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Alarmismo económico

Las cosas no están tan negras en absoluto como dicen los críticos. La mayoría de los problemas económicos de hoy están provocados por políticas impulsadas desde la Casa Blanca y el Congreso.

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Hay una cita de H. L. Mencken que plasma la esencia de la actualidad política: "El objetivo absoluto de los políticos pragmáticos es mantener alarmada a la población, y por tanto impaciente por ser conducida a la seguridad, amenazándola con una serie incesante de monstruos, todos ellos imaginarios."

Los medios de comunicación, los "expertos" economistas y ambos candidatos presidenciales están haciendo del catastrofismo económico el rasgo clave de sus mensajes de campaña. Para los políticos y sus compañeros de viaje, mantener alarmada a la población es una estrategia encaminada a lograr un control mayor sobre nuestras vidas. Es muy importante que el senador John McCain le leyera la cartilla a su asesor económico, el ex senador Phil Gramm, por decir que Estados Unidos "se ha convertido en una nación de quejicas" y por describir la situación de declive actual como "una recesión mental". Si el senador Gramm hubiera añadido que económicamente los estadounidenses de hoy están en mejor situación que en ningún momento de nuestra historia, podría haber sido despedido de golpe. Veámoslo.

En el número de julio/agosto de 2008 del The American, el doctor W. Michael Cox y Richard Alm, del Banco de la Reserva Federal de Dallas, firman un artículo titulado "¿Qué tal nos va?". Los salarios y los ingresos son utilizados con frecuencia para medir el progreso, pero Cox y Alm afirman que una medida mejor es el consumo. Por ejemplo, mientras los precios de la gasolina se han disparado, el trabajador medio tiene que trabajar alrededor de dos horas para ganar suficiente para comprar 10 galones. En 1935 eran seis horas y en 1950, más de diez horas. Una cesta de comestibles que costaba de adquirir cuatro horas de trabajo en 1950, ahora lleva 1,7 horas. Las horas de trabajo anuales han caído de 1903 horas en 1950 hasta 1531 hoy. El salario total real –salario mas prestación adicional, ajustados ambos a la inflación– lleva generaciones subiendo de manera constante. Las compensaciones que no son en metálico han crecido en porcentaje sobre nuestros ingresos, viciando de esa manera los datos estadísticos sobre incremento salarial.

Los estadounidenses de hoy día están más sanos que nunca. En 1950, la esperanza de vida era de 67 años en comparación con los 78 de hoy. El índice de mortalidad debido a enfermedades que en su momento equivalían a una sentencia de muerte se ha desplomado de manera drástica. Con los avances en medicina y tecnología médica estamos recibiendo una atención sanitaria mejor que nunca. De hecho, este incremento de la calidad explica en parte el aumento de costes en la atención médica. Si bien estos costes de la sanidad se reducirían significativamente si hubiera más competencia y menos intervención pública y menos contribuyentes forzosos. Cox y Alm afirman que la competencia funciona, pero a causa de los contribuyentes forzosos, los consumidores tienen pocos incentivos para comparar precios. Señalan que, por ejemplo, el precio de la cirugía ocular asistida con láser, un procedimiento que raramente es cubierto por los seguros, se ha desplomado en la última década porque los consumidores comparan precios y llevan sus casos a los cirujanos que ofrecen la atención más segura al precio más bajo.

Convendría recordar lo que en el último año en el cargo del Presidente Carter se llamó "índice de miseria," definido como la suma de los índices de inflación y desempleo, y que rondaba el 22% (la inflación rondaba el 14% de media el desempleo se encontraba en el 7,5%). La inflación de hoy acaba de alcanzar el 5%, tras haberse situado entre el 1% y el 3% durante una década, y el desempleo se encuentra en el 6,1%. Cox y Alm afirman que los problemas de hoy "se convertirán en simples notas a pie de página en el camino a más largo plazo del progreso." Añaden que, "desde 1982, Estados Unidos se ha encontrado en recesión apenas 16 meses, al margen del actual declive" y que "desde ese mismo año, el país casi ha duplicado su producción de bienes y servicios, ajustada a la inflación, y ha creado empleos para 50 millones de nuevos trabajadores".

Las cosas no están en absoluto tan negras como dicen los críticos. La mayoría de los problemas económicos de hoy (ya sean el precio de la energía, la sanidad, los problemas financieros, el déficit presupuestario o la deuda pública) están provocados por políticas impulsadas desde la Casa Blanca y el Congreso. Como sugería en una columna reciente mi colega el doctor Thomas Sowell, "si no se recurre al pirómano para apagar los incendios que él ha provocado, tampoco deberíamos recurrir al Congreso para solucionar los problemas que ha creado".

© Creators Syndicate, inc.

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