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No esperaba menos

El respaldo del TSJC a la inmersión lingüística mantiene intacta la buena relación de Rajoy con CiU. Un fallo en sentido contrario, y tanto el Gobierno como la Fiscalía se hubieran encontrado con un 'problemón'

Maite Nolla
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El jefe de Opinión de Libertad Digital, mi querido Víctor Gago, no me corregirá si digo que ayer comentábamos que debíamos prepararnos para lo peor. Y no sólo porque las presiones hayan sido las habituales en el ambiente contaminado y liberticida que nos toca vivir, sino porque hay que ser justos y decir que en la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia habitan, junto a jueces fácilmente adaptables al medio ambiente nacionalista -como en el resto de juzgados y tribunales de Cataluña-, otros con un afán de notoriedad tal, que en muchos casos les ha llevado a dictar sentencias que se mueven en la paralegalidad; quiero decir que alguien puede pensar que se atribuyen las funciones del legislador, eso sí, sin pasar por las urnas.

Es cierto que las presiones han sido enormes, a sabiendas de que si en algún lugar podían surtir efecto era en este Tribunal y en esta Sala. Pero también es cierto que estamos ante un Tribunal muy inestable, jurídicamente hablando, que no es la primera vez que por innovar o por otros motivos –dejémoslo así-, se sale de lo que debería ser la normalidad jurídica. Por ejemplo, una de las firmantes del Auto, la magistrada aragonesa María José Moseñe, fue la que confirmó la sanción al señor Nevot por rotular en castellano; meses más tarde el Constitucional dijo que eso era ilegal. Por supuesto, ella no fue sancionada por dictar su sentencia en castellano y es que los reglamentos impositivos, como ya les dije una vez, están sólo para multar al populacho. Otro ejemplo, es el voto particular, que lo podrían haber firmado Oriol Pujol o Quico Homs, o los dos juntos; por nacionalista, quiero decir. Algo así como el impresentable alegato que hizo Eugeni Gay en la sentencia del Estatuto.  

Por fortuna, en este caso, el Tribunal Supremo tendrá la última palabra, y esperemos que allí no se olviden de que los señores magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña les llevan la contraria y se la llevan a sí mismos.

Políticamente, la resolución deja a todos contentos, menos a los recurrentes y a Ciudadanos. Especialmente satisfechos deben estar en el PP, y no es ironía. El PP se agarra a lo mínimo y recuerda que el castellano debe ser lengua vehicular…para el que lo pida. Y digo que están satisfechos, porque una resolución favorable a la Constitución hubiera puesto en peligro su nuevo estatus de no-apestados. De hecho, Alicia Sánchez-Camacho, que habitualmente manifiesta cierto desparrame verbal, ayer desapareció del mapa. Y no olviden que el sistema de inmersión fue defendido en campaña por el actual ministro del Interior, don Jorge Fernández Díaz, que supongo que estará hoy muy contento.

Además, no podemos pasar por alto que esta resolución mantiene intacta la buena relación de Rajoy con CiU, en Cataluña y en eso que aquí llamamos "Madrid", y evita el enfrentamiento que una resolución en otros términos hubiera provocado. Habiendo avisado el gobierno de Mas de que no pensaba cumplir esta resolución, tanto el Gobierno como la Fiscalía se hubieran encontrado ante un problema de primer nivel. Lo que es un trabajo desagradable: requerimientos, imputaciones por desobediencia, y otras formas coactivas de hacer cumplir la Ley. Y la Sala les ha ahorrado todo eso. Así, como habrán podido leer ustedes, la respuesta del Gobierno y del PP al Auto en cuestión es una nueva "apuesta por el bilingüismo integrador"; mucho más cómodo. Nada por aquí y menos por allá. Aunque, de todas formas, les animo a que intenten explicarlo.

La Sra. Nolla es comentarista político de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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