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Dios no es catalán

No es de risa pero tampoco es trágico. Simplemente es patético.

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La Escuela de la Nueva Historia Catalana, liderada por el ilustre y subvencionado por el poder político catalanista Jordi Bilbeny, defiende que Cervantes, Santa Teresa de Jesús, Cristóbal Colón, fray Bartolomé de las Casas y Hernán Cortés fueron en realidad personajes catalanes. Además, han descubierto al autor del Lazarillo de Tormes, un tal Joan Timoneda, más catalán que la butifarra. La última reunión de este Club de la Comedia con formato académico se está celebrando en Montblanc, organizada entre otros por el ayuntamiento de la localidad, con formaciones como el Agrupament Catalanista de Montblanc, Independents per Montblanc, la CUP o Convergencia. Pata negra catalanista.

Jorge Luis Borges, que era de familia medio anglosajona, leyó en primer lugar el Quijote en inglés, y cuando más tarde se topó con el original en español le pareció que era una mala traducción de lo que había leído en primera instancia. Bilbeny y su pandilla de revisionistas le habrían explicado al mejor escritor en español del siglo XX que en realidad el Quijote en castellano le sonaba mal porque efectivamente era una traducción, pero no del inglés sino del –lo ha adivinado, perspicaz lector– del catalán, y que fue escrito por Joan Miquel Servent.

El Mundo Today es un diario de humor que presenta historias delirantes pero que, y aquí está la gracia, podrían ser perfectamente verdaderas: un alcalde del PP que reabre una fosa del franquismo para hacerse una piscina, un chaval que desconecta a su abuelo para enchufar el cargador del móvil, etc. Pero Bilbeny y los suyos maldita la gracia que tienen. Porque en su paranoia victimista acusan al Estado español desde Felipe II de conspirar contra los catalanes para robarles no sólo su dinero, que eso ya se da por sentado, sino algo mucho más grave: su identidad como pueblo elegido (todavía no se han atrevido a reivindicar esto, pero no me extrañaría que en las vísperas del 27-S Artur Mas anunciara urbi et orbi que Dios es catalán, mientras hace separar las aguas del puerto de Barcelona para que lleguen los patrocinadores del Barça desde Qatar hasta las mismas puertas de la Generalitat).

No es de risa pero tampoco es trágico. Simplemente es patético. Porque revela que el nacionalismo pertenece a la categoría de las enfermedades mentales, a medio camino entre el delirium tremens y el complejo de inferioridad. Pretender apropiarse de las figuras más señeras de la historia cultural española pone de manifiesto que los catalanistas se sienten en inferioridad frente a la potencia cultural española, por lo que en lugar de tratar de crecer a su lado tratan de parasitarla. En la misma línea sostenía el arquitecto oficial del régimen catalanista, Oriol Bohigas, que si en lugar de ser un catalán español fuese francés no sería independentista. Pues claro. Porque la tradición jacobina habría borrado de un plumazo la cultura y la lengua catalanas, negado cualquier posibilidad de autonomía y reprimido cualquier atisbo de falta de respeto a los símbolos republicanos galos. Que al lado de los mourinhistas Robespierre y Napoleón, Felipe V parecía un Pep Guardiola.

También resulta patética la actitud del Gobierno español. En mi reciente viaje por la provincia de Gerona no he visto la bandera española ondear en ningún ayuntamiento, tomados todos ellos por la bandera independentista. ¿Qué hacen los delegados del Gobierno para hacer cumpir la ley? Los Mas y las Colaus se disponen a vulnerar la ley porque sospechan que nadie en el Gobierno va a tener la firmeza y la contundencia necesarias para hacer valer la definición del Estado como la entidad que ostenta el monopolio legítimo de la violencia. Y cuando la violencia legítima no se ejercita es la ilegítima la que triunfa. Del mismo modo que el filonazi David Irving se amparaba en la libertad de expresión para propagar sus mentiras sobre que el Holocausto en realidad no existió, y de ese modo afrentar la memoria de los judíos, así Jordi Bilbeny organiza sus aquelarres pseudohistóricos para azuzar las alucinaciones colectivas que son el caldo de colectivo del odio y el resentimiento que sienten catalanistas como Bohigas, Rahola o Guardiola contra todo lo que es español. Y lo peor que se puede hacer con un loco es seguirle la corriente, como hace el Gobierno español, me temo que más por cobardía que por ingenuidad.

Alguien se tendrá que atrever a decir a los catalanistas que el Honorable está desnudo. Y que, al igual que Cervantes o Santa Teresa de Jesús, Dios no es catalán (vale, admitamos que tampoco español).

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