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Raúl Benoit

Chávez, el bufón seductor

¿Por qué Chávez está dispuesto a derrochar el dinero en otros países, teniendo en su casa carencias educativas y sanitarias?

Raúl Benoit
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Como si fuera un novio feo pero rico, el bufón de América busca mujeres que necesitan dinero y las cautiva con promesas. Y como toda chica encandilada por un anillo de diamantes, varios gobernantes de Latinoamérica mordieron el anzuelo, cayendo a los pies de Hugo Chávez con la esperanza de mejorar las condiciones de vida de su pueblo.

El anillo, que parece tener varios quilates, es un "mecanismo integracionista", la Alternativa Bolivariana para las Américas –ALBA–, donde Chávez y Fidel Castro, además de Venezuela y Cuba, lograron meter a Bolivia, Nicaragua, Dominica y últimamente a Honduras.

El presidente Manuel Zelaya, probablemente esperando beneficios para su gente, fue secudido por el falso galán. Honduras es una de las naciones más pobres de Centroamérica. Su miseria manifiesta es un bocatto di cardinali para "conquistadores" como Chávez.

El ALBA, como todas las alianzas para el progreso, no deja de ser un plan loable, pero en el fondo idealista: luchar contra la pobreza y la exclusión social; proteger a los campesinos y a los productores agrícolas y mancomunar esfuerzos para enfrentar a las devoradoras multinacionales de las naciones ricas; hacer un frente común para no pagar o aliviar la deuda externa.

La promesa más tentadora de Chávez es cubrir por entero las necesidades energéticas de sus aliados. Todo suena muy bonito y si este novio fuera de fiar, yo iría al matrimonio.

En Nicaragua aparecen las dudas. Se discute sobre la cifra de los 520 millones de dólares que Daniel Ortega anunció en mayo por cooperar con Venezuela. Y es que la cifra del Banco Central de Nicaragua y la del Gobierno no coinciden. ¿Las conversaciones se están estancando?

Pero lo que ignoran los ciudadanos de la calle y los campesinos e indígenas es que el ALBA, aunque lo nieguen, es una alianza política e ideológica, más que económica y social. Pretende frenar la influencia de Estados Unidos en el continente y finalmente no ayudará a superar la pobreza. El propio Chávez dijo: "Es una alternativa a la hegemonía imperial".

Manuel Zelaya lo ratificó: "Honduras y el pueblo hondureño no tienen que pedirle permiso a ningún imperialismo para suscribir el ALBA". Entonces, ¿deben los hondureños aceptar al nuevo pretendiente, el aspirante a dirigir el nuevo imperio del sur?

Estos mandatarios latinoamericanos parecen ignoran a propósito los planes del bufón de América para poder sacar un poco de provecho en el desorden. Pero hacerlo resulta muy arriesgado.

Hay varias preguntas que uno puede plantearse: ¿Por qué Chávez está dispuesto a derrochar el dinero en otros países, teniendo en su casa carencias educativas y sanitarias? ¿Por qué desplaza a los profesionales propios y trae extranjeros, en vez de defender a los suyos? ¿Por qué Chávez no se preocupa por llenar los frigoríficos de su pueblo y los supermercados donde escasean la leche, la carne y otros alimentos básicos, en vez de regalar el dinero en el exterior con tanta generosidad?

Las campanitas de boda ilusionan a cualquier mujer. Pero este novio feo esconde otros intereses distintos a proporcionarles una buena vida a sus cónyuges.

Seguramente querrá comerse el pastel de bodas antes de llegar al altar y peor aún, cuando estas mujeres abran los ojos en su nueva casa, se darán cuenta, tarde, de que no tienen libertad y de que la nevera sigue vacía.

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