No se ponen de acuerdo todavía los medios al calcular las consecuencias inmediatas que va a tener el relevo en el poder autonómico de Convergencia y Unión. No hay duda de que se va a notar. No sólo tienen muchas posibilidades de pasar a la situación de desempleados varios centenares de altos cargos y asimilados del gobierno autonómico, sino que el seísmo se notará en cajas de ahorro y empresas asociadas, ojo; emisoras de radio; el muy endeudado complejo de la televisión catalana; el diario Avui y los periódicos que perciben buen dinero de la Generalitat, por citar sólo a los más visibles. Pues hay que estar muy encima para dibujar con precisión la tupida red capilar, el entramado clientelar tejido por CiU durante casi un cuarto de siglo.
e-noticies da la cifra de un millar los cesantes. Lo explica así: “las trece consejeríastienen unos cuatrocientos cargos entre consejeros, secretarios generales, directores generales y otros”. Dicho de paso, 71 de estos han sido nombrados con posterioridad a la convocatoria de las elecciones, con lo que casi sólo les servirá para poder incluirlo en su currículo. A estos hay que añadir otros tantos entre asesores y personal de confianza, así como directivos y consejeros de los organismo autónomos y empresas públicas, que irán cambiando. Por supuesto, no se descarta que un número indeterminado de ellos se ponga incondicionalmente a las órdenes de los recién llegados, echando mano de vínculos familiares, amistades estudiantiles y otro tipo de relaciones. Aunque, en Cataluña, como en otros muchos sitios donde no hay mucha renovación, “nos conocemos todos”. Lo que también significa que la hora será llegada asimismo para no pocas pequeñas y grandes compensaciones por heridas del pasado. Y ya se sabe que muchas heridas sólo las recuerda el que las sufrió.
¿Qué será de Pujol? El tratamiento que recibirá será muy distinto si no gobierna su destapado Mas. Y no digamos si les da a unos o a otros por levantar las alfombras. ¿Qué será de Mas? ¿Con qué cara y con qué presupuesto –forzosamente reducido– se va a embarcar Durán en la campaña para las generales, aunque les encantaría que ERC no revalidara sus resultados? ¿A qué se va a dedicar en Madrid en el previsible caso de que sus escaños no sean necesarios para casi nada?
En La Vanguardia, apenas un artículo de Porcel, que siempre ha defendido y se ha beneficiado del poder convergente, se aventura en las imprevisibles consecuencias de la nueva época que se abre en Cataluña. Se diría que el puente ha pillado con los músculos entumecidos a los columnistas o acaso se trate de que no aciertan todavía a saber cuál será la dirección del viento y las consecuencias reales del relevo en la residencia del patio de los naranjos. En El Periódico, menos reaciones todavía. En Avui, se moja Alfons Quintà al establecer un símil entre el Calígula que nombró cónsul a su caballo y Carod al haber encaramado a la presidencia de Cataluña a un personaje de tan escasos servicios al catalanismo, dice, como Maragall.
No tardarán en aparecer las dudas acerca de cómo va a funcionar esta bicefalia inédita en la que un Maragall con más votos –buena parte de ellos emitidos por invididuos con un entusiasmo catalanista perfectamente descriptible– actuará de reina madre con un primer ministro hiperactivo, hiperventilado, y acaso con la sensación de sentirse hiperlegitimado para convencer a muchos votantes convergentes de que el futuro del catalanismo es su ERC. Dicho sea de paso, una opinión que se echa en falta es la Pere Esteve, el antiguo capo convergente que se pasó a las filas de Esquerra, quién sabe si pensando en propiciar lo contrario de lo que ha ocurrido.
Entre los más desinhibidos a la hora de mostrar su rechazo, como con frecuencia ocurre, Salvador Sostres en su columna de e-noticies, que titula El gran traidor. Con decir que le traduce el nombre a Carod y le llama José Luis por “haber estafado a sus electores y haber vendido su país al imperio”. En su desesperación, incita a la rebelión a los votantes de Esquerra “que se sientan humillados, escupidos, insultados, atracados por don José Luis (ahora ya en castellano pues se ve que le gusta) para que lleven banderas españolas a la sede de Esquerra de la calle Villarroel porque esa es la bandera de que este partido y este candidato se han hecho sirvientas”. En fin, una cosa terrible, apocalíptica, que ya veremos en qué queda. Pues el gran enigma va a ser éste: ¿qué capacidad para suscitar críticas en los medios van a tener los convergentes desde la oposición?
