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En defensa propia

Los gobiernos españoles han sido débiles y han tragado con pequeños o grandes chantajes. Es así.

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La Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural podrían haber elaborado un registro sobre partidarios y detractores de la independencia a partir de encuestas que parecían inocentes, claro. Sus expresidentas, Carmen Forcadell y Muriel Casals, son la número 2 y la número 3 de la candidatura –que explora todas las posibilidades del fraude de ley– de Mas y Junqueras. Òmnium Cultural recibió, entre 2005 y 2010, 10,5 millones de euros públicos.

La gigantesca operación de desacato y propaganda viene de lejos, pero al empezar a destaparse el inmenso nido de corrupción del independentismo en el poder se ha acelerado, y cada vez hay menos dudas de que sea para generar un inmenso manto de sentimentalismo populista que ciegue los ojos y ensordezca los oídos de una buena parte de la población catalana.

Los gobiernos nacionalistas han sido situados entre los peores gestores de dinero público de Europa por estudios oficiales de las instituciones europeas, pero difícilmente pueden gobernar bien quienes han utilizado los sentimientos de pertenencia para apalancar una casta dirigente y una casta de palmeros durante décadas. Los nacionalistas catalanes, por definición, eran intocables y quienes osaban criticarles, unos apestados.

Patrimonializaron la Diada. Se apropiaron de los símbolos. Incumplieron sentencias. Politizaron el deporte. Pusieron TV3 a su servicio. Promovieron la consulta ilegal del 9-N. Crearon el Consejo Asesor para la Transición Nacional, la Comisión del Derecho a Decidir o la Comisión de Conmemoraciones para el Tricentenario. Ahora violan derechos ciudadanos pergeñando listas negras, de buenos y malos catalanes.

Los gobiernos españoles han sido débiles y han tragado con pequeños o grandes chantajes. Es así. Y lamento tener que escribirlo. Un puñado de personas en asociaciones por la convivencia o por la tolerancia resistió con discursos razonables sobre el bilingüismo o el sentido profundo de la libertad ideológica y fermentaron lo que es ahora la Sociedad Civil Catalana. Esos héroes, todos ellos, actuaron y actúan en defensa propia y de la dignidad de toda la sociedad española. Merecen apoyo y aplauso, sin dudas, sin egoísmos, sin cálculos electorales o partidistas.


Maite Pagazaurtundúa, eurodiputada de Unión, Progreso y Democracia (UPyD).

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