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Miguel del Pino

La gran carrera por la vacuna

Se exige a los científicos que nos proporcionen inmediatamente vacunas eficaces al cien por cien, sin contraindicaciones ni efectos secundarios.

Miguel del Pino
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Se exige a los científicos que nos proporcionen inmediatamente vacunas eficaces al cien por cien, sin contraindicaciones ni efectos secundarios.
Vacuna contra el coronavirus. | XINHUA / ZHANG YUWEI

No estamos ante algo nuevo. La lucha por conseguir una vacuna salvadora capaz de solucionar una pandemia se ha repetido varias veces, y no sólo en las últimas décadas; el año 1991 fue declarado “año de la vacuna” por el prestigioso experto Juan Gervás en referencia a la que se llamó Gripe A, que causaba en su momento casi tanto miedo como el actual SarsCov 2 y que al final se demostró que no era para tanto.

Llevamos trescientos años de vacunas, pero siempre nos falta una, la última, y nunca como ahora el futuro de la humanidad parece depender de ella.

Un poco de historia

Diversas enfermedades víricas, fundamentalmente de sintomatología respiratoria, son conocidas con la denominación genérica de gripe. La actual Covid 19 se aproxima bastante a este concepto, aunque sus características específicas, como la tremenda respuesta inflamatoria que algunos científicos han llamado “tormenta de citoquinas” y que es uno de los principales factores que conducen a la muerte de tantos pacientes, le confiere un rango particularmente preocupante.

Desde finales del siglo XVI en que puede datarse al menos de forma aproximada la primera pandemia de gripe, se han detectado al menos una treintena de ataques a la humanidad por diversos mutantes de esta familia de virus.

En referencia al siglo XX podemos recordar cuatro grandes epidemias gripales: las de 1900, 1918, 1917 y 1958. Hay que mencionar de manera especial la de 1918 que injustamente fue llamada “gripe española” no porque tuviera su origen en España, sino porque fue nuestro país quien primero la describió y denunció, mientras la Guerra Mundial mantenía distraída la atención científica de la Europa del momento.

No es por aquello de “mal de muchos consuelo de tontos”, pero para quienes creen que nos encontramos ante la peor catástrofe sanitaria de la historia de la humanidad, conviene aclarar que la mal llamada “gripe española” de 1918 mató a casi el cinco por ciento de la población del planeta en su época: la cifra total de fallecidos oscilaría entre cinco y veinte millones de personas, es decir, diez veces más que la de víctimas de la Primera Guerra Mundial.

El origen de la mayor parte de la epidemias de virus gripales suele atribuirse a diversos países asiáticos, pero para la “gripe española” de 1918 no ha podido ser detectado. Francia, Estados Unidos y diversos países asiáticos son los principales sospechosos.

Es inevitable, aunque no sea justo, comparar aquella terrible epidemia con la de la Covid actual, pero hay algunas reflexiones preocupantes, como la de que tanto esta pandemia como otras no tan letales fueron en sus comienzos silenciadas, ocultadas o minimizadas por los gobernantes de los países más influyentes del mundo. Algo que en la pandemia actual nos resulta sobradamente conocido.

En el año 2005, un grupo de científicos consiguió algo que bien parece una historia de ciencia ficción: resucitar el genoma del virus que causó la “gripe española del 18” a partir de un cadáver especialmente bien conservado que se encontró en un glaciar de Alaska; se trataba de encontrar explicación sobre las causas de la extraordinaria virulencia de aquella pandemia.

La preparación de futuras vacunas contra posibles sucesores de este virus o de otros similares que pudieran aparecer era uno de los objetivos de este proyecto y seguramente estos estudios nos han preparado para acortar los tiempos de consecución de vacunas contra los virus, algo que en estos momentos parece de primera necesidad.

El precedente de la gripe A y la lucha actual por la vacuna

¿Quién no recuerda la “Gripe A”, que se hizo tan famosa el año 1990? El experto español Juan Gervás declaraba 1991 como “el año de la vacuna”, en función de que la preparación de la misma había llegado por primera vez a la opinión pública en forma de exigencia de prisas a los científicos, y también de incidencias comerciales en el terreno científico nunca conocidas anteriormente; muchas de tales intromisiones se están presentando de manera agigantada en la lucha contra reloj por conseguir la vacuna contra la Covid.

En esta ocasión se exige a los científicos que nos proporcionen inmediatamente una, o mejor varias, vacunas eficaces al cien por cien, sin contraindicaciones ni efectos secundarios y superando todas las marcas de velocidad en cuanto a los plazos para su puesta en marcha. ¿No será pedir demasiado?

En la actual lucha por la consecución de vacunas anti Covid se conjugan varios factores esperanzadores: en primer lugar la alta tasa de colaboración entre diferentes equipos científicos de diferentes países, por otra parte no es uno solo sino varios los prototipos que parece estar a punto de ser lanzados al mercado y, sobre todo, la biotecnología ha mejorado notablemente desde aquel 1991, “año de la vacuna” como lo definió Juan Gervás; hoy no es necesario en general trabajar con virus vivos, sino simplemente con algunos componentes de la envoltura del parásito, incluso se trabaja ya con vacunas sintéticas.

Menos optimismo permite albergar alguna de las circunstancias sociológicas que concurrirán en el lanzamiento, como las diferencias económicas entre los países que la necesitan, de manera que sería necesario que, quizá por primera vez en su historia, la humanidad fuera capaz de pensar de manera global y con solidaridad a nivel de especie. Nos preguntamos si hemos llegado al nivel evolutivo necesario para ello.

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