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Pablo Molina

España roja

Mal harían los partidos del centro-derecha si se limitaran a ridiculizar el CIS de Tezanos, en lugar de ponerse a trabajar para prestigiar los valores liberal-conservadores en una España absurdamente progre.

Pablo Molina
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El último barómetro del CIS podría haberlo elaborado Carmen Calvo, a tenor del tremendo subidón del PSOE, que obtendría más votos que PP, Cs y Vox juntos. Pero no, lo han hecho los técnicos hábilmente dirigidos por Tezanos, no menos incondicional de Sánchez que El Pasmo Egabrense, pero con la particularidad de que sus pronósticos para las pasadas elecciones generales, que parecían disparatados a favor del PSOE, acabaron teniendo un reflejo muy aproximado en lo que más tarde saldría de las urnas.

Según este sondeo, el PSOE aplastaría a sus rivales en unas nuevas elecciones y no tendría demasiados problemas para sentar a Sánchez cuatro años más en la Moncloa. Lo más llamativo, sin embargo, es que lo que baja la suma de PP, Cs y Vox respecto a las pasadas elecciones (-12,3) coincide prácticamente con lo que sube el PSOE (+12,6). Si corregimos los datos con el descenso en intención de voto de Iglesias (-1,2), resulta que el 93% de los que han decidido no volver a votar a Casado, Rivera y Abascal votaría a Pedro Sánchez en unas nuevas elecciones generales de celebrarse este próximo domingo.

Es evidente que en sociología electoral es todo mucho más complicado y que entran en juego otras variables, como el recuerdo de voto, el porcentaje de abstención de cada partido o el número de nuevos votantes, por lo que un estudio sin otras referencias que la mera intención de voto directo no puede aceptarse como un reflejo fiel de lo que podría ocurrir si volviéramos a las urnas. Sin embargo, el mero hecho de que el PSOE de Sánchez no se haya desplomado perforando el subsuelo después de sus pactos con lo peor de la política española habla mucho del posicionamiento ideológico del votante medio.

Tal vez es el miedo a Vox lo que está pasando factura al centro-derecha, como el pavor a los bolivarianos afectó en su día al centro-izquierda. Pero precisamente esa es otra conclusión bien triste de cómo funciona la mentalidad del votante medio, capaz de aceptar el mensaje de la izquierda y sus medios de propaganda que sitúa a Vox, un partido exquisitamente constitucional, al mismo nivel de una banda de radicales izquierdistas formados en las zahúrdas de las peores dictaduras comunistas.

Mal harían los partidos del centro-derecha si se limitaran a ridiculizar el CIS de Tezanos, en lugar de ponerse a trabajar para prestigiar los valores liberal-conservadores en una España absurdamente progre y con unos medios de comunicación cada vez más sesgados en su contra.

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