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Pablo Molina

Confinar a la izquierda

Las organizaciones izquierdistas están siempre dispuestas a tomar la calle cuando no gobiernan los suyos.

Pablo Molina
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Las organizaciones izquierdistas están siempre dispuestas a tomar la calle cuando no gobiernan los suyos.
El podemarra Monedero, en una imagen de archivo | EFE

Las organizaciones izquierdistas están siempre dispuestas a tomar la calle cuando no gobiernan los suyos. En esto cabe reconocer a sus miembros un rigor estajanovista que, si lo emplearan en trabajar, situarían a España a la cabeza de los países con mayor tasa de productividad.

Asociaciones de activistas las hay a miles, todas ellas financiadas abundantemente por el PP, como corresponde a un partido cuyos dirigentes compiten por ver quién entrega más dinero público a los que trabajan sin descanso para echarlos del poder. Ocurre igual con las televisiones y emisoras autonómicas, gestionadas por comandos de agit-prop izquierdista para destruir desde ahí al Gobierno que los mantiene en sus puestos directivos con unos sueldos y prebendas de escándalo, como Telemadrid cuando gobernaba la de las cremas. Luego esos mismos dirigentes se lamentan de que los medios mienten para dañarlos con campañas orquestadas por socialistas y podemitas. ¡Pero si son ellos los que los mantienen como reyes! ¿De qué se quejará esta pobre gente?

Con el confinamiento selectivo decretado en la Comunidad de Madrid, la izquierda ha visto una oportunidad para lanzar un nuevo ataque masivo contra Díaz Ayuso, con la esperanza de que sea el definitivo. El análisis es acertado porque, con un petimetre como Ignacio Aguado en la vicepresidencia, lo raro es que no la hayan echado ya.

Sin embargo, el motivo que esgrimen para sus manifas parece digno de Adriana Lastra. De hecho, lo es. Porque hasta un podemita convencido puede llegar a entender que no es posible aplaudir el confinamiento absoluto de España cuando lo decretaban Sánchez y el hombre del moño y salir a la calle a gritar cuando se adopta una medida mucho menos lesiva en medio de un rebrote que, puesto que Simón dice que será leve, dejará en mantillas a la primera ola del virus con toda seguridad.

Por eso (y por tantas y tantas cosas) hay confinar a la izquierda, al menos en lo intelectual. El ruido callejero no representa la voluntad mayoritaria de los ciudadanos, error de bulto que, por su puesto, la derechita comete una y otra vez. Confinada en las calles, con sus pancartas y sus bongos financiados con subvenciones públicas, la izquierda socialpodemita está muy bien. Lo importante es que los demás mantengamos la cabeza fría y sigamos como hasta ahora, luchando para de preservar nuestra salud y nuestros empleos. Ya habrá tiempo de votar.

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