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Santiago Navajas

Los pobres andaluces votan a Vox

Permítanme que les muestre desde dentro de Andalucía por qué se está produciendo este trasvase de voto 'desposeído' de la izquierda a la derecha.

Permítanme que les muestre desde dentro de Andalucía por qué se está produciendo este trasvase de voto 'desposeído' de la izquierda a la derecha.
Macarena Olona, en un acto de campaña. | Rafael Madero / Europa Press

Los pobres andaluces votan a Vox. No lo digo yo, sino una encuesta de 40dB para El País. El partido de Macarena Olona es la primera opción para los que han tenido que endeudarse, por delante del PSOE y la suma de los grupos de extrema izquierda.

Permítanme que les muestre desde dentro de Andalucía por qué se está produciendo este trasvase de voto obrero y campesino, proletario, de la izquierda a la derecha.

En el concierto de flamenco que tuvo lugar en el Sacromonte de Granada este sábado, A Palos, se evidenció el fracaso de la izquierda en Andalucía. Desde febrero hasta ahora se ha estado conmemorando en el auditorio municipal La Chumbera el concurso de cante jondo que organizaron Manuel de Falla y Federico García Lorca en 1922. El programa, en el que han participado jóvenes promesas, muchas ya encumbradas –como Amparo Heredia, la Repompilla–, ha mostrado la vitalidad de lo más profundo, auténtico y artístico del ser español junto a la tauromaquia.

También lo más miserable. La izquierda tiene una tradición de apropiación de lo artístico para reducirlo al activismo y la propaganda. Lo llaman "lo personal es político" y consiste en adulterar, manipular y, lo que es peor, aburrir al espectador con sus soflamas de pacotilla, sus consignas de sobrecillo de azúcar y su postureo hipermoralista. También lo denominan "concienciación". Tiene su exponente más famoso en el Guernica de Picasso, aunque el genio del pintor malagueño consigue –eso sí, a duras penas– que lo artístico en su obra no quede devorado por el mensaje.

En Andalucía lo vimos en el repugnante espectáculo del Gran Teatro Falla de Cádiz adulterando el himno regional para transformarlo en un aquelarre nacionalista y xenófobo contra Macarena Olona. Y se ha vuelto a repetir en la Chumbera de Granada con una formación flamenca de extrema izquierda que ha convertido el escenario en una celebración del clasismo y el desprecio hacia los andaluces que no piensan como ellos.

A Palos es un proyecto flamenco formado por el escritor Antonio Manuel, el cantaor José Mari Cala y el guitarrista Carlos Llave que busca "aunar reivindicación social y vanguardia en el flamenco". En cuanto a lo estrictamente flamenco, nada que objetar, al revés, acompañados por un batería que introduce elementos de novedad rock en un arte siempre dado a la fusión, y más en un escenario que se ha redenominado en honor de Enrique Morente. En cuanto a la reivindicación social, tampoco. El flamenco ha tenido desde sus orígenes una dimensión de queja y reclamación, de denuncia y reivindicación.

El problema es cuando se reducen los temas tratados, de la inmigración a la violencia pasando por el paro, a una serie de clichés envueltos en demagogia y sazonados por un discurso que combina lo cursi con el odio. El esquema maniqueo y simplista que vertebra todas las denuncias y reivindicaciones es que los ricos son los malos, siendo los ricos la derecha, los empresarios, la Iglesia y, hace falta tener poca vergüenza, los pobres que votan a la derecha.

Malditas sean las leyes, como puñales sin alma, ¡ay, que los ricos afilan y en los pobres siempre se clavan!

Se repite así un mantra que formuló el comunista peronista John Willian Hooke, una de esas mezclas de Stalin y Gardel que proliferan en el Cono Sur americano: "Los pobres que votan a la derecha son como los perros: cuidan de la mansión, pero duermen fuera". Lo que está sucediendo en Andalucía es que los pobres se han cansado de que sus amos socialistas los consideren perros a los que satisfacer tirándoles los huesos de las subvenciones, pan para hoy y hambre para mañana, y el circo de Canal Sur, todo ello envuelto en la papilla adoctrinadora de una educación pública que ha puesto a la región a la cola de España gracias a sistemáticas campañas contra el esfuerzo, la meritocracia y la cultura.

¿Qué ejemplo daba a los estudiantes andaluces una presidenta como Susana Díaz, que tardó diez años en sacarse la carrera de Derecho mientras trepaba por el laberinto de corrupción, chabacanería y debacle intelectual que es el PSOE-A? Mucho de lo que desagrada a la izquierda andaluza de Macarena Olona es esa orgullosa suficiencia con la que muestra su categoría profesional, humillante para todos los que en la izquierda han hecho del nepotismo una forma de vida, sobre todo para las mujeres-cuota socialistas, aupadas por la discriminación feminista. No les ha tocado bailar con la más fea (al contrario, además Olona no sataniza un piropo ni demoniza los requiebros), sino con la más preparada.

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