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Merienda titiritera

No todos pueden comer sin matar, sólo unos cuantos privilegiados. ¿Es eso progresista?

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Cartel de la obra 'La Bruja y Don Cristóbal' | Títeres desde abajo

"Títeres y merienda vegana" era uno de los reclamos sobre la reciente actividad dedicada a los niños en el madrileño carnaval que ha terminado como todos sabemos y con dos titiriteros en la cárcel. Los títeres y sus mensajes envenenados dedicados a los niños parece que han recibido, al menos en primera instancia, la respuesta que merecían pero ¿qué decir de la oferta vegana para la merienda infantil?

Durante mi larga carrera docente algunas veces tuve que responder a una pregunta dramática: ¿por qué razón los niños africanos que padecen hambrunas tienen esos vientres tan hinchados? ¿no sería más lógico que también su abdomen se mostrara deprimido por la inanición?

La respuesta es muy sencilla: los niños africanos, que al ser destetados de sus pobres madres a las que la lactancia ha dejado esqueléticas, no pueden tomar alimentos animales, son incapaces de sintetizar sus propias proteínas a base sólo de harinas vegetales, en consecuencia no se desarrolla la musculatura abdominal y el paquete visceral hace la triste prominencia que debería remover lo más íntimo de nuestras conciencias cuando tenemos noticias de tan horrorosa hambrunas.

Vamos al origen nutricional del tema: cada organismo debe fabricar sus propias proteínas, y lo hace a partir de las moléculas orgánicas llamadas aminoácidos. El nombre deriva de que contienen un grupo ácido orgánico (COOH) y otro amino (NH2), unidos diferentes radicales químicos.

Existen 20 aminoácidos diferentes con los que se pueden formar todas las proteínas tanto animales como vegetales. Un símil acude en nuestra ayuda para explicarlo a los niños en la escuela: lo mismo que con 28 signos, las letras, pueden formarse todas las palabras y frases necesarias para dar sentido a la escritura, con los 20 aminoácidos unidos y combinados adecuadamente se pueden formar la totalidad de las proteínas.

La clave para que cada organismo forme sus proteínas está en el ADN contenido en el núcleo celular, y no se pueden admitir directamente proteínas extrañas ya que el rechazo que provocarían podría llegar a producir la muerte; es este el gran problema que hay que superar al realizar trasplantes de órganos, "engañando" al receptor mediante inmunodepresores. Solamente habría un trasplante perfecto: el realizado entre hermanos gemelos monoovulares, es decir, genéticamente idénticos.

Cuando ingerimos proteínas, animales o vegetales, como parte de nuestra dieta, los jugos digestivos las descomponen en aminoácidos que son absorbidos por la sangre de manera individual para ser después transportados hasta las células que los recombinarán de la manera que les indique su clave genética, formando así sus propias proteínas. ¿Quieren otro símil para los niños? Recortemos letras de un periódico y peguémoslas después para formar las palabras que queramos. Así de sencillo.

Las proteínas se encuentran abundantemente en los alimentos de origen animal, como la carne, el pescado, los huevos o la leche. También los vegetales aportan proteínas, pero, con algunas excepciones como la soja, contienen individualmente menos variedad de aminoácidos en cada producto. Vuelvo al símil: en nuestro periódico para recortar tenemos muchas veces la letra A pero en cambio nos falta la F, por ejemplo, y hay que buscar otro periódico diferente para encontrarla.

Las consecuencias aparecen con claridad: si sometemos a los niños a una alimentación exclusivamente vegana, es muy posible que aparezcan serias carencias nutricionales derivadas de la falta de algunos aminoácidos esenciales. Se llama a así a 6 de los 20 aminoácidos proteicos que no pueden ser fabricados por el organismo animal a partir de los restos de otros excedentes. Para comer sólo vegetales hay que consumir infinidad de vegetales diferentes.

No confundamos cantidad con variedad. Es cierto que comiendo vegetales se puede alimentar a más personas, sirvan de ejemplo el arroz o el trigo, que si la alimentación se basa en carne, ya que el animal alimentado consume al vivir parte de esa energía vegetal, pero de lo que hablamos es del peligro de carencias, especialmente en los niños, de una alimentación exclusivamente vegana.

Tampoco debemos confundir veganos con vegetarianos: estos últimos pueden incluir en su dieta alimentos lácteos y huevos y en este caso la situación cambia notablemente.

Dieta radical animalista

Si nos preguntamos las razones por las que los movimientos culturales, con k, aboguen por una alimentación vegana entramos de lleno en su defensa del radicalismo animalista. ¡Animales no!, ni en los desfiles, ni en el circo, ni en la mesa. Un taller sobre veganismo hemos visto en la reciente celebración de San Antón, circunstancia que unida a esta ligazón entre títeres -con perdón de los verdaderos y muy respetables artistas que merecen el nombre de titiriteros- y "merienda vegana" hace que comiencen a saltar las alarmas.

Los radicales de cualquier signo harían muy bien en dejar en paz a los niños: en sus celebraciones y en su dieta, y en esta última quienes deben tener la palabra son su padres y sobre todo sus pediatras. Quiera Dios que algún día seamos capaces de hacer llegar a los negritos del vientre hinchado las suficientes proteínas animales que les faltan en su dieta.

¿Qué le dirán sus padres y su pediatra al niño que se quiere hacer vegano sin saber muy bien lo que dice, y sólo porque lo diga el mensaje pacifista-animalista-simplista procedente del radicalismo más extremado?

La opción vegana puede ser respetable en cualquier adulto que la quiera adoptar, en función de su libertad personal, aunque sería deseable que estuviera en todo momento asesorado por su médico de cabecera y garantizada su salud por las analíticas necesarias para descartar cualquier estado carencial, pero digamos claramente que no se trataría de una opción progresista, sino de algo que tiene mucho más que ver con el lujo y con la falta de solidaridad enfocando el tema a nivel social e incluso planetario.

La humanidad no está para lujos a la hora de alimentarse. La Ciencia y la Tecnología deben trabajar para garantizar la suficiente producción de alimentos para todos, no sólo para unos cuantos movidos por la búsqueda de la exquisitez, la mística o en muchos casos la ignorancia.

De manera que habrá que seguir consumiendo alimentos animales, por mucho que nos duela tener que sacrificarlos o pescarlos. Ni la mismísima factoría Disney se habría atrevido a negar este hecho que a veces es duro, pero siempre necesario.

En cuanto a los animales que nos sirven de sustento no hay que olvidar cuidarlos, transportarlos y sacrificarlos de manera humanitaria, faltaría más, pero qué duda cabe de que la vida y la supervivencia tienen leyes duras y hoy por hoy ineludibles. No todos pueden comer sin matar, sólo unos cuantos privilegiados. ¿Es eso progresista?

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