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Pedro de Tena

El partido no ha terminado: ojo a los cambios tras el descanso

La gente de Moncloa sigue colocada, el PSOE sigue en el Gobierno y Pedro Sánchez va logrando nuevas metas con estrategias tortuosas y arriesgadas.

Pedro de Tena
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Muchos parecen considerar que el partido ha llegado a su final. Por eso, unos dan por hecho que han perdido la apuesta y otros revientan de alegría por suponer que han acertado. Pero lo único cierto es que queda toda la segunda parte de este extraño encuentro, y durante toda ella será el candidato Pedro Sánchez el que siga gobernando en funciones con el presupuesto de Mariano Rajoy. Más o menos como antes y como siempre desde la moción de censura consentida por el propio Rajoy, que no quiso dimitir para evitarnos todo este calvario. La gente de Moncloa sigue colocada, el PSOE sigue en el Gobierno y Pedro Sánchez va logrando nuevas metas con estrategias tortuosas y arriesgadas.

Vamos a ver, eso de que el pacto PSOE-Podemos-separatistas se haya roto para siempre jamás está por ver. Sigo pensando que, de aquí a septiembre, cuando los equipos salten de nuevo al terreno de juego ante las cámaras, tras los correspondientes contactos confidenciales en los vestuarios, el panorama va a ser otro. Habrá cambios en las alineaciones, en los sistemas de juego, en los banquillos y quién sabe si en el equipo arbitral.

Lo que ha conseguido Pedro Sánchez es anonadar a la pareja de Galapagar, uno de los principales obstáculos para conseguir un acuerdo realista con una izquierda radical pero moderada en formas y fondo, capaz de integrarse en el futuro en un PSOE liberado de Suresnes. Vamos, que Sánchez prefiere volver al previsible comunismo europeo de IU antes que a la mezcla peligrosa de bolivarianos, trotskistas y anarconacionalistas sin cohesión interna ni disciplina. De aquí a la segunda parte, Podemos tiene que sufrir grandes convulsiones internas que ya estaban larvadas en su interior, y el dúo del casoplón, además de quedar desprestigiado moral y mediáticamente, ha demostrado a los separatistas varios que han asistido al espectáculo con horror que ya no les sirve para agujerear el edificio constitucional.

Pero, además, Pedro Sánchez ha conseguido otra cosa muy importante con esta maniobra maquiavélica de parecer negociar cuando de hecho no iba a negociar nada con Pablo Iglesias. El PSOE se ha rendido a sus pies, desde los barones regionales a los socialistas históricos del viejo PSOE de Felipe González. Siguen desconfiando de sus verdaderas intenciones, pero desde la semana pasada ya nadie se atreve a criticar ni en público ni en privado la política del líder. No ha cedido ante los nacionalistas ni ha cedido ante los podemitas. Tampoco ha cedido, aparentemente, ante sus ambiciones personales. Ha puesto a España por encima de todo, propaga sin descanso, y se ha convertido en un santón intocable. Susana Díaz está derrotada y la guillotina ya ha afectado a su mano derecha parlamentaria, Mario Jiménez.

En la segunda parte se encontrarán un Pedro Sánchez y un PSOE muy fortalecidos internamente ante un Podemos, o ya veremos si más de uno por escisiones sobrevenidas, y ante un separatismo desesperado por encontrar un agujero por el que colarse en el futuro del queso español.

En la otra bancada, el centro-derecha, que suma los mismos escaños que el PSOE, 123 (a los que puede añadir los 24 de Vox), tiene que meditar una estrategia conjunta que debilite a la izquierda en su conjunto. PP y Cs pueden incluso pedir al PSOE y a Vox que se abstengan y erigir un Suma España, volviendo el calcetín de Sánchez del revés. O consentir en abstenerse uno de ellos. O los dos. Ya se ha equivocado pronosticando que se firmaría el pacto frankenstein en la primera mitad del partido y en el Congreso de los Diputados, aunque todo sigue la senda prevista en Navarra y Cataluña, donde al PSOE, a Bildu y a Esquerra sólo les queda besarse.

Yo creo que la actual izquierda española, sensible a las aspiraciones de los nacionalismos periféricos, con una nueva idea de España plurinacional y enemiga del concepto reconciliador de la Transición, no va a perder esta oportunidad, tal vez la única en mucho tiempo, de manejar el destino nacional. Sencillamente ha aplazado las jugadas decisivas, una vez debilitados sus principales adversarios internos. No me parece posible, por razón de la experiencia histórica y por razón de la cultura de partido, que apueste por unas elecciones generales que siempre carga el diablo teniendo el pájaro en mano. La querencia está clara y la negociación, aunque frustrada, ha clarificado las preferencias y los apoyos. Estaremos atentos a la alineación de los equipos y a su disposición en el terreno de juego.

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