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Manuel Pastor

El golpe de Estado del Estado Profundo

EEUU es una sociedad profundamente dividida y, ante el resto del mundo, la democracia americana aparece como un sistema político disfuncional.

Manuel Pastor
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EEUU es una sociedad profundamente dividida y, ante el resto del mundo, la democracia americana aparece como un sistema político disfuncional.
Joe Biden, en su toma de posesión como presidente de Estados Unidos. | EFE

Por si hubiera dudas, la revista Time, órgano tradicional del USA Establishment y abiertamente pro-Biden, ha reconocido que en 2020 hubo una “campaña en la sombra” anti-Trump. Así lo afirma con notable arrogancia progresista la autora Molly Ball (biógrafa de Nancy Pelosi) en su artículo “The Secret History of the Shadow Campaing That Saved the 2020 Election” (4 de febrero en la red, Time, 15 feb). La autora dice que la campaña no pretendía “amañar”, sino “fortalecer” las elecciones.

No sería la primera vez que se produce un gran fraude electoral en la democracia americana. En la famosa campaña presidencial de 1960 –ahora casi todo el mundo lo reconoce– Kennedy le robó la elección a Nixon (Seymour M. Hersh, The Dark Side of Camelot, 1997; sobre todo Irwin Gellman, “Nixon´s Noble Pass on a 1960 Recount”, WSJ, 6 ene, y su próxima monografía Campaign of the Century: Kennedy, Nixon and the Presidential Election of 1960).

Tampoco han estado libres los Estados Unidos de intentos golpistas y alguno con éxito. Prescindiendo de la desinformación periodística al estilo Woodward & Bernstein, el más famoso caso fue también contra Nixon (Len Colodny & Robert Gettlin, Silent Coup, 1991; Ray Locker, Haig´s Coup, 2019).

Pero volvamos a 2020 y recapitulemos lo que son hechos probados, no hipótesis conspiratorias, basados en:

  • La investigación e informe de Devin Nunes (Nunes Memo, 2018).
  • La investigación y las obras de Lee Smith (The Plot Against the President, 2019, y The Permanent Coup, 2020).
  • La investigación y la obra de Svetlana Lokhova (Spygate Exposed, 2020).

Todas ellas son investigaciones concurrentes que demuestran, paralelamente a alguna documentación reciente desclasificada:

  1. Que existió espionaje del FBI (por el grupo responsable de la operación Crossfire Hurricane, encabezada por el director James Comey) al candidato Donald Trump durante la campaña presidencial 2016, utilizando el mendaz Steele Dossier, pagado por su rival Hillary Clinton.

  2. Que existió una cábala en el Despacho Oval (5 de enero de 2017) del todavía presidente Obama, con el vicepresidente Biden y subalternos (James Comey, John Brennan, Susan Rice, etc.), dando el visto bueno para que el FBI continuara espiando al presidente legítimo electo Donald Trump, y acusando injustamente al general Michael Flynn de ser un agente de Rusia.

  3. Divulgación de las mentiras sobre Trump del Steele Dossier en los medios de comunicación y en el Congreso por el senador RINO John McCain, el FBI y otros, alentando la idea de una “Trump-Russia collusion”, de la investigación especial y el Mueller Dossier, y de un Fake Impeachment contra el presidente Donald Trump, que fracasará en el juicio del Senado en enero de 2020, con el único voto traidor del senador RINO Mitt Romney.

  4. Campaña en la sombra anti-Trump de 2020, ahora revelada por Time, que alimenta la sospecha del gran fraude electoral.

  5. Incidentes del 6 de enero de 2021 y acusaciones infundadas contra el presidente Donald Trump, que se retira el 20 de enero sin “conceder” la victoria de Joe Biden.

  6. Inicios de un nuevo Fake Impeachment contra el expresidente Donald Trump, por incitación a la insurrección, que reputados constitucionalistas consideran además anticonstitucional, por lo que el juicio en el Senado en febrero de 2021 sería un delito de prevaricación en el más alto grado, cometido por los 50 senadores Demócratas y 6 senadores traidores Republicanos (entre ellos, otra vez, el senador RINO Mitt Romney). Como en el primer intento de Fake Impeachment, no se conseguirían los votos suficientes para condenar a Trump.

  7. Para el colmo y burla a la Constitución, el presidente de la Corte Suprema se ha negado a presidir el juicio en el Senado, ocupando su lugar un senador de la mayoría demócrata, el presidente pro-tempore (por tanto, juez y parte en la farsa legal de este Paper Coup anti-Trump).

Svetlana Lokhova, joven historiadora ruso-británica en la Universidad de Cambridge es testigo y víctima, como ha relatado detalladamente en su libro Spygate Exposed (2020), de los prolegómenos de esta historia con algunos ribetes de soap opera política. El reciente 3 de enero de 2021 afirmaba Lokhova en un tweet: “Documentos desclasificados en 2020 muestran que el grupo Crossfire Hurricane del FBI, coordinado con el senador McCain, Chris(topher) Steele y Stef(an) Halper divulgaron falsas alegaciones de que yo era una espía rusa que sedujo al futuro Consejero de Seguridad Nacional (general Flynn). El objetivo último era Donald Trump".

El historiador Christopher Andrew, reputado experto en estudios sobre Inteligencia-Contra-Inteligencia y tutor de Lokhova en Cambridge, publicó un miserable artículo en el Sunday Times (Feb. 29, 2017) alimentando la mentira. Como relata Lee Smith: “Andrew, un auxiliar en la operación de Halper (profesor en la Universidad de Oxford e informador del FBI), insinuó que su antigua alumna era una espía rusa que sedujo mediante un honey-trap a Flynn” (The Plot Against the President, 2019, p. 139).

Basándome principalmente en las investigaciones del congresista Devin Nunes y del autor Lee Smith, he divulgado alguna información y los nombres de los principales responsables de este presunto golpe de Estado del Deep State en mis artículos “Un portugués azul en el grupo rojo del Congreso USA” y “El Factor I-C-I en la crisis de la Democracia Americana” (ambos en La Crítica, 25 de Noviembre, 2020, y 7 de enero, 2021, respectivamente), pero debemos seguir esperando la publicación de más documentos desclasificados, y las revelaciones finales del fiscal especial John Durham que investiga el espionaje y golpismo contra Trump, si la administración Biden –obviamente comprometida con el Deep State– no lo impide.

Cualquiera que sea el final de esta crisis política y constitucional –para mí, una triste historia– dos hechos parecen quedar en evidencia: los Estados Unidos es hoy una sociedad profundamente dividida, y ante el resto del mundo la democracia americana aparece ahora como un sistema político gravemente disfuncional.

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