

El problema es que se le encenderán las alarmas cuando le oiga hablar de un "nuevo conservadurismo compasivo, moderno y progresista", que se asiente en tres pilares: "Una sociedad justa, una sociedad segura y ecológica y la igualdad de oportunidades".

De aquí podemos extraer la imagen de un político capaz, sensato, moderno en el mejor sentido de la palabra y con sólidas convicciones; o la de un charlatán demagógico dispuesto a cambiar de ideas en función de por dónde sople el viento electoral. Es difícil que Cameron alcance la grandeza de una Thatcher o un Churchill, pero Blair sí podría ser un objetivo factible. Aunque debe cuidarse, porque Zapatero aparece entre las sombras como el peor de los contraejemplos.

Yo aún no sé a qué atenerme.

 

ALFREDO CRESPO ALCÁZAR: CAMERON. TRAS LA SENDA DE CHURCHILL Y THATCHER. Siníndice (Logroño), 2011, 164 páginas.

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