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Pedro de Tena

Qué 16 de mayo, coño

Considerado un extraterrestre por los mangantes del socialismo trilero, siempre creyó que se podía llegar al comunismo desde la Constitución de 1978.

Pedro de Tena
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Muchísimas personas murieron un 16 de mayo desde que el calendario se tiene en cuenta. Todavía ayer, entre nosotros, fallecieron 87 españoles por coronavirus y nos acercamos a los 28.000, en medio de la gestión más desastrosa que Gobierno alguno haya perpetrado, con mentiras, ocultaciones, ridículos y despropósitos de por medio. Pero no puedo evitar prestar atención a algunos de ellos, aunque subrayo mi respeto para todos.

Julio Anguita, un comunista encallado en la contradicción de la estatura moral, el aprecio de la libertad y una teoría política que conduce a la dictadura. También un hombre zarandeado íntimamente por la muerte inesperada de un hijo. A pesar de ser un comunista leído, amante del Siglo de Oro y de la mística española, fue incapaz de comprender a lo largo de su vida que el comunismo es incompatible con la libertad. ¿O es que soñaba una estatalización con libertad, como pareció indicarle a Luis del Pino en una famosa entrevista? Pero Caperucita Roja era incompatible con el lobo, cabal oposición de un Charles Perrault que murió también un 16 de mayo de 1703.

Considerado un extraterrestre por los mangantes del socialismo trilero, siempre creyó que se podía llegar al comunismo desde la Constitución de 1978. No se le conoció ratería alguna, intentó moralizar el comportamiento de los políticos españoles y logró ser apreciado por los cordobeses cuando le llamaban el Califa Rojo. Buen contador de chistes, pistola en la exila y ameno conversador, ¿cómo creía que sería posible implantar un régimen de propiedad estatal y eliminar la preferencia popular por los mercados? ¿Con buenas intenciones? ¿Con una conversión general del alma humana a la fe roja y comunista de un modo tal que aceptarían voluntariamente la igualdad a cambio de la libertad?

No debió leer a Fernando Claudín, muerto también un 16 de mayo de hace 30 años, quien finalizaba su libro La crisis del movimiento comunista admitiendo que la progresiva instalación de la desinformación y la mentira en la ideología y la práctica del movimiento comunista fue el "cáncer que destruyó al organismo en tanto que instrumento revolucionario". Puede haber sueños, incluso pesadillas, pero los hechos históricos reales pesan como una losa y Julio Anguita no quiso escucharlos.

Y otro 16 de mayo murió hace 25 años Lola Flores, de la calle Sol de Jerez, la perseguida por el PSOE, tremenda fuerza de la naturaleza que cantó junto a Caracol a los niños de la señá Gabriela Ortega. Uno de ellos era Joselito el Gallo, que "toreaba en verso" y que había recién cumplido 25 años cuando un toro de 260 kilos ciego para el engaño –qué poca hechura para tanto daño– le agujereó el vientre. Otro Gallo, el hermano mayor, cuenta Alfonso Reyes, que estaba por allí, se quiso quedar solo con el cuerpo. "Y así, con los brazos bajos y un poco abiertos, como si llevara en las manos una muleta y un estoque invisibles, a pasos solemnes y cautelosos, ofreciendo el pecho, serio y atento el rostro, el maestro avanzó, callado, hacia el Toro de la Muerte". Más lejos, Juan Belmonte lloró "como no he llorado nunca en la vida".

Este pasado sábado, otro 16 de mayo, el infame Pedro Sánchez y su cuadrilla de esos bandoleros de la política que tanto odiaba Julio Anguita anunciaba su propósito de alargar el confinamiento del pueblo español hasta finales de junio, otro mes, lo que le permitiría seguir en el Gobierno sin control parlamentario normalizado hasta septiembre por el fin del período de sesiones. Esto es, un plan perfecto para seguir gobernando autocráticamente hasta completar los seis meses, como las viejas dictaduras romanas, pero sin el honor y el respeto a la libertad de un Cincinato. Inés, Inés, Inesita, Inés, esto es lo que tiene el arbolé.

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