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VUELVE EL CLÁSICO DE LLORENS

Liberales, románticos y patriotas

Vicente Llorens publicó Liberales y románticos. Una emigración española en Inglaterra (1823-1834) en 1954. Y se convirtió, merecidamente, en un clásico. Desde entonces ha sido reeditada en varias ocasiones. No es una obra de entretenimiento. Es un trabajo académico, escrito, eso sí, con pulcritud y elegancia, incluso con nervio. En su momento, resultó pionero.

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Llorens estudió a fondo la emigración de los liberales entre 1823 y el final del reinado de Fernando VII. Nuestro autor da cuenta, en primer lugar, de los antecedentes históricos, del catastrófico "trienio liberal" de entre 1820 y 1823, cuando se intentó poner en vigor una Constitución inaplicable, como era la de 1812; y luego de la geografía, porque buena parte de esa emigración se instaló en Londres, de donde procedió la ayuda a los liberales. Así, recrea el barrio donde se instalaron aquellos refugiados, huidos de la traición de Fernando VII, del acoso de las potencias de la Santa Alianza y de sus propios errores en la puesta en marcha de un régimen de libertades en España.
 
A continuación, Llorens expone las actividades políticas de aquel grupo heterogéneo y fascinante. Destacan en particular las de Espoz y Mina, bien relacionado en Inglaterra por su liderazgo durante la Guerra de la Independencia (la Guerra Peninsular, para los ingleses), y las de Torrijos, ejecutado en una playa de Málaga tras su pronunciamiento, tan novelesco.
 
Pero Llorens, filólogo de formación y profesor de Literatura, se había propuesto algo más. Los hombres exiliados en Inglaterra en 1823 conjugan el recuerdo, incluso la fidelidad, a los postulados liberales plasmados en la Constitución de Cádiz con una inquietud literaria que les llevó a interesarse por la literatura inglesa del momento. También respondieron a la curiosidad que suscitaban entonces las Letras españolas, tan ajenas a los moldes clasicistas, que entonces empezaron a parecer afrancesados, en el peor sentido de la palabra.
 
Juan Goytisolo.El estudio de que nos ocupa combinó así, de una forma original, la reflexión sobre la historia política del liberalismo exaltado con el intento de aclarar las raíces del romanticismo literario español, un asunto siempre espinoso, mal explicado incluso por sus protagonistas, que no siempre aceptaron con gusto la etiqueta de románticos.
 
En su momento, Liberales y románticos abrió muchos caminos. La importancia de la producción literaria de los políticos y escritores españoles en Inglaterra era entonces casi desconocida. Fue Llorens quien puso en circulación, más allá de círculos muy eruditos, la gran figura de José María Blanco White, luego reivindicada como propia, en uno de sus habituales ejercicios de ignorancia onanista, por Juan Goytisolo.
 
Llorens sacó a la luz toda una literatura española escrita en inglés: además de la de Blanco White, la teatral y narrativa de Trueba, la ensayística de Alcalá Galiano, etcétera. No se olvidó del gran botánico Lagasca. Investigó las revistas de los emigrados españoles, y su colaboración en las londinenses, que algunas veces eran una forma más llevadera de ganarse la vida para aquellos hombres de letras obligados a ejercer de profesores de español, de traductores, de zapateros, de lo que fuera.
 
Vicente Llorens nació en Valencia en 1906. Después de sus estudios universitarios, prosiguió su carrera de investigador en el entorno del Centro de Estudios Históricos. Como buena parte de los centros creados por los institucionistas, allí se unía la exigencia profesional a la radicalización estético-política. En los años 30, Llorens acabó afiliado al PSOE, y después de la guerra exiliado, primero en Francia y luego en la República Dominicana. Finalmente, recaló en Estados Unidos. Volvió a España después de 1975.
 
La experiencia del exilio marcó a Llorens y está en el origen de estas páginas. Siendo como es un texto académico, Liberales y románticos rezuma también por la herida de quien se identifica con quienes, más de un siglo antes, habían sentido, como él, la nostalgia de la patria. En todos sus registros, por cierto: desde los sublimes cantos heroicos o elegíacos de Espronceda y el Duque de Rivas a los más prosaicos, como los climáticos e incluso los culinarios.
 
Resulta memorable la anécdota según la cual los exiliados españoles se morían de aburrimiento los domingos, cuando los ingleses cumplían a rajatabla el precepto bíblico de dedicar el día a la oración y la acción de gracias. Ni siquiera Blanco White logró acostumbrarse nunca a aquellas horas que se le antojaban interminables.
 
En el prólogo, Andrés Amorós, que conoció a Llorens, recuerda unas conferencias que el antiguo exiliado dio en Madrid en 1979. Trató allí un asunto que le interesaba por su experiencia personal: la discontinuidad cultural española. Está claro que Llorens, en su labor minuciosa de rescate de una etapa crucial y medio olvidada de la literatura y la historia de su país, intentó en lo posible poner remedio a lo que consideraba, con razón, un desastre.
 
Curiosamente, la lectura actual de estas páginas clásicas suscita una reflexión no menos melancólica. Y es que son los herederos ideológicos del legado de Llorens, con esa reivindicación del liberalismo exaltado, los que más han ahondado en la discontinuidad. Llorens, con cierta ingenuidad, trata un poco despectivamente a quienes se arrepintieron de sus radicalidades juveniles. Hace muy pocas referencias a otro exilio español, el que tuvo que salir huyendo de la dictadura progresista de Espartero y está en buena medida en el origen del liberalismo templado de "puritanos" (es decir centristas) y moderados. Esa pulsión adanista es lo que ha llevado, hoy en día, a que las generaciones jóvenes apenas sepan ya relacionar su vivencia con la herencia cultural de un país en el que no reconocen una patria.
 
Llorens, ni que decir tiene, no tiene responsabilidad alguna en esta catástrofe. No deja de ser curioso, sin embargo, comprobar una vez más cómo las mejores intenciones tienen a veces efectos perversos.
 
En cuanto a esta nueva edición, muy vistosa y oportuna, se le podrían haber exigido dos cosas. La primera, una introducción que complementara a la de Amorós y ayudara a poner en perspectiva el trabajo pionero de Llorens. La segunda, menos erratas. Al fin y al cabo, está subvencionada con fondos públicos.
 
 
VICENTE LLORENS: LIBERALES Y ROMÁNTICOS. UNA EMIGRACIÓN ESPAÑOLA EN INGLATERRA (1823-1834). Castalia (Madrid), 2006, 710 páginas.
 
Pinche aquí para acceder a la web de JOSÉ MARÍA MARCO.
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