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Vicente Azpitarte

Tres antiaéreos y un guisante

Integrante de la cara B de la BBC durante toda la temporada, ha podido reivindicarse cuando más lo necesitaba su equipo.

Vicente Azpitarte
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Parece una fábula que pudiera convertirse en un cuento para dormir desde hoy a muchos aficionados blancos que tras tanta pesadilla rojiblanca buscan algo de sosiego, y es que hoy, en el Bernabéu, el Real Madrid compitió con tres antiaéreos y un guisante. Y ganó.

Así fue, finalmente, y tras el globo sonda lanzado el pasado lunes el técnico italiano del Real Madrid optó por alinear a los tres centrales: Ramos, Pepe y Varane. Una opción que dificultó la orfebrería en ataque pero que atrás hizo del equipo blanco una fortaleza inexpugnable. El Atlético de Madrid no llegaba al Bernabéu para construir pero sí para aprovechar cualquier saque de banda o de esquina que le permitiera poner en dificultades a Iker Casillas. Con los tres dentro del área fue imposible rematar un balón a portería.

Ancelotti no mintió: "No cambiaremos el sistema". Efectivamente, en la transformación más extraña que he visto sobre un terreno de juego, Sergio Ramos se vistió de Modric. Es cierto que no provocó la verticalidad del croata en sus acciones, ni bailó con el balón entre rivales, ni retuvo el cuero con el centro de gravedad a la altura de la hierba más alta, pero Sergio cumplió en el medio del campo, escorado a la derecha, en el páramo de Modric.

Pero faltaba el acto final, la aparición estelar de un garbanzo en escena, el chícharo, Javier Hernández, Chicharito. Integrante de la cara B de la BBC durante toda la temporada, ha podido reivindicarse cuando más lo necesitaba su equipo. Tras años de solidaridad desde el banquillo en el Teatro de los Sueños de Manchester, el delantero cedido al Real Madrid derrochó todo lo que tenía dentro. Fue el mejor jugador del Real Madrid y obtuvo lo que un árbitro de tenis calificaría como gol, semis y la gloria.

Chicharito se ha ganado un hueco, ha hecho buena su cesión corriendo como uno más de la cantera, y ahora Ancelotti tendrá que confiar más en él.

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