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Luis García-Mauriño

El valor de un soldado

Corresponde al Ministerio de Defensa la irrenunciable responsabilidad histórica de reconocer y honrar la entrega y el valor de todos aquellos que lucharon por España.

Corresponde al Ministerio de Defensa la irrenunciable responsabilidad histórica de reconocer y honrar la entrega y el valor de todos aquellos que lucharon por España.
La ministra de Defensa, Margarita Robles. | EFE

El 7 de septiembre de 1937, durante el combate del cabo Cherchel (Argelia), el soldado de Infantería de Marina don Manuel Lois García, a bordo del crucero Baleares, mostró un heroísmo extraordinario cuando abrió a cuerpo limpio una caja de urgencia de bengalas iluminantes incendiada que estaba dispuesta sobre otra de proyectiles de alto explosivo, con grave peligro para el buque, y cogió en los brazos el proyectil que estaba dentro, al rojo vivo, lanzándolo por la borda, pero a costa de recibir en el acto gravísimas quemaduras que le costaron la vida en la noche siguiente. Este acto de heroísmo le hizo merecedor de la Medalla Naval Individual y de la Cruz Laureada de la Real y Militar Orden de San Fernando. Su cadáver fue sepultado con los máximos honores militares, se le dedicó una calle en su pueblo natal, Ordes (La Coruña); recibió también los nombramientos de Hijo Predilecto de Órdenes e Hijo Predilecto de la provincia de La Coruña. El Real y Glorioso Cuerpo de Infantería de Marina rinde un homenaje permanente a la memoria de este humilde soldado.

Sin embargo, el pasado día 17 se publicó una resolución, firmada por la ministra de Defensa, por la que se modificaba la denominación de diversas calles del Arsenal de Ferrol, retirando de una de ellas el nombre de don Manuel Lois García. Esta resolución deviene de otro proceso inquisitorial de los muchos que están de moda en estos tiempos, pues tiene su origen en la demanda de una asociación compuesta por militares antifranquistas. Esta asociación encargó al historiador Bernardo Máiz, fundador de Memoria Histórica Democrática, que redactara un informe que justificase la demanda de supresión de las denominaciones "franquistas" de las calles del Arsenal de Ferrol. Máiz concluyó que los nombres de ocho de las calles del Arsenal "debían ser suprimidos por corresponder a responsables directos o indirectos de la masacre de ciudadanos civiles y militares inocentes", pero, incluso a pesar de su marcado sesgo ideológico, excluyó al soldado Lois, ya que, según él, no fue "responsable de la sublevación", pues entró en Infantería de Marina como simple soldado de reemplazo llamado a filas por el bando nacional. A pesar de todo, el colectivo de militares firmantes del manifiesto contra el franquismo votó a favor de solicitar igualmente la supresión de la calle que lo recuerda en el Arsenal de Ferrol.

Ante este revisionismo sesgado, totalitario y lleno de rencor, convendría pensar que en una guerra entre hermanos, cuando pasa el tiempo y se disipa el odio, todos los actos de valor han de ser reconocidos por igual, sea cual fuere el bando del héroe, pues su entrega constituye motivo de ejemplo para las generaciones venideras, puras, sin colores ni ideologías. Mejor harían estos fanáticos en encontrar muestras de heroísmo en ambos bandos para rendirles justo homenaje, no en andar persiguiendo la memoria de soldados valientes y culpabilizando a media España. En una guerra civil, guste o no, todos tienen su parte de razón y todos contribuyen, por activa o por pasiva, a los acontecimientos, aunque unos pocos puedan tener una responsabilidad mayor en razón de su cargo. El futuro de una nación no se construye sobre la base de reavivar brasas apagadas y dividir a los nietos de unos hechos ya olvidados. Persistir en este camino, gratuito e innecesario, constituye un error de gravedad incalculable, imputable fundamentalmente a quienes lo alientan desde los poderes públicos haciendo dejación de la alta responsabilidad que tienen con todos los españoles y olvidando que buscar el bienestar y preservar la convivencia son los principales deberes del gobernante.

Mención especial merece el Ministerio de Defensa, que es heredero de los organismos que participaron y condujeron la Guerra Civil en cada mitad de España, y que, ahora que trabaja para toda ella, debería velar por la memoria y el reconocimiento de todos los militares, sin distinción. Es más, corresponde al Ministerio de Defensa la irrenunciable responsabilidad histórica de reconocer y honrar la entrega y el valor de todos aquellos que lucharon por España, dentro o fuera de nuestras fronteras, a lo largo de la historia. Por eso, lo que se espera del Ministerio de Defensa es que, como institución del Estado al servicio de todos los españoles, deje de avivar divisiones sectarias y, en su lugar, impulse una política activa para encontrar los restos de todos los caídos en las guerras que libró España, que establezca cementerios militares que alberguen sus restos y memoriales en todos los lugares donde lucharon.

Los soldados combaten donde les toca, cuando les mandan y, muchas veces, sin creer en unas guerras que organizan otros. Ellos no eligieron su destino, pero supieron ser héroes cuando se encontraron frente a él.

Honor y gloria a todos aquellos que entregaron su vida por España.



Luis García-Mauriño, presidente de la asociación Tercios Viejos Españoles.

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