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LA OTRA ALEMANIA

Yo no, o lo que va de Fest a Grass

Yo no contiene los recuerdos infantiles y juveniles de un intelectual alemán nacido en 1926 y muerto en septiembre de 2006. Es un magnífico libro de recuerdos de una familia liberal y cristiana que rechazó el nazismo. Sin embargo, nada más aparecer en las librerías fue denunciado por Jürgen Habermas, uno de los filósofos más reputados de Alemania, porque en sus páginas se insinúa que éste ensalzó, en una carta con el membrete de las Juventudes Hitlerianas, los avances de las tropas del dictador.

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La muerte de Fest, a los pocos días de la publicación del libro, y la aceptación de la denuncia que Habermas interpuso por calumnias por parte de un juez de Hamburgo parece que pusieron punto final al escándalo. Pero esta polémica nos da una primera clave moral de la circunstancia de Yo no.
 
El debate intelectual sobre el pasado nacionalsocialista está lejos de haberse terminado en Alemania. Si en los años 80, en el llamado "debate de los historiadores", se utilizaron argumentos historiográficos para reinterpretar y revisar el significado político y moral del nazismo, ahora se utiliza la memoria, el recuerdo familiar, para enjuiciar la moralidad o inmoralidad de quienes rechazaron o aceptaron aquel régimen criminal. En todo caso, repito, el debate intelectual sobre ese período está lejos de haberse cerrado, a tenor de las reacciones de Habermas y la publicación, casi al mismo tiempo, de esta obra de Fest, representante del pensamiento liberal contemporáneo alemán, y de las "memorias" del símbolo de la socialdemocracia alemana, Günter Grass.
 
Fest estaba en los antípodas de los intelectuales alemanes de izquierda que, lejos de asumir sus culpas por colaborar con el nazismo, ocultaban su oportunismo político e intelectual tras una extraña culpa colectiva. En el último capítulo de Yo no, Fest arremete dura y agriamente contra Günter Grass y un sector de la izquierda alemana más negra por no haber reconocido la existencia de compatriotas que se opusieron a Hitler:
 
En el juego del arrepentimiento, se esforzaban por buscar un sitio bien visible en el banco de la autoacusación. Sin embargo, en medio de sus lamentos parecían dispuestos a calumniar a quienes no hicieran como ellos y se dieran continuamente golpes en su pecho pecador. Cuando Günter Grass o algunos de esos innumerables autoacusadores manifestaban su sentimiento de vergüenza, en modo alguno querían llamar la atención sobre su propia culpabilidad, más bien sobre los muchos motivos de todos los demás para avergonzarse.
 
Detalle de una edición alemana de YO NO.Avergonzar a todos los alemanes era, otra vez, la principal intención del último libro de Grass, Pelando la cebolla. Las memorias de infancia y juventud del premio Nobel estaban escritas con la única intención de mostrar que también él había sido nazi. Grass dice allí con arrogancia: "Yo participé, todos participaron". Fest contesta con contundencia moral: "Yo no".
 
En efecto, Yo no es una defensa de los alemanes que se opusieron primero al régimen de Hitler y después a las interpretaciones torticeras de una de las tragedias más grandes de la Humanidad. Fest no estaba dispuesto a esconder las responsabilidades individuales bajo la falsa culpa colectiva. Era coherente con la línea de pensamiento y actuación que había seguido no sólo en su primera biografía de Hitler, sino en los argumentos que utilizó en el "debate de los historiadores".
 
El estilo, el contenido y el mensaje principal de estas memorias son propios de un genuino intelectual independiente del siglo XX. Es un ejemplar único de una especie en extinción. El hombre que siempre quiso mediar entre la actualidad y el espíritu de la época, entre el periodista de lo inmediato y el ensayista que capta en conceptos universales el devenir, nos deja en forma de "memorias", en realidad de novela ejemplar, un testimonio imprescindible para evaluar el comportamiento del pueblo alemán ante el nazismo, primero, y también ante aquellos de sus integrantes que no han querido ver lo que éste tenía en común con el comunismo. La crítica de Fest a la propaganda comunista es demoledora, pero repleta de melancolía: "Ha conseguido evitar a la larga que se lo compare con el nacionalsocialismo. Éste era, y es, su mayor éxito de propaganda".
 
Joachim Fest.Educado en una familia liberal y cristiana que vivió siempre a contracorriente de las modas políticas, Fest relata la vida de su padre y, sobre todo, la oposición de éste al nazismo como un ejemplo de civismo cuando reinaban los sentimientos anticívicos. La quiebra de la civilización alemana es descrita con precisión literaria, porque Fest ha conseguido rememorar con inteligencia el sufrimiento de su padre entre 1933 y 1945. El recuerdo del sufrimiento vivido por el padre es convertido en energía ciudadana.
 
He aquí una ejemplar novela moral de una familia burguesa alemana. Porque en su juventud aprendió de la burguesía liberal a ser desconfiado de las ideologías en alza de cada momento, Fest rechazó "el comunismo y su imitador, el nacionalsocialismo", así como todas las utopías políticas al modo del 68, tan alejadas de la realidad.
 
A pesar de las declaraciones agridulces contra Grass, estas memorias están muy alejadas de la amargura y el resentimiento. Es un libro alegre, sincero y vital. Fest describe con elegancia y sencillez a su padre, que enseñó a sus cinco hijos cómo se podía seguir siendo una persona íntegra en una época de oportunistas y malvados. Es una historia íntima, una historia familiar, de la evolución de la burguesía en un tiempo de odio a la burguesía. La época más oscura de Alemania no consiguió arrasar moralmente a toda la juventud. El ejemplo es el propio desarrollo intelectual de Fest en el nazismo y la postguerra.
 
Yo no recuerda en el tono moral a la inolvidable Historia de un alemán, del gran historiador y periodista Sebastian Haffner. Una y otra rechazan el nazismo como actitud moral. Son obras representativas de la otra Alemania, la Alemania liberal, cristiana e ilustrada que nunca quiso saber nada de las revoluciones nazi y comunista. La Alemania insobornable. La Alemania que piensa, o sea, que va a contracorriente de la historia de la catástrofe totalitaria de esa nación. Yo no está escrita no sólo como una historia educativa, sino directamente como una novela educativa. La figura principal no es el autor, sino su padre, que sería uno de los mejores representantes de esa Alemania que se opuso con silencio, humildad y dignidad al nazismo.
 
Detrás de estas memorias persiste, naturalmente, la cuestión del significado que tiene el nazismo para las democracias occidentales; pero sobre todo es una obra que nos deja una certeza que es, hoy por hoy, insuperable, a saber: grave es el totalitarismo fascista o comunista, pero es aún más trágica la carencia de principios liberales y democráticos capaces de entusiasmar a la población.
 
Cuando los principios morales del liberalismo y la democracia faltan o flaquean, entonces tenemos que prepararnos para lo peor. Mostrar que hay personas dispuestas a dejarse la piel contra el totalitarismo, o sea por ilusionarnos para que vivamos con principios morales, es la principal pretensión moral de Yo no.
 
 
JOACHIM FEST: YO NO. Taurus (Madrid), 2007, 294 páginas.
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