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El ‘annus horribilis’ de la izquierda italiana

Como en otros países europeos, el tradicional electorado de izquierdas se está desplazando, en mayor proporción que el de derechas, al 'populismo'.

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Matteo Renzi, en una imagen de archivo | EFE

En poco más de tres meses, la izquierda italiana ha sufrido tres derrotas que la dejarán en la oposición por largos años, si no le obligan a una reconstrucción en la que, por fin, abandone las manidas consignas progresistas.

La primera ocurrió en las elecciones parlamentarias de marzo. El primer partido fue el Movimiento 5 Estrellas y la coalición más votada fue la de centro-derecha (Liga Norte, Forza Italia y Hermanos de Italia). El Partido Democrático, heredero, muy aguado, del PC y de otras formaciones de izquierdas, perdió 2,5 millones de votos y quedó tercero en las Cámaras. Desde las elecciones de 2008, en que obtuvo 14 millones, el PD ha perdido a la mitad de su electorado.

Libres e Iguales, una coalición a la izquierda del PD que se pasó la campaña advirtiendo de la amenaza del fascismo, quedó por debajo de los Hermanos de Italia, el partido más a la derecha. Aspiraba al 8% y hasta el 10%, y no alcanzó el 4.

El segundo fracaso fue la formación de un Gobierno entre las dos formaciones más votadas, M5S y Liga Norte, a pesar de las maniobras en contra del presidente de la república, el democristiano Sergio Mattarella.

Un movimiento populista arraigado en el sur, Sicilia y Cerdeña, pero no solo allí (véase el mapa de las votaciones), que propone una renta mínima y penetra en los sectores más pobres, junto con un partido que anunciaba la destrucción del país y se ha basado en el desprecio a Roma y a los vagos del Mezzogiorno han sido capaces de construir un Gobierno cuyos pilares son el hartazgo con la partitocracia, la inmigración y Bruselas.

Pérdida de la 'trinchera' municipal

La tercera derrota ocurrió este domingo 24, en la segunda vuelta de las elecciones en 75 municipios desperdigados por el país. Entre las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1946 y las de 1996, en que fue elegido primer ministro Romano Prodi, el PCI estuvo fuera del Gobierno. ¿Cómo aguantó ese medio siglo? Aparte de con subsidios de la URSS y redes de chantaje, mediante el poder sindical y el control de muchos municipios, sobre todo en el norte del país (Toscana, Emilia-Romaña, Umbría y las Marcas). Ahora se ha quedado sin la base municipal.

Han caído los bastiones rojos de Siena, Pisa, Massa, Ivrea, Ímola y Terni. La izquierda ha perdido municipios que gobernaba desde hacía setenta años en favor del M5S y, sobre todo, de la Liga Norte. Un militante de los Hermanos de Italia es alcalde de Ragusa, una ciudad siciliana de 73.000 habitantes.

En una situación política tan excitada como la de las últimas semanas, con el veto alemán a un ministro de Conte y la negativa del viceprimer ministro, Matteo Salvini, a recibir el barco Aquarius, los resultados suponen una aprobación al Gobierno. Pero la hecatombe de la izquierda se fraguó hace ya tiempo.

Como en otros países europeos, el tradicional electorado de izquierdas se está desplazando, en mayor proporción que el de derechas, al populismo. Muchos pensadores y militantes de izquierda, sean progres o rojos, se empeñan en mantenerse erguidos sobre su superioridad moral y descalificar a quienes les han abandonado. No reconocen que el asco popular a la partitocracia y, sobre todo, a la izquierda es tal que Salvini puede amenazar al escritor Roberto Saviano con retirarle la protección que le salva de ser asesinado por la Camorra sabiendo que este acto de venganza no le perjudicará en las encuestas, que ya le dan más de un 26% de intención de voto.

La izquierda, separada del pueblo

Poco después de las elecciones de marzo, el fundador del PD y exalcalde de Roma Walter Veltroni explicó el desastre, con la típica cursilería de su clase:

La izquierda debe encontrar su relación con el pueblo y hoy está lejos de la vida real de las personas. Parece que habla más de sí misma que del dolor, el ansia o el miedo que hay en los estratos más débiles de la población. Ha perdido la belleza de las emociones, y todo nace de ahí. Hoy aparece distante y fría.

En la resaca de los últimos resultados, una de las figuras de la progresía, el aristócrata Carlo Calenda, que pasó de las juventudes comunistas a ser representante permanente de Italia en la UE, ha dicho:

Se está produciendo un profundo cambio de época en todo Occidente. Los progresistas son derrotados en todas partes. Pagan el error de haber interpretado los cambios de los últimos treinta años de una manera simplificada y optimista. Transmitimos la idea de que aquellos que sienten miedo son unos retrógrados que no comprenden las innovaciones brillantes y progresivas de la modernidad.

Y ha concluido con una declaración de herejía respecto a los mandamientos del Imperio Progre:

Los italianos no son racistas ni son fascistas, sino que piden protección frente al tsunami continuo que los golpea: la crisis financiera, la crisis migratoria, la crisis de la transformación tecnológica.

Como están aprendiendo el Partido Demócrata en EEUU y el SPD en Alemania, la izquierda tiene que abandonar su política centrada en los lobbies de minorías para tratar de sobrevivir.

En estos momentos, el único país europeo importante que gobierna la izquierda es España. De nuevo, como en el franquismo, Spain is different. Pero con las políticas que empieza a aplicar Pedro Sánchez (el candidato socialista que ha tenido el peor resultado desde 1977) sobre la cuestión nacional, la inmigración y la clase media, es de esperar que, por muy retrasados que marchemos los españoles, alcanzaremos muy pronto a nuestros vecinos.

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