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Maite Nolla

Sustancia moldeable de diversos colores

Supongo que la presidenta del partido en Cataluña se da cuenta de que si sus votantes o simpatizantes están más de acuerdo con un artículo de Leguina o con Redondo Terreros que con ella, tiene un problema, y gordo.

Maite Nolla
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Los dos candidatos que fueron amablemente invitados a retirar su candidatura a la presidencia del PP en Cataluña tenían un proyecto político para el partido. Además, más o menos coincidente. De Alberto Fernández sabemos que su labor de oposición al nacionalismo en el Ayuntamiento de Barcelona es intachable; a Daniel Sirera se le puede reprochar que no mantuviera su voluntad de cambio cuando las familias, clanes y caciques locales y/o localizados del partido se le pusieron de uñas, o, mejor dicho, que lo pospusiera para después del congreso; aunque para él no ha habido día después. Ambos, con matices, tenían algo que decir.

Sin embargo, las que acabaron presentando sus candidaturas fueron dos personas sin proyecto político. Una porque no le dio tiempo y otra porque ni aunque hubiera tenido cien años hubiera sido capaz. Proclamada unánimemente vencedora moral, alguien debería decirle que ha perdido el congreso.

Las declaraciones de la presidenta del PP en Cataluña diciendo que no es necesario firmar el manifiesto en defensa de la Constitución son la muestra inequívoca de que pasan los días y sigue sin un proyecto político. Y eso es lo peor; peor que quedarse colgada de la brocha, ya que el partido en masa se ha adherido, empezando por su presidente y acabando por el grupo parlamentario en Cataluña. Peor que la tontería habitual de muchos políticos que se dejan embaucar –parezco Laporta– por el periodista que tienen delante y dicen una cosa u otra, según las declaraciones sean para un medio de aquí u otro de allá. Y tiene toda la pinta que la estrategia consiste en no tener proyecto político. Así podemos hacer la política de la plastilina –sustancia moldeable y de diversos colores– y dependemos de las circunstancias, no fuera a ser que digamos algo y luego nos pillemos los deditos.

De momento, aparte de que su discurso parece el preámbulo de una ley medioambiental o de un reglamento europeo sobre la política agraria común (defenderemos, promoveremos y bla, bla,bla) la primera decisión que podía tomar ha sido equivocada, además de inoportuna. Lo que dijo la presidenta se publicó justo el mismo día que un artículo de Joaquín Leguina en El Mundo –a buenas horas mangas verdes, usted también– y una entrevista a Nicolás Redondo Terreros en un periódico digital. Supongo que la presidenta del partido en Cataluña se da cuenta de que si sus votantes o simpatizantes están más de acuerdo con un artículo de Leguina o con Redondo Terreros que con ella, tiene un problema, y gordo. Problema que se agrava si su postura sobre el tema es coincidente con la de Zapatero y Durán i Lleida.

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