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Noticias de Cuba: Castro, Jruschov y Kennedy

El viernes 14 de junio, José Ramón Fernández, vicepresidente del gobierno cubano, anunció que su país va a convocar una conferencia internacional para “analizar respetuosamente las causas y los motivos de la crisis de los misiles de 1962”. Quizás inviten a Serguéi Jruschov, hijo del que fue mandatario soviético Nikita Jruschov. El que fue ingeniero en la Unión Soviética y se dedicó a la construcción de misiles nucleares, es ahora ciudadano estadounidense y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Brown. Cuando el semanario alemán Der Spiegel le preguntó sobre “La Crisis de Octubre”, el hijo de Nikita Jruschov aseguró que en otoño de 1962 “estuvimos cerca del fin del mundo”. Muy poco faltó para que el odio y la locura de Fidel Castro llevaran a la muerte a millones de cubanos. A continuación reproducimos varios fragmentos de la larguísima entrevista.

Pregunta.- Su padre instaló misiles nucleares de alcance medio en Cuba, y con ello desencadenó una nueva crisis que puso al mundo al borde de una guerra nuclear. ¿Cuándo tuvo conocimiento por primera vez del plan de despliegue de misiles en Cuba?
Respuesta.- En mayo de 1962. Mi padre había regresado de una visita oficial a Bulgaria. Fuimos a dar un paseo. Se sabía que Estados Unidos se preparaba para invadir Cuba y derrocar a Fidel Castro. Le pregunté a mi padre cómo pensaba defender a Cuba. Entonces me contestó que llevarían armas nucleares a la isla.

P.- ¿Y creyó su razonamiento?
R.- Todavía lo creo.

P.- Sin embargo, no se trataba de la protección de Cuba. Su padre pretendía desplegar misiles en secreto. Después se conocieron sus planes y comenzó la negociación con los estadounidenses con un nuevo medio de coacción en sus manos. ¿También se negoció sobre Alemania Occidental?
R.- Ese es el punto de vista Occidental, pero está equivocado. Los estadounidenses nos llevaban una ventaja enorme. ¿Qué iban a cambiar un par de decenas de misiles en Cuba? Además, no se ejerció ninguna presión sobre el tema de Berlín. No, mi padre sólo buscaba intimidar a los estadounidenses y evitar que atacasen Cuba.

P.- ¿Por qué era la isla tan importante para él?
R.- No era lo más importante para él. Fidel Castro fue el primero en acercarse paulatinamente a la Unión Soviética. Aún no sé –de hecho se lo pregunté a mi padre– por qué no firmamos ningún pacto de defensa. Él me contestó: “Cuba está muy lejos de nuestro país y muy cerca de Estados Unidos. Es demasiado peligroso”.

P.- ¿Y por qué cambió de opinión?
R.- Después de que Castro afirmase ser nuestro aliado, mi padre no tuvo más opciones. Era el líder de una potencia mundial y, si no defendía a sus aliados, podía sufrir graves consecuencias.

P.- Parece que Castro le cazó.
R.-Se puede decir así. Compare ahora la situación con la de Berlín occidental. Para los estadounidenses, ese lugar carecía de importancia estratégica; entonces ¿por qué a pesar de todo querían defenderlo? Pues por la credibilidad que ganaban ante sus aliados. Para nosotros, Cuba no era importante, pero cuando uno es líder de una potencia mundial, no se puede huir de ciertas responsabilidades.

P.- ¿Lo veía de ese modo en aquella época?
R.- Sí, yo era un halcón. Trabaja en la construcción de misiles nucleares y también formaba parte del complejo militar e industrial. Debido a mis conocimientos en misiles, mi padre siempre me comentaba todos sus movimientos, aunque sólo tuviese 27 años.

P.- ¿Realmente pensó alguna vez que los estadounidenses aceptarían los misiles?
R.- Sí, lo pensábamos, aunque estábamos equivocados. Los europeos estábamos acostumbrados a vivir bajo la amenaza nuclear. Por eso mi padre pensó que todo funcionaría como el despliegue de misiles en la RDA. ¿Acaso se desató el pánico en la República Federal? No, hubo muchos debates y se escribieron muchos titulares al respecto, pero los alemanes occidentales siguieron bebiendo sus cervezas y no se lanzaron a vaciar las estanterías de los supermercados como locos.

P.- ¿Y los estadounidenses?
R.- Siempre se han sentido protegidos por el océano. Nunca les habían lanzado un ataque: ni los canadienses, ni los mexicanos, ni lo esquimales. Exceptuando Pearl Harbor, claro. Por eso los estadounidenses no piensan como los alemanes o los rusos. Sólo porque se sintieron un poco vulnerables pensaron que los atacaríamos. Mi padre no había contado con esa mentalidad estadounidense. Digamos que es un ejemplo típico de cómo nos hacemos ideas equivocadas sobre el bando contrario al basarnos en nuestras propias experiencias.

P.- El presidente estadounidense John F. Kennedy decretó entonces un bloqueo contra Cuba y exigió la retirada de los misiles.
R.- Para nosotros fue un alivio. Aquello implicaba negociación. Junto a los misiles nucleares de medio alcance, disponíamos de docenas de armas nucleares listas par el combate en Cuba.

P.- Y los estadounidenses no lo sabían.
R.- En caso de un ataque a Cuba, nuestras tropas habrían usado esas armas para defenderse. Seguramente el ejército de invasión estadounidense habría tenido que lamentar más de 100.000 víctimas y Kennedy se habría visto obligado a pulsar el botón rojo. Durante la crisis de Cuba, estuvimos cerca del fin del mundo.

P.- Por suerte, su padre cedió y retiró los misiles. ¿Una derrota?
R.- En la versión estadounidense, Kennedy trató a Jruschov con mano de hierro y éste se marchó con el rabo entre las piernas. Pero no fue ninguna derrota. Mi padre consiguió su objetivo: los estadounidenses no atacaron Cuba.

P.- Los estadounidenses afirman que nunca tuvieron la intención de atacar Cuba directamente.
R.- Después del alunizaje estadounidense, también nosotros dijimos que nunca habíamos querido viajar a la Luna. Por supuesto que los estadounidenses habrían atacado, quizá no en 1962, pero sí en 1963 o en 1964.

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