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Pasta de papel

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Gonzalo Fernández de la Mora me refirió, en una de las dos veces que hablé con él, un curioso suceso: habiendo precisado consultar el archivo del Ministerio de Hacienda anterior a la guerra, encontró que éste no existía. Preguntó a Fuentes Quintana, por entonces deseoso de hacerse simpático a los socialistas, y el interpelado le dio la extraña versión de que, probablemente, los habrían destruido los franquistas para eliminar testimonios comprometedores. La explicación resultaba en verdad difícil de creer, pero en 1984, el diario “Ya” publicó un reportaje-entrevista sobre Justo García Morales, director del Centro del Tesoro Documental y Bibliográfico, con motivo de su jubilación, y en él afirmaba el periodista que la época más desgraciada para nuestro tesoro bibliográfico y documental” había sido “la posguerra española última, en la que gran parte del tesoro documental se deshizo para convertirlo en pasta de papel”.

La realidad del caso la aclaró José Antonio García-Noblejas, ex director de Archivos y Bibliotecas, pero cuyas aclaraciones, como tantas veces ha ocurrido, se han perdido para el público común. El 2 de septiembre de 1937, una orden del Ministerio de Instrucción Pública, dirigido entonces por el comunista Jesús Hernández, ordenaba recoger papel de los archivos de Madrid con destino a las fábricas papeleras. De la labor se encargó un bibliotecario izquierdista, y la realizó a conciencia. En su informe, elevado a la Dirección General de Bellas Artes, nos ilumina sobre el Ministerio de Hacienda: “Ya es sabido que los numerosísimos fondos que constituían este Archivo fueron, casi en su totalidad, quemados en el mes de diciembre pasado, al necesitarse para servicios de guerra los sótanos en que estaban custodiados. De esta quema se salvaron solamente los legajos correspondientes a cinco de sus salas y algunos legajos (unos 3.000 aproximadamente) que fueron depositados en el Patio Árabe del Museo Arqueológico Nacional”. El comisionado consideraba inútil ese papel salvado. El Ministerio de Hacienda sirvió como Estado Mayor de Miaja y Rojo, y el motivo de la quema del archivo parece haber sido el de caldear el edificio en el frío diciembre madrileño.

No menos significativo resulta su informe sobre los archivos del Ministerio de Instrucción Pública, donde fueron eliminadas veintiocho toneladas de papel referentes a los años entre 1842 y 1914. Además, “en los sótanos de este mismo Ministerio existe una gran cantidad de libros inútiles, por ser obra de elementos fascistas, como Primo de Rivera, el cardenal Segura, etc., los cuales libros vienen a tener un peso aproximado de unos 20.000 kilos”. Evidentemente, sufrieron el mismo destino. Al igual que gran parte del archivo de la Delegación de Hacienda y del Archivo General Central de Alcalá de Henares. La cosecha total de documentación destruida subió a unas 300 toneladas.

Estos sucesos ilustran sobre algunos aspectos oscuros de nuestra historia reciente, y también sobre la forma en que esa historia ha sido falsificada por diversas personas, a menudo derechistas interesados en congraciarse con la izquierda.

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