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Prosigue el terror del Estado Islámico

Hasta que Estados Unidos no esté dispuesto a hacer más para detener al Estado Islámico, éste proseguirá impertérrito con su reinado del terror.

Max Boot
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Por lo visto, las decapitaciones televisadas están perdiendo impacto. O puede que a los prisioneros musulmanes les reserven un trato especialmente truculento. Sea por lo que sea, la noticia es que el Estado Islámico ha quemado vivo a Moaz al Kasasbeh, el piloto jordano al que había capturado. A este paso, los futuros cautivos pueden esperarse que los empalen o los desmembren. Simple y llanamente, la maldad del EI no tiene fin; su depravación y desprecio por la vida humana parecen infinitos.

Pero, enfrentado a esta abominación, Estados Unidos se ha limitado a pestañear. Sí, el presidente Obama ha enviado a unos miles de asesores a Irak y ha lanzado miles de bombas allí y sobre Siria. Pero, aparte de la liberación de la derruida ciudad de Kobani, su estrategia actual no está funcionando. Como señala The Daily Beast:

El Pentágono afirma haber matado a 6.000 combatientes desde que se iniciaron los ataques de la coalición, hace cinco meses; la comunidad de inteligencia calcula que, desde septiembre, 4.000 combatientes extranjeros se han sumado a la lucha. (Según un cálculo más elevado, realizado por ‘The Washington Post’, 5.000 combatientes extranjeros han entrado en ambos países desde octubre).

Este tipo de cálculo favorece a los yihadistas, pues ni siquiera tiene en cuenta los miles de iraquíes y sirios que han tomado las armas bajo la bandera negra.

Es hora de una estrategia más seria: la que esbocé en noviembre. Reforzar la presencia militar estadounidense. Suavizar las restricciones respecto a los bombardeos. Poner fin a la prohibición de desplegar tropas terrestres estadounidenses. Permitir que las Fuerzas Especiales norteamericanas acompañen a las fuerzas iraquíes y sirias en combate, y solicitar ataques aéreos directos sobre las posiciones del Estado Islámico. Enviar a al Mando Conjunto de Operaciones Especiales para que acabe con los mandos del EI. Incrementar la instrucción y entrega de armas a las tribus suníes de Siria e Irak: trabajar directamente con ellas, y no a través de las Fuerzas de Seguridad iraquíes, y asegurar a los sirios que Estados Unidos se opone tanto a la maldad de Bashar al Asad como a la del Estado Islámico.

Pero la Casa Blanca se niega una y otra vez a ponerse seria. Eso hace que sus protestas por el asesinato de rehenes del EI, sean norteamericanos, británicos, japoneses o, como ahora, jordanos, sean totalmente inofensivas. No son más que palabrería hueca. Hasta que Estados Unidos no esté dispuesto a hacer más para detener al Estado Islámico, éste proseguirá impertérrito con su reinado del terror.

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