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Miguel del Pino

Alto a los mercados ilegales de animales

WWF España recoge firmas para la prohibición de los mercados asiáticos donde se comercia con animales silvestres de cara a su consumo.

Miguel del Pino
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WWF España recoge firmas para la prohibición de los mercados asiáticos donde se comercia con animales silvestres de cara a su consumo.
Mercado callejero en China. | Pixabay

Sin aclarar todavía el origen de la pandemia producida por el coronavirus Sars 2-cov, la organización WWF España (antes ADENA) se implica con fuerza en la recogida de firmas para la prohibición de los mercados asiáticos donde se comercia con animales silvestres de cara a su consumo.

No se trata sólo de un problema cultural o estético, como esas jornadas sobre "consumo de perros" que nos producen escalofríos a los occidentales, sino también de una cuestión sanitaria de la mayor importancia.

Cuando llegan a nuestras latitudes imágenes o informaciones de los mercados en que se exponen culebras, murciélagos, roedores, pangolines o animales todavía más raros que éstos, solemos pensar en razones de acervo cultural o de tradiciones fuertemente avaladas por aquellos pueblos: nada más lejos de la realidad.

Porque la campaña de ADENA comienza por el estudio de encuestas realizadas entre ciudadanos de cinco países asiáticos fuertemente implicados en este consumo alimentario o afectados por las redes económicas derivadas del mismo, como Japón, Myanmar, Vietnam y Tailandia. Tales encuestas revelan que entre el 80 y el 90% de los habitantes está a favor de la prohibición de las actividades de tales mercados.

No ha lugar por tanto a hablar de ataque a las supuestas culturas o tradiciones ancestrales de aquellos remotos pueblos, cuyas significativas mayorías no quieren ser cómplices de semejantes atentados contra la salud y la naturaleza.

Sabemos demasiado poco sobre muchas especies animales en cuanto al peligro que pueda suponer su consumo, más aún si su carne se come cruda o poco cocinada, por lo que descartarlas en la mesa es una medida sanitaria imprescindible.

Enfermedades humanas relacionadas con la fauna

El setenta por ciento de las enfermedades humanas presenta algún punto de interacción con la fauna. Y no sólo nos referimos a las zoonosis clásicas y bien conocidas, como la rabia, la peste, la brucelosis o tantas otras, sino también a muchas enfermedades desconocidas o emergentes para los científicos que pueden tener sus reservorios en animales salvajes: los murciélagos, frecuentes hospedadores de diversos coronavirus, o el pangolín asiático, una de las criaturas más perseguidas por la gastronomía oriental, constituyen ejemplos representativos.

No cabe duda de que la actual pandemia por la Covid debe suponer un aldabonazo en las conciencias de los legisladores de los países que autorizan los mercados antihigiénicos y siniestros que golpean la biodiversidad y amenazan la salud humana. Las recientes encuestas demuestran que la población vería con buenos ojos el cierre de estas actividades en abrumador porcentaje. Procedan pues, o prepárense para enfrentarse a una presión creciente por parte de los países occidentales.

No se trata sólo de superstición o de incultura: algunos pueblos teóricamente primitivos como los Massai del oriente africano, sólo consumen carne procedente de sus propios ganados, lo que les asegura un alto grado de protección ante agentes extraños, como se puso en evidencia cuando hace unos años la "enfermedad de las vacas locas" nos hizo descubrir los priones, unas partículas proteicas infecciosas aún más sencillas que los virus.

Hemos puesto en primer término el factor de la salud humana, pero no hay que desdeñar los efectos de la presión gastronómica sobre la biodiversidad de la fauna silvestre: en este sentido el inofensivo e interesante pangolín, inofensivo consumidor de hormigas, es un buen ejemplo de especie en peligro de extinción exclusivamente por su presencia en las cocinas asiáticas.

La amenaza a la biodiversidad que supone la captura de especies silvestres para su consumo en los mercados orientales se agrava por el auge de la llamada "medicina popular"; aquí, ante el poder de la superstición se derrumba el de la Ciencia: todo vale, desde los huesos del tigre a la bilis de los "osos de luna", cuando los animales se ven envueltos en las leyendas que atribuye a sus diversos restos remedio contra las enfermedades o aumento de la potencia sexual: tan absurdo como demoledor para sus supervivencia.

Conseguir la prohibición y la desaparición de los mercados ilegales de fauna silvestre para el consumo podría retrasar o incluso impedir la aparición de la próxima pandemia humana, que ya debe estar incubándose en el genoma del animal silvestre menos sospechado. No sólo los coronavirus, sino también los virus de otros grupos más o menos próximos a ellos son, en este momento, una amenaza para la humanidad que en modo alguno debemos menospreciar.

De manera que bien merece la pena apoyar con nuestras firmas la fuerte campaña organizada por WWF España. Basta entrar en su página Web (WWF España) para hacerlo.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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