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Cómo llegó Perón a España

Franco estaba convencido de que Perón se había hecho masón y había sido manejado por las logias.

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La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus peronistas no sólo han acogido y puesto un sueldo al exjuez Baltasar Garzón, sino que han arremetido contra el régimen franquista. Ya sabemos que los peronistas son tremendamente desagradecidos, porque pagaron el apoyo peruano en la Guerra de las Malvinas vendiendo armas en secreto a Ecuador en 1995, por lo que no debe sorprender que ataquen a quien acogió al fundador de su movimiento cuando ningún país hispanoamericano lo quería.

Juan Domingo Perón fue derrocado en septiembre de 1955 por un sangriento golpe de Estado en el que participaron todos los antiperonistas: el Ejército, la Marina, el Partido Radical, el Partido Socialista, el Partido Comunista, los democristianos y numerosos católicos. Se llamó Revolución Libertadora. Perón se refugió en el Paraguay, que había empezado a gobernar el año anterior el general Alfredo Stroessner, el segundo dictador más longevo de América en el siglo XX, sólo superado por el comunista Fidel Castro. Pero sólo permaneció un mes allí, debido a las presiones argentinas y a sus propias indiscreciones con periodistas.

En los años siguientes, Perón rondó por Panamá, Venezuela y la República Dominicana. En Venezuela le acogió el dictador Marcos Pérez Jiménez. Cuando éste fue derrocado en 1958, le acogió Leónidas Trujillo en Santo Domingo (entonces llamada Ciudad Trujillo). Para los civiles hispanoamericanos, Perón encarnaba al apóstol de la "religión de la espada", como le calificó el venezolano Rómulo Betancourt. El año anterior a que Trujillo fuese asesinado, en mayo de 1961, Perón vino a España casi por sorpresa.

Espía en la peluquería

El diplomático Alonso Álvarez de Toledo y Merry del Val cuenta en sus memorias cómo ocurrió. En enero de 1960, se encontraba preparando su primer destino al extranjero cuando al regresar del ministerio a su casa para almorzar su madre le preguntó: "¿Sabes quién llega mañana a España?". La respuesta a esa pregunta era Perón; se alojaría en el hotel Felipe II de El Escorial, y quien le había preparado -a él y a sus acompañantes- los trámites era un tal Herrera. La señora se había enterado de todo ello ¡en la peluquería!, debido a la conversación entre otras dos clientas.

Inmediatamente, Álvarez de Toledo llamó al ministro, el bilbaíno Fernando María Castiella, veterano de la División Azul, y a cuyas órdenes directas se encontraba, como miembro de su gabinete técnico. Desde unos meses antes, la embajada española en la República Dominicana informaba de los rumores de un posible viaje de Perón, al que Castiella se oponía para impedir que la prensa internacional "tuviera servida la ocasión de montar una campaña contra el Gobierno de Madrid". Además, desde hacía unas semanas manos anónimas pintaban esvásticas en las paredes de muchos edificios de la capital.

Enterado Castiella, el Gobierno se puso en marcha para averiguar lo que pudiese. El tal Herrera era el agregado militar de la embajada española y encima asesor en la academia militar dominicana.

Por otro lado, el avión de la aerolínea brasileña Varig en que viajaban Perón y sus acompañantes hacía escala en las Azores, y se consiguió que, recurriendo a una borrasca agrandada en los partes oficiales, se dirigiese a Sevilla en vez de a Madrid. Y allí marchó Álvarez de Toledo a recibir a Perón.

Lo primero fue despistar a los periodistas que se habían enterado de la visita, y lo segundo acomodar a Perón y sus acompañantes: Américo Barrios, John del Re, Alberto Campos y, por último, Isabelita Martínez, a la que el general había conocido en Panamá y que, aparte de llevar dos perritos, controlaba la estricta dieta de Perón.

Según recoge el diplomático, cuando hablaron de asuntos oficiales, Perón respondió:

Estoy saturado de política. (…) Me quedaré ahora en Sevilla y, si lo creen oportuno, viajaré por Andalucía. Quiero conocer España. Y, por favor, no quiero policías. Aquí me siento totalmente seguro.

Más tarde, Barrios dijo, pomposo:

El general hará siempre honor a la hospitalidad española.

Alonso Álvarez de Toledo acompañó en coche a Perón y sus amigos a Málaga, y, aunque se despidieron con muchas efusiones, supo más tarde que el argentino había protestado porque se le había asignado para recibirle a un secretario de embajada de segunda clase. Castiella envió a Perón al embajador Emilio Navasqüés, con quien se negoció las condiciones para permitirle su estancia en España. Además, el ministro ordenó a su subordinado que informase de todo lo que había hablado con Perón a la embajada argentina.

Franco, convencido de que Perón era masón

Madrid tiene una gran avenida con el nombre de Perón y un parque con el de Evita, pero Franco no recibió a Perón en los años siguientes. Puede sorprender la indiferencia con que Franco trató a Perón, pero es que el gobernante español recibía presiones de los diferentes Gobiernos argentinos, ya civiles, ya militares, para que impidiese a su huésped toda actividad política.

Pese a ello, Perón pudo instalarse en Madrid en 1961, primero en la calle del Doctor Arce y luego en una quinta de Puerta de Hierro, y allí recibir a todos los argentinos que se acercaban a visitarle, incluidos los futuros terroristas montoneros. También empezó la relación con el siniestro López Rega. Y el régimen le permitió guardar en su residencia el cadáver embalsamado de Evita, recibido en 1971, contra todas las normas sanitarias y forenses.

Cuando en 1964 Perón trató de regresar a Argentina, el Gobierno del presidente Arturo Illia, civil y radical, detuvo el avión de Iberia en su escala en Río de Janeiro. Allí, la Junta brasileña lo devolvió a España, que podía haberle expulsado y no lo hizo.

Según contó el general Francisco Franco Salgado-Araujo, Franco estaba convencido de que Perón se había hecho masón y había sido manejado por las logias, lo que para el generalísimo era lo más bajo a lo que podía llegar un político hispano y bautizado en la Iglesia. Los siguientes comentarios los recogió Franco Salgado-Araujo de su primo -véase su libro Mis conversaciones privadas con Franco- en los primeros meses de 1955, antes del golpe de Estado:

Me parece que las negociaciones con Argentina van a ir por buen camino y se llegará a un acuerdo con el general Perón, de lo cual me alegraré mucho. Es una lástima que este presidente se deje aconsejar por la masonería y que esta secta ejerza tanta influencia en el gobierno. Si viviera su mujer, mucho más inteligente que él, no se perseguiría a la Iglesia Católica como ahora se hace.

Perón (…) es un hombre débil que primeramente se dejó dominar por su mujer, más inteligente que él, y ahora se deja dominar por las logias.

Después de un primer viaje a Argentina en 1972, Perón regresó definitivamente en 1973, y murió en 1974. Su viuda, que le sucedió en la presidencia hasta que fue derrocada en marzo de 1976, vive desde 1981 en la provincia de Madrid. En 2007 fue detenida por la Policía española por acusaciones sobre asesinatos antes del golpe de Estado y se negó a ser extraditada a la Argentina de su correligionaria Cristina Fernández. La Audiencia Nacional consideró que los delitos que se le atribuían habían prescrito.

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