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¿Qué es ser antifranquista?

Cebrián o Ángel Viñas son modelos de esa miseria tan extendida. Y si no se clarifican de una vez las cosas y se les para los pies, enlazarán, como siempre han querido, con el nefasto Frente Popular con el que se identifican en sus desvaríos.

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Observen: antifranquistas son Carod Rovira, De Juana Chaos, Rubalcaba, Rajoy, Alfonso Guerra, Josu Ternera, Mas, Carrillo, la Chacó, Cebrián, Arenas, Camps, Roldán, Odón Elorza, Setién, Basagoiti, Arzallus... Señalarlo no es demagogia, sino destacar un hecho objetivo, oscurecido vergonzantemente. ¿A qué obedece tan peculiar fenómeno, si el franquismo se disolvió, por voluntad propia, hace 35 años? Obtendrán una respuesta si reparan en que ninguno de ellos ha contribuido a la democracia, la cual se implantó "de la ley a la ley", al margen o en contra de ellos; y en que todos han envilecido el régimen de libertades con abusos de poder, manejos separatistas, corrupción, terrorismo o colaboración –activa o pasiva– con el terrorismo, negación de la separación de poderes y desprecio a la nación española. Han inventado "naciones" y "hechos nacionales" para diluir la nación española, base de la soberanía, y denigrado y confundido con mil falsedades la historia de España...

¿Qué significa, entonces, el antifranquismo? Significa, muy literalmente, oposición a España y a la democracia. Lo primero es tradicional ya desde antes de los tiempos en que los vivas a Rusia y a la república se contraponían agresivamente a los vivas a España. Lo segundo sorprende solo a los ingenuos porque se ha identificado, con pleno fraude, antifranquismo y democracia, cuando son con toda evidencia conceptos opuestos: la democracia procede históricamente del franquismo, y todas las amenazas a ella nacen del antifranquismo, como salta a la vista y casi nadie señala.

Procede distinguir también entre el antifranquismo de otrora y el actual. Cuando Franco, había un antifranquismo activo, básicamente comunista, y otro antifranquismo de pandereta, tolerado por el régimen y con la vista puesta en la muerte del Caudillo para extraer ventajas políticas, así fuera en connivencia con el terrorismo. El primero, por los riesgos que corría, no dejaba de tener cierta dignidad a pesar de su totalitarismo. El que ha venido creciendo después ha sido particularmente abyecto, porque la mayoría de sus líderes no solo no hizo nada contra aquella que ahora llaman terrible dictadura, sino que prosperó e hizo carrera en ella y en sus aparatos. Cebrián o Ángel Viñas son modelos de esa miseria tan extendida. Y si no se clarifican de una vez las cosas y se les para los pies, enlazarán, como siempre han querido, con el nefasto Frente Popular con el que se identifican en sus desvaríos. Mientras estas cosas elementalísimas no se clarifiquen, España y sus libertades correrán serios peligros: pueblo que olvida la historia, tiende a repetir lo peor de ella.

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