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Miguel del Pino

El rey canario

Los canarios concursan en varias grandes modalidades: canto, color y postura, cada una de ella diversificada en categorías.

Miguel del Pino
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Los canarios concursan en varias grandes modalidades: canto, color y postura, cada una de ella diversificada en categorías.
Canario rojo mosaico macho. Precioso ejemplar de concurso | Bichomanía

Los aficionados a la cría de pájaros domésticos están estas fechas en plena actividad. En Talavera de la Reina se está celebrando en estos momentos el Campeonato de España de Ornitofilia, y el próximo mes de enero tendrá lugar en Almería nada menos que el Campeonato del Mundo.

En estos certámenes se valoran en competición las características, de belleza o de canto, de los ejemplares de diferentes razas de canarios. El canario (Serinus canarius) es sin duda el rey de los pájaros domésticos.

No sólo concurren en Talavera canarios, por cierto más de quince mil, sino también otras especies susceptibles de ser criadas en domesticidad, como numerosos exóticos, bien del grupo de los llamados Diamantes, o Paddas y otros grupos recientemente incorporados a la ornitofilia. Tomemos como ejemplo de belleza el Diamante de Gould, originario de Australia: su plumaje muestra absolutamente toda la gama de colores del arco iris.

También existe gran afición al grupo de los llamados "de pico curvo", es decir, a la familia Psitacidas, que comprende aves tan conocidas como los periquitos, cotorras y loros.

Dentro del grupo anterior se han impuesto en popularidad estos últimos años los Agapornis, unos loritos africanos de bellos colores que se crían con mucha facilidad, y también unos recién llegados, los Forpus, procedentes de América Central y Subtropical: diminutos loritos de apenas doce centímetros y coloración verde, aunque ya empiezan a verse mutaciones de tonos turquesa o amarillo limón: una variedad apasionante.

Pero volvamos a los canarios para tratar de explicar las causas de la realeza que les atribuimos. Todos los canarios, que se crían en la casi totalidad de los países civilizados en número de millones de ejemplares, proceden del canario silvestre oriundo de las Islas Canarias. No es extraño que nos llenemos de orgullo al hablar de su difusión y de sus cualidades.

Fueron los caballeros Normandos Juan de Bethencourt y Gadifer La Salle quienes descubrieron en sus viajes por encargo del Rey Juan II de Castilla, que los guanches mantenían en sus moradas unos pequeños pájaros de color verde para deleitarse con su canto. Se trataba de una especie desconocida en Europa, prima hermana del muy popular Serinus serinus, llamado Verdecillo o Chamariz, según las diferentes Comunidades españolas. El verdecillo es muy conocido, incluso por los profanos en ornitología, ya que es habitante habitual de parques y jardines.

Lo más probable es que la especie canaria se haya originado a partir de verdecillos que alcanzaron de manera esporádica el Archipiélago. Es esta una forma bastante habitual de formación de nuevas especies, siendo las Islas verdaderos laboratorios de la evolución. El aislamiento insular de poblaciones de una misma especie hará sólo cuestión de tiempo que evolucionen hacia especies diferentes.

Fue precisamente la observación de la especiación de los diferentes pinzones del archipiélago de las Galápagos lo que condujo a Darwin a intuir las bases de su Teoría de la evolución. El genial naturalista comprendió que los diferentes pinzones de cada isla tenían que haberse originado a partir de una sola y primitiva especie ancestral. Así de interesante resulta el estudio de la fauna de las regiones insulares del planeta.

Las Islas Canarias también son un magnífico lugar para comprender el fenómeno de la diversificación de las especies. Por si no fuera poco el ejemplo del canario, tenemos también las diferentes especies de pinzones europeos diversificados en el Archipiélago, como el Pinzón tintillón, variante del pinzón vulgar continental o el maravilloso Pinzón azul del Teide (Fringilla Teydea).

Sigamos con los canarios domésticos, amigos del hombre desde hace más de quinientos años. Los primeros ejemplares importados a Europa lo fueron como objeto de regalos a la realeza y a la nobleza. La Reina Isabel I de Inglaterra llegó a criarlos y a anillarlos con aros de oro. Poco después el pueblo se hizo cargo de la crianza de los maravillosos cantores, hasta llegar a hacerlo de manera industrializada, principalmente en Alemania, Holanda y otros países centroeuropeos.

Italia y España también se apuntaron a la crianza de canarios. En España se cultivaba el llamado "canario del País", estimado por su canto vibrante y "balconero". En Europa central trataban de buscar cantores capaces de emular al mismísimo ruiseñor, que en nuestro país eran conocidos con el título honorífico de "canarios flauta".

Inglaterra se constituyó en generadora de nuevas variedades, algunas verdaderamente extrañas, como los gigantes de Norwich o Lancashire o el curioso Lizard, de plumaje con marcas negras que semejan las escamas del lagarto.

En los Países Bajos aparecieron y se seleccionaron los primeros canarios de pluma rizada que en la actualidad comprenden diferentes razas, algunas de gran tamaño, como el Rizado de París o el Gigante italiano.

Una verdadera revolución supuso la introducción en la canaricultura del cruzamiento con un diminuto pájaro procedente de Venezuela, el Cardenalito (Spinus cucullatus). La afortunada circunstancia, poco frecuente en Biología, de que un alto porcentaje de híbridos resulte fértil, permitió incorporar en los canarios el factor rojo: un sistema enzimático capaz de convertir en rojo parte de los alimentos ingeridos por el pájaro, que sin este factor sería de tonalidad amarilla.

Los canarios concursan en varias grandes modalidades: canto, color y postura, cada una de ella diversificada en categorías. Se trata de un mundo muy complejo y apasionante para quienes disfrutan con esta afición. No es nuestro propósito profundizar aquí en este tema, se trata solamente de extraer un par de consecuencias de carácter naturalista.

En primer lugar aclaremos que los canarios domésticos de los canaricultores deportivos llevan una vida llena de cuidados, alojados en espaciosos jaulones y voladeras, muy alejados de la cautividad de las pequeñas jaulas de adorno. La facilidad con que se reproducen los aparta del mundo de los animales cautivos para integrarlos en el de los plenamente domésticos.

Recordemos también que la Sociedad Española de Ornitología y las autoridades medioambientales están en camino de prohibir la caza de pájaros silvestres y recomienda la cría en cautividad de las especies, como jilgueros, verderones y pardillos actualmente susceptibles de ser cazadas vivas, si bien con las correspondientes vedas estacionales. La canaricultura es un buen ejemplo a seguir en un futuro ya inmediato.

En tercer lugar insistimos en pedir la Sociedad Española de Ornitología que se acuerde del canario a la hora de proclamar su "ave del año", como tradicionalmente distingue a alguna especie que considera merecedora de ello. Bien lo merecería por llevar a todo el planeta el nombre de nuestras maravillosas "Islas Afortunadas", por ser un ejemplo sustitutivo de la caza de pájaros silvestres y por ser su cría en nuestras casas una maravillosa lección de educación ambiental, especialmente para los niños.

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