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El barco de las medusas

La carabela portuguesa es una de las criaturas más extrañas de nuestro planeta generalmente conocida por su fuerte poder urticante.

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Carabela portuguesa. | Wikimedia

Esta primavera se han acercado de nuevo a nuestras costas, en este caso a las mediterráneas, las "Carabelas portuguesas", conocidas por su fuerte poder urticante; generalmente reciben el inapropiado nombre de "medusas", pero en realidad son algo mucho más complicado.

Realmente podríamos decir que se trata de una de las criaturas más extrañas de nuestro planeta, en este caso de nuestros mares; digamos cuanto antes que no son animales individuales, sino colonias que están diversificadas en elementos diferentes, tanto desde el punto de vista morfológico como desde el funcional.

Los Celentereos, filum al que pertenecen estos seres coloniales, comprenden dos tipos de individuos: el pólipo, por lo general fijo a los fondos rocosos o a las plantas acuáticas, y la medusa, nadadora, con un disco llamado umbela y unos brazos que forman el manubrio.

Las colonias que configuran la "Carabela portuguesa" están formadas tanto por pólipos como por medusas, unos y otros con diferentes cometidos y a su vez diferenciados en varios tipos; entre los pólipos están los largos filamentos pescadores, cargados de cnidocistos, nombre que se adjudica a los órganos urticantes de los celentéreos, también son pólipos los elementos digestivos, llamados gastrozoides.

En el interior de la masa de filamentos se encuentran los elementos reproductores, llamados gonozoides, son pequeñas medusitas sexuadas que producen los gametos: no cabe mayor diversificación ni especialización funcional.

La Ciencia tardó en comprender la verdadera naturaleza colonial de este bello elemento zoológico, del que todavía no hemos citado lo más característico: la campana llena de gases que permite a la colonia flotar y desplazarse empujadas por los vientos y las corrientes marinas. En conjunto podemos comparar la "Carabela portuguesa" a un bajel cuya tripulación permanece oculta bajo la superficie del agua.

La campana flotadora, llamada sifón, da nombre al grupo zoológico, los Sifonóforos: su contenido resulta realmente asombroso, ya que no se trata de aire atmosférico, sino de una compleja mezcla de gases entre los que se encuentra el elemento Argon, uno de los llamados "gases nobles", muy raro en la composición del resto de los seres vivos.

Un tinte de color azul índigo da a la carabela portuguesa su tonalidad característica que permite el camuflaje cuando flotan en la superficie del mar, pero que resulta muy llamativa cuando una de estas colonias aparece muerta y varada sobre la arena de la playa.

Physalia physalis es el término científico que se asigna a este ser, nombrándolo como si se tratara de un individuo: realmente la dependencia de unos elementos respecto a los otros, y del conjunto en relación con todos ellos es tal, que bien podemos hablar de un superorganismo con vida conjunta propia.

Sigamos abordando sin miedo los nombres científicos: Physalia pertenece al Filum Celentereos, clase Hidrozoos y orden Sifonóforos. Familiarmente está bastante alejado de las grandes medusas pertenecientes a los Escifozoos. Así dejamos las cosas en su exacto punto en la escala zoológica.

En alta mar las Physalias pueden recorrer grandísimas distancias, no pescan de manera activa buscando a sus presas, generalmente peces, sino que se limitan a capturar a los que chocan con sus filamentos pescadores urticantes. Cuando alcanzan las costas, como sucede en estas fechas en Mediterráneo español, sus víctimas propiciatorias pueden ser los humanos bañistas, que suelen resultar con importantes urticarias.

No perder la calma es fundamental cuando alguien se encuentra de pronto en medio de un banco de Physalias mientras nada confiadamente: hay que nadar y si es posible sumergirse e ir avanzando, ya que estos animales se encuentran en la capa marina más superficial y sobre todo flotando en la superficie.

Entre las señales que advierten de peligros en la playa figuran unas banderas moradas con la imagen de una medusa impresa de manera bien visible; es frecuente que las carabelas vengan acompañadas por grandes medusas, como sucede este año con las del género Pelagia.

Las tortugas marinas figuran entre los depredadores de las grandes medusas de los celentéreos, de manera que su escasez en la mayoría de las costas de los países pesqueros, debida al empleo de redes inadecuadas que las atrapan, puede ser una de las causas de la indeseable proliferación de estos seres urticantes.

La verdad es que está justificado que el extraño aspecto y la complejidad de estas criaturas marinas origine leyendas y aureolas terroríficas respecto a su peligro, que es importante, pero no justifica la exageración ni mucho menos el pánico, aunque si la lógica prudencia.

A la memoria del Profesor Rafael Alvarado Ballester, que fue catedrático de Invertebrados de la Universidad Complutense de Madrid y uno de mis más recordados profesores, que me distinguió con su afecto y en cuya cátedra tuve el honor de trabajar como profesor auxiliar.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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